El equipo que arma Larroulet

Fue el último de los ex integrantes del comité político de Piñera en sumarse al nuevo gobierno y el único que no repitió su otrora cargo. Por estos días el ex titular de la Segpres Cristián Larroulet ficha a quienes integrarán el influyente equipo de asesores presidenciales que habitan el segundo piso de La Moneda. Su desafío más importante será construir un sello para dar continuidad a la nueva administración.


Un día antes de que Cristián Larroulet le confirmó al Presidente electo, Sebastián Piñera, el viernes 19 de enero, que aceptaba ser su jefe de asesores del denominado “Segundo Piso”, el ex ministro de la Secretaría General de la Presidencia (Segpres) tuvo una decisiva reunión con Ernesto Ottone.

Por esos días el ex secretario de Estado ya venía conversando con el nuevo Mandatario la posibilidad de incorporarse a su segundo mandato, aunque con serias dudas.

Larroulet quien se desempeñaba como director de Investigación de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad del Desarrollo -cargo al que presentó su renuncia el lunes 22 de enero- ya había manifestado a Piñera su interés en mantenerse en el ámbito universitario y no regresar a la primera línea política. A cambio se había sumado a la búsqueda de los futuros ministros que conformarán el primer gabinete del Presidente electo a partir de marzo, labor que desempeñó junto a sus otrora compañeros del comité político Andrés Chadwick y Cecilia Pérez.

La designación de Gonzalo Blumel como secretario general de la Presidencia, cuando se evaluaba que el ingeniero asumiera como jefe de asesores del Presidente, sin embargo, lo dejó con escaso margen de acción ante Piñera, quien aumentaba la presión para que Larroulet se sumara al gobierno.

Fue entonces que el ex ministro pidió una cita a Ottone, sociólogo cuya designación en la administración de Ricardo Lagos en 2000 dio origen a un nuevo grupo de poder en La Moneda -el de los asesores directos del Presidente- que se ha mantenido hasta hoy.

La larga conversación a solas con Ottone terminó por dar el impulso final a Larroulet y su diseño para la futura administración para el que fichó de inmediato a dos ingenieros de la Universidad Católica que ya habían trabajado con él en la Secretaría General de la Presidencia: Carlos Ríos, de 34 años, y Rafael Ariztía, de 40.

Ríos se había desempeñado como Coordinador de la Unidad Presidencial de Gestión del Cumplimiento en el Ministerio de la Secretaría General de la Presidencia, donde participó de la implementación de uno de los proyectos estrella de Larroulet en la administración pasada: la Delivery Unit, que monitoreaba el avance de los proyectos de ley.

Ariztía, quien antes de 2010 había trabajado con el propio Piñera en Bancard, en tanto, fue el Coordinador Ejecutivo de la Unidad de Modernización y Gobierno del Estado, dependiente también de la Segpres. Desde ahí, desarrolló el programa Chile Atiende.

Ninguno de los dos milita en un partido político y ambos son reconocidos por su capacidad técnica y cercanía con el Presidente Piñera.

En su inicial levantamiento de equipos, Larroulet también contactó al académico de la Universidad Católica y de la Universidad San Sebastián, Alejandro San Francisco. El Doctor en Filosofía también cooperó en el gobierno anterior, como asesor en el Ministerio de Educación y como agregado Cultural en España.

Los miedos de los ministros

El Segundo Piso de Lagos que además de Ottone estaba integrado por Javier Martínez, Carlos Vergara y Guillermo Campero es un modelo que causa simpatías en la nueva administración de Piñera.

Cuando aún no tenía claro que sería convocado como ministro a cargo de la Segpres Blumel leyó “El Segundo Piso: Un ejercicio de memoria” en el que Ottone describe y desclasifica parte de las labores y anécdotas de los asesores que rodean al Mandatario.

Larroulet, en cambio, apostó por ir a la fuente directa.

