El Contribuyente

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Opinión

El Lexus sigue penando

Foto: Agencia Uno.

Mientras ella apenas consigue un par de párrafos en la prensa para destacar sus “cuatro años muy productivos”, su hijo acapara los noticieros y chorrea titulares con el anuncio de formalización por estafa.
Es el karma que le acompaña, la sombra que le pesa. Años de carrera política, pasando del ninguneo de sus pares hasta las peregrinaciones a Nueva York, torpedeados en la línea de flotación por su propia criatura.
Leí a unos “expertos” afirmando que ya no le hace daño, que la opinión pública tiene todo internalizado y que, por lo tanto, podría continuar con la estrategia del legado sin mayor contratiempo.
Puede ser, pero no me convence. El Lexus descapotable, la reunión con Luksic, las amistades con operadores de distintos colores políticos, los millones de millones cobrados al hijo del señor Agrosuper, etc. Una ensalada demasiado incoherente con los mensajes de igualdad, fraternidad y oportunidades para todos.
Por cierto, nada impide que ella siga con la defensa del legado ni que, a falta de ofertas en el extranjero, permanezca por estos lados haciendo la parodia del político semi retirado, de ese que solo está para los grandes acontecimientos y para recordarnos cuestiones obvias, como la importancia de cuidar el tono del lenguaje, no caer en descalificaciones personales y tener siempre por delante a los más desposeídos.
Tampoco impide que la desesperación por el poder (y por las peguitas del sector público) se refleje en la rápida conformación del grupo de viudos y viudas de su administración, nuevamente con peregrinaciones constantes a La Reina y la previsible lucha por formar parte del “núcleo de confianza”.
Pero el desafío no se limita a proteger las reformas de las garras conservadoras del piñerismo. Más complejo será compartir tribuna con los chicos listos de Giorgio y disputarles la representatividad de los sectores que sueñan con esos idílicos “derechos sociales”.
Y es ahí donde la incoherencia vuelve a entrar en escena de la mano del joven del Lexus, con su sombrerito, sus aros y esa aparente incapacidad de controlar su apetito por una vida que combine lujos con poca pega.

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