Ricardo Hepp

Ricardo Hepp

Representante del lector

Opinión

Los actores fantasmas


Tras intensa campaña de agentes editoriales y organizaciones afrofrancesas, que reunió más de 20 mil firmas, el Ministerio de la Cultura de Francia acaba de suprimir la voz “nègre litteraire” (negros literarios) por considerarla inapropiada para los tiempos que corren. Se refiere a escritores profesionales a quienes se contrata para escribir por cuenta de, o bajo el nombre de un tercero, autobiografías, cuentos o artículos, entre otros textos. En español sigue existiendo “negro literario”, aunque la locución “autor fantasma” (del inglés “ghostwriter”) se ha impuesto ahora en el medio. Los franceses, al menos, tendrán que suavizar la expresión “nègre litteraire” por “prête-plume”, que significa “pluma lista” en su traducción más literal.

El tema lo plantea el lector Jorge Luis Mena, que indica que “sería bueno que el diccionario de la lengua evite alusiones que pueden resultar ofensivas o que tengan connotaciones racistas, sexistas o discriminatorias”. De hecho -señala-, “la expresión ‘negro literario’, que ha salido en los diarios, es claramente despectiva”.

La Academia de la Lengua Española (RAE) introdujo a fines de 2017 más de 3 mil 300 modificaciones a la última edición del diccionario (de 2014). Se trata de palabras nuevas (adiciones de artículos), definiciones (adiciones de acepciones), matizaciones en las definiciones (enmiendas de acepción de forma compleja) y supresiones de vocablos que ya no se utilizan. El diccionario académico está hoy en línea y disponible para consultas gratuitas en la red.

Pero, claro, los cambios no siempre son del agrado de todos los hispanohablantes. Algunos piensan que la RAE abre excesivamente sus puertas, que acoge muchos anglicismos, y que no está cuidando el lenguaje, que es la tarea que le corresponde. En respuesta a esta queja, el escritor Arturo Pérez-Reverte (autor de la saga del capitán Alatriste) y académico de la lengua española, ha dicho que ellos se limitan a ser “notarios de cómo hablamos, no policías”.

A menudo surgen reticencias frente a los cambios. Hubo protestas cuando cambió el nombre de la “i griega” por “yé”, cuando se dejó a “solo” y a los demostrativos sin tilde, o cuando la “che” y la “elle” dejaron de formar parte del abecedario.

La RAE hizo algunas modificaciones a la definición de gitano, que ahora señala en su quinta acepción la palabra “trapacero”, que significa “(persona) que con astucias, falsedades y mentiras procura engañar a alguien en un asunto”. Hoy, esta acepción lleva una marca de uso que indica que “se utiliza con intención despectiva o discriminatoria”. Este cambio es el resultado de una presión de varios años del “colectivo gitano” para eliminar esta definición que consideraba peyorativa para la etnia.

¿Cómo cambiar una palabra o definición, o cómo incluir una marca de uso en el diccionario? Primero se le solicita a la Academia de la Lengua, que luego decide si la modificación es atendible o no. Así ocurrió con la expresión “sexo débil”, que ya se vio en este espacio, que tras larga campaña de opinión, consiguió que -aunque no desaparecer del diccionario- la inclusión de una marca de uso que aclara que se trata de una expresión despectiva o discriminatoria para las mujeres.

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