Rafael Garay al final del laberinto: cómo ha sido su vida en la cárcel

En marzo, el ingeniero Rafael Garay, acusado de estafar en más de 1.500 millones de pesos a 36 inversionistas, cumple un año en prisión preventiva. Lejos de los días en que podía llegar a gastar hasta $ 10 millones en un día, hoy Garay limpia los baños del anexo Capitán Yáber por 50 mil pesos mensuales. Y mientras prepara un libro, sus meses sin alcohol -dicen en los informes sicológicos- lo han hecho tomar conciencia del daño causado.

Fue un día de esos en que Rafael Garay parecía estar en la cima de todo. El ingeniero comercial que quiso ser senador, que se transformó en rostro de la economía en tevé y que, con esa fama de su lado, comenzó a reclutar clientes para su firma de inversiones, pasó frente a Kaufmann, la distribuidora dedicada exclusivamente a vender Mercedes Benz. No le gustó ninguno.

Y mandó a pedir que le trajeran uno del extranjero.

Ese era el estilo de vida. Un litro de vodka diario, cinco o seis autos de alta gama en el garaje, noches de Platinum en que invitaba whiskies de 50 mil pesos al que le pasara por el lado.

Ese era el gran estilo de vida.

Hoy, Garay está a un mes de cumplir un año en prisión preventiva en el anexo Capitán Yáber de la Cárcel de Alta Seguridad y enfrenta una solicitud de ocho años de prisión efectiva pedida recientemente por la fiscalía. Lo poco que le quedó ha ido para reparar a las 36 víctimas, a quienes adeuda entre mil millones de pesos, según su defensa, y $ 1.500 millones, según la parte querellante.

Su única relación con el dinero son los 50 mil pesos mensuales que gana limpiando los baños del pequeño centro de reclusión. Esa es su única fuente de ingresos hoy.

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Daniel Celis es el quinto abogado de Garay desde que retornó a Chile en marzo del año pasado, extraditado desde Rumania. Al llegar fue representado por la Defensoría Penal Pública, la que intentó oponerse a que fuera extraditado. Una vez en Chile, fue defendido por el abogado Reynerio García de la Pastora, quien lo acompañó durante su formalización y las dos declaraciones que prestó ante el Ministerio Público. La relación terminó en agosto pasado y, luego, por cerca de tres semanas, fue defendido por el abogado Carlos Hidalgo. Luego volvió a ser representado por defensores públicos, hasta que llegó a Celis en noviembre del año pasado.

El encuentro entre los dos hombres se vio auspiciado por una práctica que hasta hace un tiempo era común en la Capitán Yáber. En la hora de visitas todos estaban en un espacio común: reos, visitas, abogados. Celis iba al anexo a juntarse con Miguel Cumsille, quien estaba ahí por una presunta participación en una red de salas de apuestas ilegales en Santiago, y comenzó a hablar con Garay sobre boxeo. Así establecieron un vínculo. Celis practicaba el deporte y Garay llevaba una vida dedicada a las artes marciales. “Después le empecé a preguntar sobre su situación penal y le hice un par de averiguaciones”, recuerda Celis. “Cuando salió Miguel, me pidió que lo representara. Sacar a alguien puede ser la mejor carta de referencia”, explica.

Ese encuentro hoy sería imposible. Hoy, en la Capitán Yáber los imputados deben bajar a una sala donde se encuentran con su abogado a solas. El alcaide del penal cambió la logística de las visitas luego de que uno de los reos, que tenía varios familiares abogados, pasara reunido con ellos por varias horas en la sala común para las visitas. Aun así, Celis cree que “cuando uno se dedica al tema penal, la mejor recomendación es la que da otro preso”.

La relación entre Cumsille y Garay fue más allá del abogado en común y llegó a tal grado de cercanía, que cuando el ingeniero salió de la cárcel para cumplir prisión preventiva en diciembre pasado, Cumsille le ofreció trabajo asesorándolo en posibles negocios e inversiones. El vínculo no se concretó, porque dependía de que Garay estuviera fuera de la cárcel y no alcanzó a completar 10 días con arresto domiciliario, teniendo que volver a prisión preventiva en el penal el 20 de diciembre pasado.

