Opinión

Proyecto Dominga


 

SEÑOR DIRECTOR
Para muchos la institucionalidad funciona en la medida que les favorece.
Los grupos progresistas mantienen la cordura y conservan la elegancia hasta que su ego se ve amenazado o, más bien, hasta que su negocio se ve amenazado. Porque los principales opositores al proyecto Dominga son empresarios turísticos (de diversas escalas), que viven de la venta de una imagen prístina del territorio. Territorio que, por lo demás, nunca ha sido prístino, toda vez que los mismos operadores lo contaminan con sus motores fuera de borda (ruidos y lubricantes), construcciones invasivas en el borde costero que violan la línea de más alta marea, sistemas de pesca con explosivos, matanza de lobos marinos por romper sus redes, extinción de recursos como el choro zapato, la lapa, la macha, entre otros.
Es decir, predican, pero no practican. Pero alegan como si representaran a toda una población comunal, cuando su representación no pasa de ser un gremio en particular o un grupo de profesionales jóvenes cuyos intereses no están ni en lo social ni en la solidaridad, sino en el negocio particular. Grupos que, además, no dijeron nada cuando se aprobó el proyecto minero Cruz Grande, de similares características al de Dominga, pero aun más cercano a la Reserva Pingüino de Humboldt. ¿Por qué Cruz Grande sí y Dominga no? Habría que preguntarle al ministro Mena o al Tribunal Constitucional; existe un principio fundamental de igualdad ante la ley que las autoridades salientes no acataron.

Daniel Green
Ingeniero forestal y consultor ambiental

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