Giovanni Agostinis

Giovanni Agostinis

Instituto de Ciencia Política UC

Opinión

Mitos y verdades en la crisis de Unasur


Esta columna fue escrita junto a Stefano Palestini, departamento de Ciencias Sociales y políticas de la Universidad Libre de Berlín.

La reciente suspensión de la participación de Unasur por parte de seis países miembros, incluido Chile, ha gatillado reacciones polarizadas en la prensa sudamericana. Mientras algunos califican la salida como un golpe de gracia necesario para terminar con una organización “chavista” e inefectiva, para otros este escenario constituye un complot en contra de la integración por parte de gobiernos de derecha. El debate planteado en estos términos, en blanco y negro, amenaza con impedir una discusión necesaria y pragmática sobre el futuro de Unasur. En lo que sigue intentamos distinguir mitos de verdades, sacando a la luz aquellos temas que consideramos centrales a la hora de orientar el debate en las próximas semanas.

  1. Unasur es una organización bolivariana

Esta afirmación, aunque ampliamente difundida, es falsa. La idea de un proyecto de integración sudamericano fue promovida originariamente por el presidente brasileño F.H. Cardoso en la Primera Cumbre de Presidentes Sudamericanos el año 2000, desembocando en la creación de una organización internacional con personalidad jurídica en 2008 bajo el liderazgo de Lula da Silva y su canciller Celso Amorim. Por lo tanto, Unasur debe entenderse como el resultado de un proceso de coordinación regional que se ha desarrollado en el trancurso de una década con el consentimiento y la participación de los 12 gobiernos de la región. Más importante aún, durante sus diez primeros años de existencia, en Unasur han convivido gobiernos bolivarianos, de centro-izquierda, y de centro-derecha, participando activamente en iniciativas de cooperación en un amplio espectro de políticas públicas desarrolladas en los distintos consejos sectoriales de Unasur.

  1. Unasur es inefectiva

Unasur tiene dos mandatos principales. La coordinación de políticas públicas a nivel regional, y la concertación política. Respecto al primer mandato, Unasur ha generado importantes bienes públicos regionales en algunas áreas de política (cooperación en defensa, integración de la infraestructura vial, coordinación de posiciones comunes en materia de salud pública en el marco multilateral de la OMS, misiones electorales en más de 20 elecciones locales y nacionales). En otras áreas, la organización no ha podido sacar las iniciativas del papel. Respecto a la coordinación política, Unasur jugó un rol importante como mediador en las crisis políticas domésticas que afectaron al presidente Morales en 2008 y al presidente Correa en 2010, así como en la tensión fronteriza entre Ecuador y Colombia desatada por una incursión militar colombiana contra la guerrilla de las FARC en territorio ecuatoriano.

  1. Unasur ha fracasado en la crisis venezolana

Unasur fue el principal mediador en la crisis venezolana a partir de la elección de Maduro en 2013. Desde entonces y hasta 2017, la organización propició una serie de iniciativas de mediación diplomática que, sin embargo, no consiguieron establecer un acuerdo entre el gobierno y la oposición. Otros instrumentos multilaterales –tales como la OEA, las sanciones aplicadas por la Unión Europea, las sanciones unilaterales aplicadas por Estados Unidos, y el llamado Grupo de Lima– tampoco han tenido un mejor desempeño en el manejo de la crisis. Una conclusión posible es que todos los mecanismos multilaterales son inefectivos; una conclusión quizás más atinada es que la crisis que enfrenta Venezuela es extremadamente compleja de resolver, pues combina la crisis terminal del sistema político y el desmoronamiento del modelo económico del país, afectando la establidad de los países vecinos. Si se acepta la segunda conclusión, entonces más (y no menos) multilateralismo parece ser el camino a seguir para facilitar la resolución de la crisis venezolana y fortalecer la democracia en la región.

  1. Unasur tiene un diseño ineficiente que la hace proclive a la parálisis institucional

Unasur fue diseñada por los gobiernos como una organización intergubernamental basada en el consenso como mecanismo de toma de decisiones. Esto implica que la minoría goza de un enorme poder al usar su poder de veto para bloquear decisiones y paralizar la organización. Esto ha sucedido cada vez que Unasur tiene que elegir a un Secretario General. En la actual crisis, Venezuela ha vetado al candidato argentino sin proponer un candidato alternativo, lo cual representa una respuesta diplomática agresiva a las presiones ejercidas por los gobiernos de Argentina, Brasil, Chile y Perú contra el gobierno de Maduro. La regla del consenso explica también por qué la cláusula democrática de Unasur (establecida en el año 2010) no ha sido aplicada en contra de Venezuela. En la próxima reunión de cancilleres, los gobiernos podrían reformar el mecanismo decisional e introducir un sistema de votos mayoritarios que permita destrabar la toma de decisiones en aspectos claves, como sucede por ejemplo en la OEA o en la Unión Europea.

En definitiva, el debate político y la deliberación entre los cancilleres deberían centrarse en cómo hacer de Unasur una organización más efectiva, y no en como abortar un proyecto de multilateralismo que le ha dado sentido político –y no solo geográfico– a la región de Sudamérica. No se debe olvidar que, al fin y al cabo, las organizaciones internacionales son lo que sus Estados miembros hacen con ellas.

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