Gonzalo Cordero

Gonzalo Cordero

Abogado

Opinión

Más bananeros


El desarrollo de los países no es solo su progreso material sino también la calidad de sus instituciones, el grado de seguridad jurídica que protege a las personas y la fortaleza de su cuerpo social. Por ello, en una suerte de línea, se ubican en un extremo los llamados países bananeros y en el otro algunos pocos con tradición anglo sajona o germánica, en que hay riqueza, un efectivo gobierno de la ley y en que las relaciones entre los particulares se rigen por el valor del respeto recíproco. Pocos días atrás conocimos el caso de un ministro del gobierno inglés que presentó la renuncia a su cargo por haber cometido la falta -para él inaceptable- de llegar dos minutos atrasado a la sesión del Parlamento en que debía responder consultas de la oposición.

En estos mismos días, en cambio, los chilenos hemos vivido un par de episodios que, a mi modesto entender, nos acercan más al extremo de las republiquetas y nos hacen mirar desde una distancia inalcanzable a esas sociedades más desarrolladas. La disputa del Ministerio Público con Carabineros es incomprensible y aterradora para el ciudadano común. Incomprensible, porque pareciera que no existe ley que regule las competencias de cada uno, la autoridad de unos respecto de los otros y, lo más importante, la atribución de responsabilidades por las infracciones que se cometen. Solo por dar un ejemplo, Carabineros impidió por la fuerza un allanamiento en una de sus unidades; la lógica indica que hay dos opciones: la orden era ilegal o lo fue la resistencia a cumplirla. En uno u otro caso debió hacerse efectiva de inmediato la responsabilidad que afirma y salvaguarda la autoridad de la ley, que es la que verdaderamente importa, pero eso no ocurrió, según trascendidos de prensa apenas hubo gestiones oficiosas -a la chilena podríamos decir- para solucionar el impase.

El otro episodio, un grupo de parlamentarios de la UDI anuncia que pedirá al Presidente Piñera que plebiscite la restauración de la pena de muerte. Hay muchos ángulos para comentar el punto, pero me quiero detener en uno: el uso de los plebiscitos. Usar el plebiscito como mecanismo legislativo es el mejor camino al populismo y a la destrucción del sistema democrático mismo. Por eso nuestra constitución, en una norma que Jaime Guzmán defendía con fuerza, lo contempla para resolver conflictos institucionales entre el Congreso y el Presidente de la República.

Los países tienen normas y respetarlas es la única manera civilizada de resolver los conflictos y de ejercer el poder. El desarrollo es una combinación de riqueza material y gobierno de la ley en que, como dijo el campesino prusiano al gobernante que lo amenazaba, el ciudadano nada tiene que temer “porque hay jueces en Berlín”. Qué lejos hemos estado estas semanas del desarrollo que anhelamos.

#Tags


Seguir leyendo