Tomás von Bischoffshausen Gariazzo

Tomás von Bischoffshausen Gariazzo

Consultor, Cientista Político con foco en la planificación y comunicación estratégica de políticas públicas. Ex asesor del Mineduc

Opinión

Mincyt: vincular la ciencia con la sociedad


Cuando hablamos de ciencia, pensamos en dudar, en desafiar el estado actual de las cosas, en buscar explicaciones a fenómenos sociales, naturales y físicos. Algunos piensan en el progreso, entendiendo éste en forma lineal, es decir avanzando hacia el óptimo o hacia la verdad. Pensamos en científicos o intelectuales encerrados hablando de cosas alejadas del diario vivir de los ciudadanos, cosas que sin duda valoramos, pero que en su mayoría no entendemos. Pensamos en biólogos, físicos, químicos y matemáticos.

Cuando hablamos de tecnología, en general, la ciencia se hace más tangible, obviamos la tecnología conceptual (como los modelos explicativos) y pensamos directamente en herramientas; pensamos más en ingenieros. Así, la ciencia se acerca un poco más a la vida diaria de las personas. Aparecen objetos como celulares inteligentes, aviones, autos, scanners médicos, generadores de energía, softwares, hardwares y cosas de ese estilo.

En cambio, cuando hablamos de innovación, pensamos directamente en la relación entre la ciencia, la tecnología y la economía. Innovación es una palabra que tendemos a asociar más con el mundo empresarial, con el emprendimiento, con las pymes y las grandes empresas, con una forma de hacer cosas. Sentimos que tendrá un impacto más inmediato y directo sobre nuestras vidas. Impactos positivos o negativos, sobre todo en términos de empleo o bienestar. Una innovación puede implicar quitarle un trabajo a muchas personas, como también puede significar abrir espacios de trabajo donde no existían; una innovación puede implicar poder hablar por whatsapp con alguien al otro lado del mundo, como estar esclavizado en el celular, sin posibilidad de no contestar.

Ciencia, tecnología e innovación son conceptos difíciles de separar en torno a sus atributos. Lo que sí es claro, es que lamentablemente, pocas personas están teniendo acceso a la riqueza de la consciencia de que la ciencia está más cerca de nosotros de lo que creemos.

Y es que cuando hablamos de estas tres variables, estamos hablando de formación de capital humano, de promoción de investigación, de políticas de crecimiento económico, del mercado del trabajo; conceptos más bien académicos que alejan a la ciudadanía del debate, cuando en la práctica, estamos hablando de los elementos que, en complemento a la formación valórica, son los pilares de la sociedad actual, y en donde todos tienen algo que decir.

Cuando hablamos de planificar la investigación científica, el desarrollo tecnológico y fomentar la innovación, tenemos que hablar de modelos pedagógicos y condiciones en  la educación pre escolar, escolar y superior (de los conocimientos y habilidades de nuestro/as estudiantes); de los criterios para asignar becas de educación superior (qué programas de especialización financiar en razón de qué especialistas necesita el país); de los criterios para asignar fondos de investigación (qué investigaciones financiar -foco en la producción y/o intelectualidad); del lugar que queremos que ocupen los profesionales que van a formarse al extranjero a su vuelta (¿en el Estado, en las escuelas públicas, en las Universidades Públicas?); es hablar del rol de las empresas privadas nacionales e internacionales y su relación con el Estado; es hablar de la viabilidad de carreras universitarias que no están agregando valor (de los cesantes ilustrados); es hablar de los criterios para acreditar programas universitarios; de dar relevancia a la agenda de productividad, innovación y crecimiento (fijando sectores estratégicos de desarrollo);  es hablar de este tipo de cosas y mucho más.

La creación de un Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación nos obliga a parar y reflexionar sobre estos y muchos más temas, pero no desde la contingencia, con medidas insuficientes, como históricamente ha ocurrido en Chile, sino desde la formación de una institucionalidad que de políticas de Estado al país -sostenibles en el tiempo-, sin descuidar claro, las demandas que surgen continuamente desde la sociedad en razón de su natural transformación valórica y económica. Se trata de una institución clave que permite avanzar mirando el largo plazo, con una hoja de ruta flexible, que al mismo tiempo incorpora en el trayecto, las demandas ciudadanas, dándoles viabilidad técnica y articulación entre los distintos actores de la sociedad. Lo anterior es un desafío gigantesco que no solo requiere de inteligencia y  diálogo, sino por sobre todo, probidad.

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