“Douglas Tompkins era un narcisista”: Susie Buell, exesposa del ecologista, habla por primera vez sobre su relación

Hace casi 30 años se divorció. En ese entonces, dice, no quiso hablar. Pero hoy la motiva una sola razón: defender a su hija, Summer Tompkins, quien reclama a la justicia chilena ser reconocida como legítima heredera de su padre. Aquí, en su primera entrevista, la exesposa de Tompkins desclasifica el “lado oscuro” del conservacionista y la difícil relación con sus dos hijas.


“Si cualquier persona realizara (…) un desafío en cualquier procedimiento legal encaminado a frustrar mis deseos expresados en mi testamento (…) será considerado como si la persona hubiera muerto con anterioridad a la ejecución de mi testamento, sin hijos sobrevivientes”.

El 23 de marzo de 2012, Douglas Tompkins firmó su última voluntad.

Ese mismo año, Kristine McDivitt, su segunda esposa, quedó inscrita como la beneficiaria del ciento por ciento del patrimonio del ecologista. Mientras que sus dos hijas -Summer y Quincey- quedaron fuera del testamento.

Susie Buell, 75 años, empresaria, filántropa, madre de las dos hijas que tuvo con el ecologista en su primer matrimonio, se divorció de él en 1989. Pese a que la separación fue uno de los momentos más difíciles que ha vivido, decidió no hablar. Dice que no quería ni necesitaba hacerlo y que tampoco quería recordar el pasado.

Hoy, desde su casa en California, Estados Unidos, piensa lo contrario.

-Tengo que defender a mi hija y decir lo que pienso. Es inaceptable lo que Douglas les hizo a Summer y a Quincey. Y tú no te metes con la madre y atacas a sus hijos así, como si nada. Él no puede seguir poniéndome reglas. ¿Por qué ahora? ¿Por qué? Porque cuando el padre de tus hijos es capaz de amenazarlos desde la tumba es porque llegaste al límite- dice Susie.

La “amenaza” a la que alude la primera esposa de Tompkins se refiere al testamento del conservacionista. “Last Will and Testament of Douglas R. Tompkins” es el documento en el que se especifica todo el patrimonio del filántropo, contenido en un ciento por ciento en “The Douglas R. Tompkins Revocable Trust”, que fue redactado en inglés y está suscrito por dos testigos con residencia en Argentina. Esas ocho páginas dejaron claro lo que Tompkins había anunciado en tantas ocasiones: sus hijas no se quedarían con nada de su herencia.

-Cualquiera que entienda lo que es una familia sabe que uno no olvida a sus hijos. Douglas no les dejó nada, ni siquiera un recuerdo para que entendieran cómo él se sentía respecto de ellas. No, lo que hizo fue eliminarlas completamente, hacer como si no existieran. Incluso se lo dijo a los periodistas: “No les voy a dejar nada a mis hijas, a ninguna”. Así fue como él, su padre, les restregó su decisión en la cara. Después de eso (en el testamento) dijo que cualquiera que fuese capaz de acercarse a su dinero estaría jodido- dice Susie.

Pero el 22 de octubre de 2017 -dos años después de la muerte del magnate-, Summer Tompkins, su hija menor, de 50 años, comenzó una batalla legal y presentó una demanda en el Juzgado de Letras de Puerto Varas. El objetivo, uno solo: revertir el testamento dejado por Tompkins.

El lado oscuro de Doug

De Tompkins y su infancia se conoce poco. Se sabe que nació en 1943, en Conneaut, en Ohio. Se sabe también que gran parte de su infancia la vivió en Millbrook, Nueva York. Y se sabe que desde joven se interesó por escalar. Nada más.

Aunque los primeros años del ecologista quedaron reducidos a unos pocos hitos públicos, Susie Tompkins explica que esa época marcó para siempre su personalidad.

-Él era un narcisista. Al principio solo me daba cuenta de que Douglas tenía mucha personalidad, mucho ego, pero no entendía de dónde venía todo eso. Con los años entendí la razón: su infancia.

Los primeros años del ecologista, dice su primera esposa, fueron muy difíciles. El padre de Tompkins, explica, era una figura severa: extremadamente crítico e incapaz de reconocer mérito en otros. Especialmente en su hijo, Douglas. “Nunca tuvo el apoyo de su padre”, dice Susie. El filántropo no fue el único que sufrió el juicio de su progenitor, su madre y su hermano John también fueron víctimas. El ambiente en el que creció Tompkins tampoco ayudó. A pesar de que él y su familia vivían en una comunidad de personas acomodadas, la suya no tenía mucho dinero. Los Tompkins simplemente aparentaban.

En 1964, después de conocerse en medio de un bosque en Estados Unidos y casi al mismo tiempo en que se fundó The North Face, Susie se casó con Douglas Tompkins. El ejemplo de su padre estaba intacto en la mente del conservacionista.

