Rodrigo Benítez

Rodrigo Benítez

Socio Tax & Legal BDO

Opinión

Que quede en Familia


Durante los últimos años en Chile, con la repatriación de capitales y el impuesto sustitutivo del FUT, los patrimonios se han concentrado en personas naturales. Si a lo anterior se añade que hoy está limitada la planificación tributaria agresiva y el uso de seguros de vida con ahorro, ¿cómo implementar entonces la sucesión de una a otra generación?

Un líder de familia o ‘pater familias’ quiere dar continuidad a la empresa, desea perpetuarla luego de su retiro mediante un traspaso ordenado a las nuevas generaciones. Para esto, ¿qué mejor que un family office? Es decir, una organización familiar que dé continuidad a los negocios, mantener las inversiones y establecer un plan coordinado que permita la sucesión de manera armónica, definiendo de antemano los pilares básicos sobre los que se sustenta.

Definido este ‘fin último’ u objetivo, es relevante contar con un protocolo familiar, similar a un pacto de accionistas entre sus miembros. En él, la familia se pone de acuerdo en múltiples aspectos que dicen relación con la fórmula de administración del patrimonio y su repartición, y la convivencia entre las partes. Por ejemplo, define qué sucede si un hijo quiere vender o retirarse, si un hijo se divorcia o hay uno de ellos en condición desmejorada; se preocupa de cómo van a ingresar los nietos o bisnietos al family office; establece quiénes pueden ingresar al directorio o realizar nuevos negocios.

El ‘pater familias’ intentará siempre traspasar en vida la mayor cantidad de patrimonio posible, dada la alta carga impositiva a la herencia. Este traspaso transcurre en varios años. Una forma de optimizar es otorgando préstamos para que puedan adquirir una participación y que vayan pagando dicho préstamo con la misma rentabilidad del patrimonio. En forma complementaria también es usual el traspaso mediante una donación en vida.

Los aumentos de capital en una sociedad no generan impuestos a la renta, pero el préstamo que lo origina está gravado con el impuesto de timbres y estampillas. Si por fallecimiento del ‘pater familias’, el préstamo no se alcanza a pagar en vida, éste pasa a la herencia y se paga impuesto de herencia. Otros impuestos a considerar son el de eventuales donaciones y el gravamen a las ganancias de capital, si el líder de familia dona o vende participación a los hijos.

Si el traspaso completo de la empresa familiar no se logra en vida del líder de familia, aparece la figura del testamento. Éste va evolucionando a medida que se acerca a los años totales en que se planificó la sucesión, perdiendo su importancia si se logra terminar toda la sucesión en vida.

No hay reglas para definir desde cuánto patrimonio es necesario crear un family office, pero sí creo conveniente hacerlo desde montos familiares de US$ 1 millón hacia arriba, donde una buena o mala administración marcará el futuro de hijos o nietos.

En definitiva, ante determinado volumen de patrimonio es necesario establecer una gestión profesional de dichos activos como una sola unidad global, para preservarlo de una generación a otra. La solución está en el family office, ente dinámico, que evoluciona de forma continua y que responde a la voluntad de la familia de gestionar su patrimonio de una forma profesional, separando de buena forma los asuntos personales de los intereses del negocio.

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