María Theresa von Furstenberg

María Theresa von Furstenberg

Directora Diploma en Habilidades Laborales Universidad Andrés Bello

Opinión

El verdadero aporte de la inclusión laboral

Peatones en Santiago. Foto: Andrés Pérez

La Ley N°21.015 de Inclusión Laboral, también llamada “Ley de Cuotas”, tuvo su origen en la moción ingresada el 9 de agosto de 2011 por un grupo transversal de parlamentarios.

La norma, que entró en vigencia en julio de 2017, incentiva la contratación de al menos el 1% de personas en situación de discapacidad o asignatarias de pensión de invalidez de cualquier régimen previsional.

El 1 de abril de este año, la Ley entró en vigencia para empresas con 200 o más trabajadores y da como plazo su cumplimiento hasta abril de 2019 para aquellas empresas con 100 a 199 trabajadores. Estos plazos permitirán a las empresas prepararse para el logro de una cultura inclusiva, lo cual no es una tarea fácil.

La inclusión laboral implica la contratación periódica de personas con discapacidad en condiciones de trabajo decentes, con “libertad, equidad, dignidad y seguridad”, plantea la Organización Internacional del Trabajo (2013).

Cuando una empresa toma la decisión de contratar personas con discapacidad, no solo por cumplir con las demandas legales o porque quiere ser socialmente responsable, sino porque tiene una auténtica convicción de que el desarrollo de una cultura inclusiva en su organización traerá beneficios a corto mediano y largo plazo hay una gran diferencia.

Estas contrataciones no sólo traen asociados beneficios éticos, sino también económicos y profesionales. Las personas en situación de discapacidad contribuyen en la generación de confianza y credibilidad de la empresa, mejora el clima organizacional y la gestión productiva en un mundo cada vez más diverso, entre otros aspectos.

Quienes trabajamos con personas con discapacidad desde el mundo educacional, de salud o laboral sabemos que no es tarea fácil, pero también hemos visto grandes avances en materia de inclusión. Hasta hace algunos años, los que formamos jóvenes con discapacidad para su futura inserción laboral teníamos muchas dificultades para lograr este acceso al trabajo y más aún para que éste fuera estable.

Debíamos hacer un profundo trabajo de concientización, derribar múltiples mitos y prejuicios, hacer la adecuación entre el cargo y las características de nuestros jóvenes, potenciar las competencias y habilidades de nuestros candidatos tratando de minimizar las dificultades que tanto el trabajador como la empresa pudiesen enfrentar.

La visión del mundo laboral ha cambiado radicalmente y con ello su genuino interés en la inclusión. Hoy existen ofertas para nuestros jóvenes en todas las ferias laborales, las empresas se acercan a las instituciones educativas para alinear esfuerzos en este sentido, hay conciencia de que esta inserción laboral debe ser realizada mediante profesionales que manejen el “ empleo con apoyo”, que implica el análisis de los puestos de trabajo, el acompañamiento inicial para el logro de una adecuada adaptación tanto de la persona como del medio que lo rodea, la capacitación de su contexto inmediato y la posterior retirada paulatina de estos apoyos.

Una inserción laboral programada, preparada y monitoreada asegura el éxito y los beneficios para ambos: trabajador y empresa. Aquellas que lo “hacen bien” ya lo tienen muy claro.

Felicitaciones a todos los que apoyaron esta iniciativa, desde los que generaron la moción hasta aquellos que la aprobaron y aquellos que la están poniendo en práctica. Estas iniciativas muestran que ya estamos en vía de ser realmente un país desarrollado.

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