Cercanos dicen que fue tanta la presión que cayó sobre Cumsille, que a propósito de su relación con Garay se le empezó a tratar en algunos medio como ‘el zar del juego’, lo que lo hizo replantearse la posibilidad de ofrecerle trabajo. Aun así, dicen desde su círculo, Garay tiene opciones laborales si es que sale libre luego del juicio oral que terminaría a fines de abril, según los cálculos de su defensa.

Garay pasó sus días de arresto domiciliario en un edificio en calle Lord Cochrane, casi esquina con 10 de Julio, en Santiago Centro. Ahí, en el piso 10, vive su actual pareja, la enfermera del Hospital Calvo Mackenna, Antonella Torelli, con quien tiene un hijo de 10 meses. De esos días, recuerdan en la portería que a Garay se le vio entrar cuando llegó y salir nueve días después con rumbo a una comisaría antes de volver a Yáber. Solo los vecinos del piso 10 estaban conscientes de la presencia del ingeniero por la constante guardia de Carabineros afuera del departamento. Salvo la prensa apostada en la vereda, no se interrumpió mayormente la vida de la comunidad. “En este edificio viven unas dos mil personas”, dice el encargado. “Y de esas 2.000 personas, 1.500 son venezolanos que no saben quién es Rafael Garay”, cuenta.

En los nueve días que Garay pasó encerrado en el edificio se veía el auto del abogado Celis entrar al edificio. También llegaron ex imputados de la Capitán Yáber y amigos del kudo, la rama del arte marcial que Garay practicó por años. No hay constancia de que hayan llegado sus familiares de Concepción: su madre, Nieves, y su hermana, Soledad.

El día en que Garay volvió a la cárcel a cumplir prisión preventiva, el fiscal del caso, José Morales, sostuvo: “La fiscalía sostiene que hay un peligro de fuga que es claro y preciso a propósito de que el imputado el año pasado se escapó del país y solamente pudo ser traído por un proceso de extradición, por lo tanto, en ese sentido estamos conformes y lo que vamos a proceder en las próximas semanas es acusar al imputado para llevarlo a un eventual juicio oral”.

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Aparte de limpiar los baños de Capitán Yáber, los días de Garay en el recinto transcurren pateando una pelota en el patio o caminando ahí mismo. Los que lo visitan dicen que fuma mucho y que está más delgado. El anexo tiene capacidad para 15 reos y hoy está ocupado por 13 hombres. Para quienes lo ven es evidente que lo está pasando mal, pero esos mismos cercanos también aseguran que a Garay le han hecho ofrecimientos para escribir un libro. Parte de su tiempo en Yáber lo dedica justamente a eso. Está la secreta esperanza de que los derechos de su historia se vendan para una película, una suerte de versión latina de El Lobo de Wall Street, algo que también esperan desde la parte querellante, y así poder recuperar algo de los cientos de millones que quedaron sin retornar.

Es en el tema del dinero a devolver donde hay grandes diferencias entre los estimados de la defensa de Garay y los abogados querellantes en representación de las víctimas. Según Daniel Celis, el abogado de Garay, el monto que debe partió en $ 1.800 millones y ahora está en cerca de $ 1.200 millones. “Y podría bajar a cerca de mil millones de pesos, incluso a 800, porque muchos querellantes no señalaban los dineros que recibieron en algún momento de vuelta. Algunos tampoco han dado cuenta de los retiros que hicieron en el intertanto. Eso está todo registrado”, afirma.

Para Rodrigo Bravo, abogado de 15 de las 32 víctimas que han presentado querellas contra el ingeniero, Garay llegó a tener cerca de $2.500 millones en su poder. “Entre los depósitos y lo que devolvió a cierta gente que alcanzó a recuperar todo quedó una deuda de $1.750 millones”, asegura Bravo. “Pero la querella va por poco más de $1.500 millones. Ocurre que de las 37 víctimas hay cinco que por diversas razones prefieren dar su dinero por perdido y no involucrarse en el tema legal”, dice.

