Tomás von Bischoffshausen Gariazzo

Tomás von Bischoffshausen Gariazzo

Consultor, Cientista Político con foco en la planificación y comunicación estratégica de políticas públicas. Ex asesor del Mineduc

Opinión

Más fácil hablar de los pocos municipios que no quieren entrar en el sistema

Fachada Municipalidad de Santiago.

Lamentable es una palabra recurrente en el debate educativo de la política chilena. El gobierno pasado, no sin problemas, creo un sistema, en el papel, con las instituciones, incentivos, roles y funciones que se pensaban óptimos para promover la mejora escolar: La Nueva Educación Pública.

El sistema contempla cambios en las facultades directivas; potencia el trabajo en red de los distintos actores escolares de manera de contagiar las buenas prácticas; promueve la mejora escolar mediante equipos técnico-pedagógicos que acompañan a las escuelas y liceos en sus procesos de mejoramiento educativo; establece metas claras y responsabilidades para los directores de las escuelas y los directores de los nuevos Servicios Locales de Educación, y crea la actual Dirección de Educación Pública en el ministerio a cargo de diseñar política educativa de vanguardia, liderada hoy por Rodrigo Egaña, entre otras cosas. Es decir, un cambio en el modelo de gestión que mueve a los actores del sistema hacia la mejora continua.

La Nueva Educación Pública se proyectaba como una política de Estado, un compromiso transversal para que el sistema educacional público contase con los recursos e incentivos necesarios para mejorar; se presentaba como el comienzo de una serie de cambios organizacionales que tomarán lugar por las próximas décadas al interior de las comunidades educativas. O al menos eso se pretendía.

Pero al parecer faltó una institución, lo que en Finlandia se llama National Board of Education, un grupo de actores de gobierno, oposición, el mundo educacional y el mundo empresarial -transversal- que genera la estrategia educativa país, la política de Estado Educacional, que es lo que hoy hace -o debería hacer- la Nueva Dirección de Educación Pública, que lamentablemente, pero previsiblemente, se encuentra atrincherada y compuesta por profesionales de la antigua administración, que con justa razón defienden con uñas y dientes lo creado, mientras que desde el nuevo gobierno, también con justa razón, esperan que pasen los meses para cambiar a Egaña, y no hablan con él ¿Quién pierde? el país. Meses de sueldos, no bajos, y de capacidades instaladas para efectivamente mejorar la educación pública que no se están usando. Urge una institución transversal que diseñe la estratégica de la Educación Pública, y urge también concursos públicos de Alta Dirección Pública para contar con funcionarios públicos de carrera, altamente experimentados, que lideren el futuro educacional del país. La Dirección de Educación Pública no puede dar espacio a ningún funcionario que no haya sido aceptado por criterios técnicos de alto estándar, el país lo merece.

Ahora bien, más allá de estas definiciones macro, se echa de menos la discusión en torno a cómo dar carne a lo que la Nueva Mayoría dejó en el papel, que no es poco, pero no suficiente: el diseño de los convenios de gestión del sistema educacional, los cuales permiten una rendición de cuentas que mueve al sistema hacia la mejora continua;  la estandarización de condiciones básicas para operar en términos de infraestructura, mobiliario y programas educativos (un piso mínimo); el acoplamiento de los instrumentos de gestión, estos deben pasar por el Proyecto Educativo Institucional, el Plan de Mejoramiento de las escuelas, el Plan Anual Local, el Convenio de Desempeño del Director del Servicio Local, y el Plan Nacional de Educación Pública a ocho años.

Todos estos instrumentos debiesen estar construidos bajo la forma de un marco lógico que permita que se acoplen teniendo presentes sus respectivos objetivos, estrategias, actividades, metas e indicadores. A su vez, estos convenios deben estar en sintonía con los instrumentos de medición del Plan SAC, los cuales por supuesto, pueden y deberán estar sujetos a revisión.

Por supuesto que el problema de la educación escolar no acaba con las recomendaciones anteriormente descritas. En la actualidad los establecimientos no tienen gas, luz, están enrejados a más no poder, no cuentan con áreas verdes, los alumnos traen problemas sociales desde sus casas que les impiden concentrarse, los docentes no tienen la formación necesaria para tratar con esos alumnos, los alumnos llegan a la escuela mal nutridos, etc. Nueva Educación Pública no viene a solucionar todos esos problemas por arte de magia.

Solo en la medida en que la ley se materialice en instituciones con profesionales de carne y hueso capaces de diagnosticar y planificar un plan de acción para mejorar los establecimientos públicos del país, es que las niñas, niños y adolescentes de Chile podrán ser el día de mañana los dueños de su propio futuro. Estas ideas no son en lo absoluto la solución, pero sí pide a gritos, poner el debate público en lo importante. Un poco de respeto por la ciudadanía.

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