Rodrigo Guendelman

Rodrigo Guendelman

Opinión

Ojo con Chillán

CHILLAN, ÑUBLE, 19 de agosto 2017 Imagenes tematicas de Chillan y Ñuble, que hoy pasa de ser provincia a transformarse en una nueva region de Chile. FOTO: AGENCIA GRADUAL / AGENCIA UNO

¿Qué te dice la palabra Chillán cuando la escuchas? ¿Las mejores longanizas? ¿Mucho calor en verano? ¿Ese lugar que está entre Santiago y Temuco? Es raro lo que pasa con la capital de la nueva Región de Ñuble. Está llena de tesoros patrimoniales y, sin embargo, tiene malas relaciones públicas. En pocas palabras, salvo por algunos entendidos en arquitectura y unos pocos chillanejos, esta interesantísima ciudad ha sido poco estratégica para mostrar su riqueza cultural a Chile y al mundo.

Escribo de Chillán por dos razones. Este fin de semana habrá mucha gente moviéndose entre el centro y el sur del país porque comienzan o terminan las vacaciones. O sea, una perfecta oportunidad para hacer escala en el lugar donde nació Claudio Arrau, Bernardo O’Higgins y Ramón Vinay. Pero, especialmente, porque hace unos días se realizó el foro ciudadano de arte, arquitectura y ciudad, “Chillán: Paisaje Moderno/Territorios en transformación”, un evento que reunió a la comunidad local con artistas, arquitectos e intelectuales internacionales para, justamente, revalorizar el patrimonio del corazón de la décimo sexta región.

Fíjense en las locaciones elegidas para el encuentro. La inauguración fue en el Teatro Municipal, edificio que tuvo que esperar 77 años para que en 2016 se concluyeran sus obras y en el cual caben 1.200 personas. Obra de los arquitectos Ricardo Müller (Estadio Nacional) y Enrique Cooper, es una de las tantas construcciones de arquitectura moderna que caracterizan a Chillán. La Escuela de México fue otra sede. Allí están dos de los murales más importantes de Chile, que pertenecen a los mexicanos Xavier Guerrero y David Alfaro Siqueiros. Inaugurados en 1942, son considerados Monumento Nacional. Una cosa es leerlo, pero otra es verlo. El mural de Siqueiros es sublime. Mide 249 metros cuadrados, se llama “Muerte al Invasor” y pertenece a uno de los artistas más importantes de la historia de México.

Vamos a otra locación: el edificio Copelec. Mejor que lo describa Plataforma Arquitectura. “Después del terremoto que destruyó Chillán, comenzó una larga etapa de reconstrucción durante la cual la arquitectura moderna inundó la ciudad. El edificio de la Cooperativa Eléctrica de Chillán (Copelec) es considerado como una de las obras más importantes de la época. El edifico fue diseñado por la oficina de Juan Borchers en 1962. Declarado Monumento Histórico en 2007, esta obra se basa en los planteamientos modernistas de Le Corbusier, pero incluye un aporte original gracias al análisis crítico por parte de los arquitectos, resultando en una obra icónica de la arquitectura moderna chilena”. ¿Quedó claro?

Dejemos ahora el encuentro de la semana pasada y hablemos de otros lugares. Como la catedral. ¡Qué impresionante obra! Por lejos, una de las iglesias más hermosas y originales de Chile. Desde el mural de mosaico de 16 metros en la fachada, obra de Alejandro Rubio Dalmati; hasta los 11 arcos parabólicos que sostienen la enorme bóveda, todo lo que se ve en esta joya arquitectónica es para quedar boquiabierto. Movámonos un par de kilómetros al Campus Fernando May de la Universidad del Bío-Bío. Allí está el Museo de Marta Colvin, gigante de la escultura, donde se pueden ver más obras de esta artista que en todo el resto del país. Otro par de kilómetros y nos encontramos con el mural en homenaje a Bernardo O’Higgins, una maravilla de la artista María Martner y de su hermano, el arquitecto Carlos Martner. Mide 60 metros de largo por seis de ancho y, créanme, emociona ver ese trabajo en piedra. Hay más. En la Asociación Chilena de Seguridad está “Matrimonio huaso”, mural de 4,5 x 3,15 metros del gran Mario Carreño. Cualquiera puede verlo porque se ubica en la zona de atención de público. Y cómo dejar fuera el espectacular “Cuerpo de Bomberos”, obra de Ricardo Müller junto al húngaro Tibor Weiner, miembro de la Bauhaus, que escapó a Chile y revolucionó la arquitectura.

Me quedo corto. Hay mucho más por nombrar. Chillán es un tesoro por descubrir. ¡Vaya a recorrerlo!

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