Karen Poniachik

Karen Poniachik

Directora del Centro Global de la Universidad de Columbia

Pulso

El creciente activismo político-social de los CEO

Ivana Trump, hija del Presidente de Estados Unidos Donald Trump, expuso en un foro en Lima, en el marco de la Cumbre de Las Américas. Foto/Martin Mejia) Peru Americas Summit

El “2018 Edelman Trust Barometer“ revela que la credibilidad/confianza en las instituciones continúa cayendo a nivel global, siendo Estados Unidos donde más se ha desplomado. Pero un dato en particular me llamó la atención: Dos tercios de los encuestados cree que los líderes empresariales deben promover el cambio en lugar de esperar que el gobierno lo haga. De hecho, el estudio muestra que la credibilidad de los CEOs aumentó siete puntos, para llegar al 44%, luego de que varios expresaran públicamente sus posturas sobre temas contingentes, incluidos el cambio climático, los derechos de inmigrantes y el respeto a las minorías sexuales.

En un informe de Strategy Group, esta vez enfocado en el mercado estadounidense, a diferencia del de Edelman que cubre 28 países, casi el 80% de los entrevistados postula que los CEOs tienen la responsabilidad de promover cambios sociales. En la misma línea, una investigación de Weber Shandwick reveló que un alto porcentaje de millennials sostiene que este tipo de activismo es factor clave en sus decisiones de compra.

Hasta hace poco, los empresarios hablaban sólo sobre temas atingentes a sus negocios, como impuestos, barreras a la inversión y regulaciones. Las actitudes radicales de Trump y la creciente polarización en EEUU comenzaron a provocar un cambio: En 2017, cien empresas tecnológicas presentaron un escrito ante la justicia buscando revertir la decisión del mandatario de vetar la entrada al país de inmigrantes procedentes de países con mayoría musulmana. Poco después,

Kenneth Frazier de Merck fue el primer CEO en renunciar al Consejo de Manufacturas, que asesoraba al Presidente en materias empresariales, cuándo éste tuvo una actitud equivoca frente a eventos de violencia racial en Charlottesville. A Frazier le siguieron los de GE, Johnson & Johnson, 3M… hasta que al final Trump se vio obligado a disolver el Consejo.

El fenómeno, a pesar de seguir confinado a Estados Unidos, obedece a un aparente cambio de paradigma, según revela una publicación del Harvard Business Review de febrero pasado: “Nuestro rol como CEOs incluye pronunciarnos sobre lo que creemos es correcto… en temas que vayan más allá de los negocios”, dijo Brian Moyinihan de Bank of Americas tras firmar una carta contra una ley anti-minorías sexuales en Carolina de Norte y que ya había sido suscrita por Tim Cook de Apple, entre otros. Dan Schulman de Paypal canceló planes para abrir un centro de operaciones en ese estado, que hubiera creado 400 empleos calificados, por la misma razón.

En palabras de Marc Banioff de Salesforce, uno de los activistas más conspicuos en materias relacionadas con derechos civiles “los CEOs no sólo deben adoptar posturas en favor de sus accionistas sino también de sus empleados, clientes, socios, la comunidad, el medioambiente… todo”.

El activismo de los CEOs es un fenómeno al que hay que estar atento por las consecuencias reputacionales y estratégicas que puede tener tanto para las corporaciones que encabezan como para el sector empresarial en su conjunto. Yo, al menos, lo aplaudo con entusiasmo. Me pregunto si hoy en Chile –con temas como inclusión, diversidad, inmigración, acoso sexual y equidad de género en el tapete– los líderes empresariales locales están preparados y dispuestos a seguir el ejemplo de sus pares de Estados Unidos.

 

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