-Doug tenía muy mal carácter, era muy intolerante. Siempre se hizo lo que él quería, no había ningún tipo de negociación. Era muy dominante. Para estar con él, para trabajar con él, tenías que estar de acuerdo con él o tenías que ser lo suficientemente inteligente para hacer que él creyera que tus ideas eran sus ideas.

-¿Cómo vivieron su matrimonio? ¿Hubo épocas difíciles?

-Sí, definitivamente, muchas veces fue violento y tuvimos momentos duros. Él era muy dominante y muy mujeriego, sentía que tenía derecho a cualquiera que él quisiera. Para mí era muy difícil mantener mi dignidad y mi autoestima pese a eso. Pero me mantenía ocupada porque (cuando ya habían fundado la marca Esprit) teníamos una oficina en Hong Kong y viajaba mucho. Fue una marca exitosa, aunque él nunca me dio ningún crédito por eso, pero tampoco me lo esperaba. Cuando vives con un narcisista no esperas esos gestos.

-Dijo que su exmarido fue muchas veces violento, ¿en qué sentido? ¿Hubo algún tipo de agresión?

-Hubo episodios en los que él me quiso dominar. Era un abuso de poder, sí. Y algunas veces fue más allá. Pero no quiero profundizar en eso. Obviamente, cualquiera con ese carácter podía pasarse de la raya y ponerse furioso. Pero no soy una víctima, soy una sobreviviente.

A pesar de que el matrimonio se separó en 1989, y que luego vino una batalla legal por el control de Esprit, Susie y Douglas tuvieron dos hijas: Quincey y Summer. Ellas, dice su madre, también sufrieron los malos tratos de Tompkins.

-Lo más doloroso para mí fue ver cómo trataba a nuestros amigos, a nuestros empleados, pero sobre todo a mis hijas. Douglas tenía muchas reglas, y si las rompías era despiadado y cruel- afirma Susie.

Desde pequeñas las niñas se acostumbraron, no sin dificultad, a vivir con las normas impuestas por Tompkins. Según Susie, él no les permitía usar maquillaje, no podían decorar sus piezas, tampoco podían opinar. Y si Douglas les decía que tenían que hacer algo, la orden era imperativa: Summer, contra su voluntad, practicó gimnasia durante cinco años. Todo por complacerlo. Eso marcó la relación entre los dos, afirma Susie.

-¿Por qué Summer siempre buscó la aprobación de su padre?

-Porque Doug era muy carismático con el resto, era una figura importante en la comunidad, era conocido y era su padre. Doug desaprobaba todo lo que Summer hacía y para ella era muy duro, porque trataba de complacerlo de todas las formas posibles. Incluso, cuando eres despreciada de una manera tan horrible por tu padre, tú lo quieres y quieres que él te quiera.

Pero Tompkins criticó cada una de las decisiones de Summer. Incluso, cuando le contó que se casaría con Brooks Walker III, el ecologista se mostró en desacuerdo. “Nunca lo aprobó, nunca lo estimó y eso le dolía a mi hija”, dice Susie. Pese a eso, cada vez que Douglas Tompkins viajaba a California se quedaba en la casa de su hija.

El 8 de diciembre de 2015, Susie recibió una llamada. La ex mujer del ecologista llamó a sus hijas y Summer llegó de inmediato a su casa. Estaba molesta, dolida. Y lloraba. Lo único que siempre quiso, le dijo a Susie, era que su padre la aceptara, pero nunca lo hizo. Nunca lo iba a hacer. Porque ese día, en un accidente en kayak, en el lago General Carrera, en Chile, Douglas Tompkins había muerto.

La demanda

En su testamento, Douglas Tompkins no solo dejó estipulado que su única beneficiaria era su última esposa, Kristine. Además, especificó que todo su patrimonio está contenido, en un ciento por ciento, en “The Douglas R. Tompkins Revocable Trust”.

La última vez que Summer, dice su madre, vio a Tompkins fue un par de años antes de que muriera. El 12 de diciembre de 2015, cuatro días después de la muerte del ecologista, Summer y Quincey viajaron a Chile, al funeral de su padre. Allí se encontraron con Kristine. En la ocasión, dice Susie, Summer le comentó a la esposa de Tompkins cómo se sentía acerca de su padre, pero la relación no avanzó más.

-Douglas Tompkins siempre fue explícito al decir que no les dejaría su dinero como herencia a sus hijas. ¿Por qué Summer lo está demandando?

-En su testamento él desafió a sus dos hijas. Que si se atrevían a ir en contra de su voluntad, sería un desastre para ellas. Y se los dice desde la tumba. Eso es lo que hace un narcisista, porque lo más terrible que le puede pasar a un narcisista es ver qué hacer con sus cosas cuando muere. No se las puede llevar con él, pero aun así quiere mantener el control. Summer se está defendiendo de haber sido despreciada y desconocida por su padre.