Quienes conocen a Ottone sostienen que éste suele resumir en tres las claves del éxito de ese pequeño grupo de personeros que -en algún tiempo- adquirió características casi míticas en las sombras del poder.

La primera es que sus integrantes no tienen que tener pretensiones de una carrera política para neutralizar cualquier presión externa, en particular de las directivas de los partidos.

La segunda es alejarse de cualquier tipo de exposición pública y nunca dar una entrevista. Mientras estuvo en La Moneda, Ottone y sus compañeros mantuvieron un estricto silencio acerca de sus labores.

Y la última -y más importante- es evitar generar suspicacias en los ministros, cualesquiera sean éstos, pero particularmente los del área política, y despejar tempranamente la pretensión de un “supraministerio”.

La medida del éxito -le habría señalado Ottone a Larroulet- era conquistar la confianza del Mandatario y hacer que éste escuche sus opiniones.

El jueves 8 y viernes 9 el ex ministro se sumó a jornada de trabajo que Piñera encabezó en su casa del lago Ranco junto a su comité político para abordar temas como la designación de los subsecretarios e intendentes y los primeros meses de su próximo gobierno.

Desde que fue confirmado en su cargo, Larroulet se ha encargado de recalcar- tanto a dirigentes de los partidos de Chile Vamos como a quienes se integran a la nueva administración- que su función será trabajar exclusivamente para el Mandatario. Y en una señal de distensión también se reunió con la ex jefa del segundo piso del primer gobierno de Piñera, María Luisa Brahm, con quien competía en influencia y, en especial, en el monitoreo del avance de los proyectos de ley.

Una contienda de competencias que -se apuesta en el seno del piñerismo- no se repetirá dada la cercanía de Larroulet con el futuro ministro Blumel, otrora subalterno suyo.

De hecho, en esta oportunidad ambas áreas trabajarán en completa coordinación, y hasta es probable que se repitan varios de los abogados o asesores que estuvieron en la administración pasada o que incluso han trabajado juntos en el mundo privado.

Según ha transmitido Larroulet, en su diseño está ser un “usuario privilegiado” del material que alberga la Segpres, principalmente la Dirección de Estudio, cuyo análisis y antecedentes son importantes para el desarrollo de contenidos de la Presidencia.

Esta coordinación es parte de lo que en el equipo de Piñera han llamado el “Centro de Gobierno”, un área neurálgica operada por el Segundo Piso y la Segpres. Este concepto, utilizado en otros países, concentra varias funciones que hasta ahora están diseminadas en distintas áreas del gobierno. Por ejemplo, el “Centro de Gobierno” tendría a su cargo la gestión estratégica, la coordinación del diseño e implementación de políticas, monitoreo y rendición de cuentas. El tema ha sido estudiado por Larroulet y Ríos durante largo tiempo e incluso forma parte del informe de Modernización del Estado que publicó el CEP.

El modelo que Larroulet implementará tiene tres ejes de trabajo: Seguimiento de Políticas Públicas, en manos de Carlos Ríos; Estrategia y Contenidos, liderado por Mauricio Rojas; y la unidad de proyectos presidenciales, que tendrá la misión de sacar adelante aquellas materias que son pilares del proyecto de Piñera como la modernización del Estado, la infancia, salud y seguridad ciudadana.

El área, a cargo de Rafael Ariztía, deberá coordinar a los distintos ministerios en las tareas que le competen a cada uno para que estos avances vean la luz.

Por primera vez, el área de modernización del Estado-que en el primer gobierno estaba radicada en la Segpres- ahora pasará al Segundo Piso. Cercanos al Mandatario aseguran que Piñera quiso dar una relevancia particular a esta área.

