Ricardo Hepp

Ricardo Hepp

Representante del lector

Opinión

Las fuerzas oscuras…


Las noticias falsas que nos hostigan a diario desde las redes sociales intoxican todo el proceso informativo y amenazan a la prensa libre. Intoxicar, en su tercera acepción en el diccionario académico, significa “dar un exceso de información manipulada con el objeto de crear un estado de opinión propicio a ciertos fines”. El lector Carlos A. Villa Salas escribe: “leo a diario artículos y comentarios sobre posverdad, noticias falsas e incluso ‘bulos’, pero pasa el tiempo y siguen en la red. ¿Cómo identificarlas? y ¿cómo combatirlas?”.
Un bulo, término de uso frecuente en España, no es otra cosa que una mentira propalada por la red con algún objetivo. Pero, más allá de cómo se denominen, las noticias falsas son un tema muy serio. ¿Cómo identificarlas y combatirlas? Días atrás, el director del diario español “El País”, Antonio Caño, reivindicó “el periodismo de calidad, honesto, riguroso y respetuoso con las reglas profesionales” como herramienta eficaz para hacerles frente. Subrayó que las mentiras y engaños están llevando al mundo de las noticias al caos, pero -también- están revalorizando el papel de la prensa tradicional como referente fiable para informarse. El periodismo de calidad ofrece confianza a sus lectores.
Caño alertó que, al ritmo actual, se calcula que en un plazo de dos años (en 2020) el 50% de las noticias que circularán por las redes sociales serán falsas. Sostuvo que éstas no solo podrían envenenar al periodismo sino también a la democracia: “si dejamos que fuerzas oscuras impongan sus mentiras a los ciudadanos indefensos, abriremos un camino seguro al autoritarismo”.

Del pozo a la piscina
El lector Pedro Pablo Urra señala que en La Tercera se publicó una información titulada “Salud realizó solo 60 fiscalizaciones en 2017 a piscinas en la capital”. Y, luego subtitula: “Cifra representa el 3,5% del total de las piletas que existen en la región, entre públicas y de uso restringido (…)”. En el texto que sigue, los redactores emplearon indistintamente los términos piscina y pileta. El lector concluye: “A mi modo de ver, creo que una piscina es algo muy distinto a lo que entendemos por pileta. Para evitar confusiones los autores podrían haber usado una de estas dos palabras, piscina o pileta, pero no las dos”.
Algunos términos han variado su significado en el tiempo. La palabra piscina viene del latín “piscis” (pez) y antiguamente se utilizaba para designar pozos para peces de agua dulce o salada. En algunos países, particularmente en México, también se emplea el término alberca, que el español acogió del árabe clásico “birkah”. Y, en Argentina, se usa pileta de natación o simplemente pileta.
En Chile es más común la denominación piscina, aunque también hay quienes emplean pileta (en particular para referirse a piscinas de menor profundidad que hay en parques y plazas con fines ornamentales) y también alberca. Como sea, aunque siempre pensando en los lectores, es conveniente no atiborrar el texto de sinónimos. Piscina era suficiente.
Y, de manera coloquial, en nuestro medio usamos la expresión “lanzarse a la piscina” cuando acometemos una empresa sin pensarlo mucho ni ponderar las consecuencias. En una sola palabra, significa arriesgarse.

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