-En el testamento también se hace alusión a los “hijos sobrevivientes” de cualquier persona que quiera impugnar el documento. En este caso, los nietos de Tompkins. ¿Ellos tenían relación con su abuelo?

-No realmente. Nunca hubo un gesto con los niños. Ni siquiera fue capaz de hacer un gesto, de regalarles un libro, un juguete.

El término “trust” se refiere a las relaciones jurídicas creadas de acuerdo a normas de derecho extranjero por una persona en calidad de constituyente, mediante la cual los bienes quedan bajo el control de un administrador, en interés de uno o más beneficiarios. De esta manera el magnate organizó su patrimonio. En 1994, Tompkins creó uno en el que él era constituyente, administrador y beneficiario, y que agrupaba sus sociedades tanto en Estados Unidos como en Chile y Argentina.

Pero lo que pase en los próximos meses respecto del testamento, luego de la demanda impuesta por Summer Tompkins, puede cambiar el destino del trust -que es un espejo del patrimonio del ecologista. Especialmente si los abogados de la hija del magnate -Florencio Bernales, del estudio Cariola, Diez, Pérez-Cotapos- demuestran ante el juzgado que el último domicilio del magnate fue Chile. En ese caso, explican los abogados, la sucesión del conservacionista rige por la ley chilena y a Summer le correspondería una cuarta parte de los bienes. En la demanda presentada por Summer Tompkins se lee:

“Como es de público conocimiento, desde el año 1992, y hasta la fecha de su defunción, don Douglas Tompkins vivió en Chile, siendo su último domicilio este país y, específicamente, Klenner N° 299, comuna de Puerto Varas. Así fue declarado por él en diferentes oportunidades”. El abogado de Kristine McDivitt, viuda de Tompkins, plantea que el último domicilio del ecologista nunca estuvo en el país.

-Doug vivía en Chile. Cuando él se fue de Estados Unidos se llevó todo. Toda su colección de arte, sus archivos, sus fotos, sus libros, todo. Él estaba completamente ligado a Chile, no hay ninguna duda.

-¿Por qué Quincey no ha tomado acciones legales contra el testamento de su padre?

-Quincey tiene una manera distinta de enfrentarse a la vida. Ellas son muy diferentes desde niñas y muy diferentes hoy, como mujeres.

-Algunos medios han calificado a Summer como una socialité y que por eso no necesita el dinero de su padre.

-Esto no es por dinero, es por reconocimiento. Y Summer no es una socialité, ella tiene un buen estilo de vida, tiene muchos amigos. Pero no está yendo a fiestas todo el tiempo, como se dice, su vida no es eso. Cuida ella misma a sus tres hijas. Se le dice que es una socialité solo porque le gusta vivir la vida, ¿eso es malo?

-Kristine ha decidido no dar ninguna declaración sobre la demanda.

-Esa es su forma, pero yo estoy defendiendo a mi hija, que ha sido, básicamente, atacada por Kris. No puede afirmar que mi hija es una socialité o cosas por el estilo. Ella ni siquiera conoce a Summer.

Susie Tompkins recuerda que hace 40 o 45 años viajó junto a su, en ese entonces, esposo a Chile. Doug se enamoró del país, dice. Por eso, explica ella, nunca le extrañó lo que hizo y que se concretó en 2015 en la “Ruta de los Parques”, más de 400 mil hectáreas de tierras para crear áreas protegidas.

-Lo que hizo con esos terrenos en la Patagonia es increíble, ese siempre fue su foco. Ese es su logro. Cuando Doug quería algo hacía que ocurriera. No hay ninguna duda de que él era un ecologista, de que él amaba la naturaleza. Pero todo lo que estaba allí, en la naturaleza, era más importante para él que las personas. Él fue un héroe y quería ser un héroe. Él creó una red de parques increíble, ese es su legado. Pero hay un lado oscuro en él que en algún momento lo va a alcanzar y lo está alcanzando después de lo que hizo con su testamento, no reconociendo ni a sus hijas ni a sus nietos. Un héroe no hace eso.

-Pero para la mayoría de las personas la principal característica de Douglas Tompkins era su rol de filántropo, no el “lado oscuro” del que usted habla.

-¿La gente no conoce este lado? No lo sé. Quizás no fueron muchas personas las capaces de cuestionar su comportamiento.

Mientras su hija, Summer Tompkins, está a la espera del avance de la demanda en el Juzgado de Letras de Puerto Varas, desde su casa en California, Susie Buell hace una última reflexión:

-Él alcanzó cosas, construyó parques y fue capaz de acumular dinero. Pero nadie lo recuerda por su bondad, por su amor, por su amabilidad. Tú no piensas en eso. Solo piensas: él hizo esto, construyó esto otro, fue para acá, logró eso. Pero nunca lo apuntan por ser un buen ser humano, por ser bueno, generoso y bondadoso. Nadie lo recuerda por eso.

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