Los restantes 32 apuestan a recuperar parte del dinero, aunque eso se ve improbable. Garay hasta ahora ha depositado cinco millones y medio que han ido para un fondo de reparación de víctimas, divididos en un depósito de cuatro millones y otro de un millón y medio. Prácticamente todos sus bienes han sido liquidados. El departamento en el que Garay hacía operar su oficina en Bellavista fue rematado por no pago de los dividendos el año pasado. Ese era el último bien de valor que le quedaba. Como la propiedad fue comprada con crédito hipotecario, la primera parte del dinero fue para el banco. La diferencia a favor -aún no se sabe cuánto- iría para el fondo para las víctimas.

La defensa espera recaudar algunos millones más vendiendo obras de arte que Garay compró antes de irse a Europa. Éste habría hecho depósitos a un galerista por cerca de $37 millones para comprar esas obras. Esos trabajos, que están incautados, también se venderán y el dinero se sumaría al fondo para los afectados.

Rodrigo Bravo, uno de los abogados querellantes, dice que esas obras no tienen mayor valor: “Entiendo que Garay efectivamente pagó $ 34 millones por ellas, pero fueron encargos de cuadros al artista Arturo Duclos”, dice. “Y lo que encargó fueron retratos de él mismo en diferentes posiciones de kudo, usando el estilo de las pinturas de Marilyn Monroe de Andy Warhol. La plata se gastó, pero, ¿quién va a querer un retrato de Garay en su living?”.

Donde Bravo y sus clientes sí tienen puestas ciertas esperanzas es encontrar parte de los $ 273 millones obtenidos por la venta de los autos de lujo a una concesionaria antes de partir a Europa, en septiembre de 2016. Solo entre junio y agosto de ese año, Garay transó un Jaguar y cuatro Mercedes Benz. “Creemos que ese dinero puede estar en algún lado”, dice Bravo. “Quizás no en su totalidad, pero parte de eso tiene que estar guardado. En la medida en que haya intención de reparar, algunos de mis clientes, no todos, se abrirían a la posibilidad de negociar una pena en libertad”.

En ese sentido, otras de las víctimas apuntan a que Garay cumpla pena efectiva en una cárcel. Los representados por el ex fiscal nacional Sabas Chahuán, el conductor de Chilevisión y ex amigo de Garay, Iván Núñez; su señora, Marlene de la Fuente, y Elías Azar, dueño de lavanderías, estarían en esa posición.

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Poco queda de la antigua vida de Rafael Garay. Ya no hay rastros de Marya Sara Runcan, la mujer rumana con la que Garay se quedó en Europa y a la que habría conocido en un torneo de kudo en Tailandia. Cercanos a Garay dicen que nunca más supo de ella.

A Rumania habría viajado con los últimos 50 mil euros que le quedaban. La idea era quitarse la vida antes de que todo explotara, según uno de sus cercanos. Era un hombre que podía gastar $ 10 millones diarios y que se quedó con prácticamente nada. “Ese era el final del camino, hasta ahí llegaba su vida, pero nunca va a admitir que no fue capaz”, dice un cercano. La idea era morir antes de que la inventada enfermedad terminal se lo comiera. Para eso eran las 50 ampollas de insulina que llevó con él.

En su núcleo está presente la sensación de que Garay está privado de libertad aún por ser quién es. Y citan el caso de Miguel Aliaga, de Continental FX, quien estuvo en prisión preventiva por cuatro meses por una suma de estafa piramidal casi cinco veces mayor a la de Garay: $ 7 mil millones. “Si Rafael está preso es por la prensa y porque se fue a Europa. Si se viene de inmediato de Rumania no pasa ningún día preso”, dicen uno de sus cercanos.

A pesar de que el fiscal José Morales pidió ocho años de prisión efectiva para Garay, su defensa apuesta que en el juicio oral, que durará cerca de un mes y donde se presentarán 500 documentos para leer y cerca de 60 testigos a declarar, que se considere como atenuante su irreprochable conducta. Eso bajaría la sentencia a cinco años y un día, lo que sigue significando cumplir una pena de prisión efectiva. Si la corte considera agregar otra atenuante, que es la colaboración con la investigación y la intención de reparación, Garay podría cumplir su pena en libertad.

Por eso, Celis espera una sentencia de entre tres y cuatro años y un día. Y agrega: “Con eso es muy difícil que cumpla condena efectiva, tendría que condenarlo la opinión pública”.