Cercanos a Larroulet aseguran que ya se han generado varias reuniones de trabajo y por ahora la prioridad es completar los equipos de trabajo en las tres áreas descritas. A ello se suman los equipos de prensa del Presidente: la dirección de Programación, que estará a cargo de María José Torrealba; el equipo de Avanzada encabezado por Claudio Pontillo y la jefa de gabinete de Piñera, Magdalena Díaz. En total, Larroulet apuesta por un equipo de alrededor de 30 personas.

Otro punto que replicará el ex ministro son las temidas bilaterales de los secretarios de Estado con el Presidente, las cuales ya están agendadas a partir del 15 de febrero en adelante. La estructura, apuntan, será la misma: una persona de la división jurídica de la Segpres, el ministro convocado y sus asesores más cercanos, además de Larroulet y el Presidente Piñera.

Pensar la derecha

Pero una de las tareas más importantes del “Segundo piso” y la que se mantiene en mayor reserva serán los esfuerzos por la construcción de un relato.

Ello explica la incorporación al equipo del ex diputado sueco -de origen chileno- Mauricio Rojas quien será el encargado de dar un matiz mucho más analítico a los colaboradores presidenciales.

El historiador -que por estos días se encuentra en Suecia y regresa a fines de febrero a Chile- deberá preservar que estos cuatro años de gobierno sirvan para perdurar al bloque otro periodo más.

Será Rojas el encargado, además, de escribir los discursos del Mandatario, pero -insisten en el grupo más estrecho de Piñera- su rol más importante será reflexionar respecto a cómo la ciudadanía está recibiendo las políticas públicas del gobierno.

El perfil del ex diputado del Partido Popular Liberal de Suecia es muy parecido al del futuro canciller Roberto Ampuero: Rojas fue en su juventud militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y abandonó Chile tras el Golpe Militar de 1973. En enero de 1974 se exilió en Suecia, país en el que rompió con el marxismo de su juventud y evolucionó hacia el liberalismo. Junto a Ampuero escribió el libro “Diálogo de conversos” en el que ambos meditan sobre su desilusión por los socialismos reales.

A Piñera, Rojas lo conoció en 2005 cuando el entonces candidato presidencial de la Alianza por Chile llegó en medio de su campaña hasta Suecia. El historiador era diputado y fue el encargado de recibir al abanderado en su visita al país europeo. Ninguno de los dos sospechaba que ambos construirían un fuerte lazo y que trece años más tarde trabajarían juntos en La Moneda.

Tras una serie de encuentros y luego de escribir dos libros sobre Piñera y su gobierno, Rojas se convirtió en uno de los principales asesores del Presidente electo.

En distintas conversaciones, Rojas le transmitía a Piñera sus impresiones sobre Chile y, a fines del 2016, el historiador ya se asomaba como una figura relevante para el futuro Mandatario e incluso ya se aseguraba que ocuparía un rol clave en el Segundo Piso. “Más que estar en la primera línea, puedo hacer un aporte en la reflexión, la crítica. Tratar de ver por sobre los árboles, ver el bosque, creo que eso tiene un espacio en Chile. Me gusta el rol de persona pensante”, señaló a Reportajes en agosto de 2016.

“Con este Segundo Piso se busca trascender un período de gobierno y para eso de debe elaborar un relato para una derecha a futuro que se instala como competitiva en términos democráticos”, afirma el director del Instituto Libertad, ligado a Renovación Nacional, Aldo Casinnelli.

“La justificación de un Segundo Piso pasa por convertirlo en un núcleo programático que piense una modernización, que marque un nuevo pacto de la centro derecha con la sociedad”, señala -por su parte- el director de la Fundación Jaime Guzmán, vinculada a la UDI, Jorge Jaraquemada.

Rojas y Larroulet se conocen desde la década de los 90, cuando coincidían en seminarios e instancias de debate. Los dos, aseguran en el bloque, estarán ocupados de dar continuidad al gobierno y preocupándose de que no se repita el mismo error del gobierno anterior, cuando la banda presidencial fue entregada a la entonces Nueva Mayoría.

Seguir leyendo