La contraparte, Rodrigo Bravo, dice que aunque los meses de prisión preventiva que ha cumplido Garay y las penas que ha pedido la fiscalía puedan parecer altas, el caso representa justamente un precedente en la justicia. “Se les tiene que empezar a tomar el peso a los delitos económicos y me parece que en el caso de Garay la justicia ha ido en la dirección correcta”, afirma.

Por mientras, Garay sigue pendiente de los mercados. A una de sus visitas le habló de los bitcoin cuando los precios estaban bajos a fines del año pasado. Luego, el precio del bitcoin se disparó en un mes. “La próxima vez que tenga una idea lo voy a escuchar”, dice ese cercano. Garay también piensa en ideas de franquicias para cuando quede libre.

Hoy, sin embargo, el valor del bitcoin se desplomó.

El cura Rafael Ramírez visita Capitán Yáber una vez a la semana. Dice que se junta con un grupo de entre cinco y seis reos a quienes presta apoyo y asesoría espiritual. Rafael Garay no es uno de ellos. “Pero es muy deferente, siempre me saluda de forma amable cuando nos topamos”, dice Ramírez.

Sus días de visita son los martes, jueves y domingos. Hasta Capitán Yáber llegan principalmente sus amigos del kudo, su pareja, Antonella Torelli, a quien recuperó cuando volvió a Chile el año pasado y sobre quien había sido particularmente duro en una supuesta carta enviada a una amiga contando su verdad desde Rumania a fines de 2016 y que forma parte de la carpeta investigativa. En la carta, Garay niega haber estado en una relación de cinco años, dice que solo habían estado cuatro meses, empezando en marzo de 2016, y que “omitió que le dejé $ 31 millones entre efectivo y transferencias bancarias, $ 35 millones en obras en arte y $ 5 millones en muebles y electrodomésticos nuevos y solicitados por ella. Es decir, se presenta como desamparada y abandonada, pero omitiendo que tiene $ 71 millones en su poder”.

Hoy, Torelli va a Capitán Yáber en compañía del hijo en común que tienen con Garay. “Rafael está bien si está bien con Antonella”, dicen cercanos. Su hermana Soledad también lo visitaría desde Concepción, aunque del vínculo que Garay siga sosteniendo con su madre Nieves se sabe poco.

En su último informe psicológico, de diciembre del año pasado, se marcó lo siguiente: “Presenta una estructura limítrofe, capacidad intelectual normal, se mueve en un plano más bien teórico, por lo tanto, con una inclinación hacia el razonamiento de tipo abstracto (…). Presenta indicadores de seguridad intelectual. Detrás de la grandiosidad se percibe inseguridad. El consumo de alcohol genera la desinhibición de impulsos internos, facilitando conductas de riesgo. Hay una tendencia a la frustración, por lo que tiende a evitar la confrontación con la realidad que lo vulnera. Sin consumo de alcohol resolverá los conflictos internos. Manifiesta una conciencia reparatoria, pero en consumo de alcohol no será capaz de percibir el daño. Esto se puede agudizar por su estructura limítrofe y trastorno narcisista. Tiende a estabilizar sus emociones desde lo intelectual; su contacto afectivo en cuanto a sus actos y consecuencias es adecuado. Solo presentará problemas si está en consumo de alcohol”.

El informe también añade que a Garay le falta empatía y anticipación a las consecuencias de sus actos, que su pensamiento fantasioso lo hizo pensar que con un golpe de suerte recuperaría el dinero perdido. Y sigue: “La empatía con las víctimas es solo en medida que interrumpe su consumo de alcohol. Presenta un proyecto vital complementado con un pensamiento reparatorio hacia las víctimas. Su experiencia carcelaria le ha generado una conciencia sobre el daño. La eficacia de una pena alternativa depende de si Garay mantiene un tratamiento psiquiátrico, que le permita mantener su consumo de alcohol interrumpido y manejar sus trastornos de personalidad narcisista y conductas limítrofes”.

El informe, que puede sonar duro, fue pedido por la misma defensa. La conclusión final: se recomienda libertad vigilada intensiva.

Ya lejos del alcohol, de su comportamiento limítrofe, de sus compras compulsivas que lo podían llevar a adquirir 20 ternos de marca en un solo día, cuando en Capitán Yáber le preguntan por su escape a Rumania, por su cáncer fingido, por los millones que se evaporaron, Garay se limita a responder: “La cagué”.

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