El guión secreto de Scicluna y Bertomeu en Chile

Foto: AgenciaUno.

Luego de su primera visita, en febrero, Charles Scicluna y Jordi Bertomeu se han convertido en los hombres de confianza del Papa. Francisco sabe que lo que haga en Chile marcará su papado. Aunque esta vez la misión se centrará en Osorno, lo que pase en Santiago puede detonar una nueva crisis en la Iglesia chilena.


Estaban a 12.557 km de Roma y a 930 km de Santiago, su primera parada. Pero el acto era el mismo. El lugar estaba lleno. A los feligreses a favor del obispo y a los que estaban en contra solo los separaba el largo pasillo de la Catedral San Mateo de Osorno. El mismo lugar donde desde marzo de 2015 se habían realizado protestas y velatones.
Y el mismo hombre que los había separado, ahora los unía: Juan Barros.

No se escucharon ni gritos ni caos. Solo un coro de voces que rezaba al unísono el Padre Nuestro.

Al terminar, el sacerdote que celebraba la misa, luego de una interrupción, dio la señal. Era el momento de mayor tensión. El arzobispo de Malta, Charles Scicluna, lo sabía; el sacerdote español, Jordi Bertomeu, también.
-Démonos fraternalmente el saludo de la paz.

Hubo cinco segundos de silencio. Los dos grupos de feligreses se giraron hacia el pasillo y cientos de pares de ojos se miraron profundamente, con las pupilas dilatadas. Y cruzaron hacia lado y lado. Laicos enemistados por años se pedían la mano, algunos incluso se saludaban de beso. Los más tímidos rehuían la mirada, a los indecisos les temblaban las manos. Una comunidad completa se unía y se daba, por fin, la paz.

Era el final del conflicto. O la imagen que Scicluna y Bertomeu planean como el clímax de su visita en el sur para el próximo domingo 17. Porque a tres años de la discordia que enemistó a una ciudad completa luego del nombramiento de Barros como obispo, esa imagen, ese rito, ese final, no existe.

La paz aún no llega a Osorno.

La segunda misión

En el Vaticano hace semanas que se comentaba lo obvio. Que el sacerdote Jordi Bertomeu, después de cumplir un rol central durante la misión Scicluna, seguía trabajando en el caso chileno. Algunos se atrevieron a asegurar que su dedicación era exclusiva. Por eso, cuando a fines de mayo se anunció que Francisco enviaría a Chile nuevamente al español, la noticia pareció evidente.

“Con el fin de avanzar en el proceso de reparación y sanación de las víctimas de abusos, en los próximos días partirán de nuevo a Chile monseñor Charles Scicluna y el reverendo Jordi Bertomeu, esta vez en misión a la Diócesis de Osorno”, se leyó en el comunicado del Vaticano el 31 de mayo.

La sorpresa era Scicluna.

Nunca se planeó que el arzobispo de Malta volviese, pero según fuentes vaticanas, la segunda misión del maltés en Chile va mucho más allá de lo que se indicó en el anuncio: hay que lograr la conciliación en Osorno. Para eso, el rol de Scicluna es clave.

Aunque el “promotor de justicia” de la Congregación para la Doctrina de la Fe ha estado a cargo de más de tres mil investigaciones canónicas contra sacerdotes, esta tarea ha sido calificada como una de las más importantes que ha tenido. Y una de las más difíciles.

Esta vez lo que está en juego es la imagen de Francisco. Richard Raho, profesor estadounidense de Teología y entendido en los temas del Vaticano, explica que el momento es decisivo.

-No solo en Chile, sino a nivel mundial. Francisco ha hecho de la misericordia el sello distintivo de su papado y ha cambiado el tono a uno de encuentro, pero la vara es alta. Si el Papa no toma acciones decisivas para proteger a los más vulnerables, todo lo que pueda hacer después será puesto en duda.

Osorno: el arma de doble filo

Mañana, directo desde Roma, Scicluna y Bertomeu viajarán a Chile. Llegarán el martes y de inmediato comenzarán la visita que se extenderá por ocho días: durante el martes 12, miércoles 13, lunes 18 y martes 19 permanecerán en Santiago, mientras que entre los días jueves 14 y domingo 17 estarán en Osorno. Lo que ocurra en el sur es crítico y decisivo. Sin embargo, fuentes eclesiásticas afirman que a dos días de que el arzobispo de Malta y el sacerdote español lleguen a Chile, el calendario de actividades aún no está definido.

Lo que sí se sabe es que las opciones del primer paso son dos. La primera sería simplemente comenzar a conciliar pronto, a través de entrevistas y reuniones, una resolución del conflicto. La segunda opción es mucho más radical: Scicluna y Bertomeu traerían una carta del Papa. La carta en la que Francisco haría oficial la aceptación de la renuncia de Juan Barros.

-Si Scicluna no trae la renuncia de Barros, la misión va a ser un fracaso –dice un conocedor del tema.

Peter Kliegel sería el elegido para coordinar, al menos, una de las actividades: una mesa de diálogo entre los osorninos y el clero. Aunque la designación del sacerdote alemán no es compartida por todos, especialmente porque Kliegel ha cuestionado de manera pública la permanencia de Barros.

Juan Carlos Claret, vocero de los laicos y laicas de Osorno, explica que siempre han estado dispuestos a dialogar, pero que el diálogo no puede estar condicionado.

-Estar disponibles para el diálogo no significa ser ingenuos, y nosotros no aceptamos condiciones más allá de las propias del diálogo. Se dialoga entre iguales no para que se nos imponga una visión y nosotros impongamos otra visión. O sea, si hemos de tener un diálogo, en primer lugar queremos que el Papa nos cuente toda la verdad y contarnos toda la verdad significa, en primer lugar, tener acceso al informe Scicluna. Si no somos nosotros, la justicia, porque aquí hay delitos, no hay simple pecado, y la remoción de un obispo es un acto administrativo, por lo tanto, la renuncia no equivale a justicia.

Sin embargo, el foco de la visita también sería escuchar y pedir perdón.

-La tarea de Scicluna y Bertomeu en Osorno es, primero, escuchar a la gente. El objetivo es ver quiénes podrían ser candidatos a obispos, cuál es el perfil. Pero no se van a demorar cuatro días en escuchar. El Papa, a través de sus emisarios, tiene que pedir perdón –dice un reconocido sacerdote jesuita.

Uno de los episodios que más ruido han causado fue cuando en 2015 Francisco se refirió a la situación de Osorno y calificó a los sureños como tontos y zurdos.

-Al final, el mensaje del Papa es el siguiente: “Metí la pata, pero estoy dispuesto a dialogar”. Y para eso los manda a ellos –dice el jesuita.

Aunque para Claret lo lógico es que la manera de pedir perdón del Papa sea concretando la salida de Juan Barros primero.

A pesar de que ni Scicluna ni Bertomeu aún tendrían claridad de sus actividades en Osorno, sí saben cuál será el clímax de su visita en el sur.

El lugar elegido como punto cúlmine sería la Catedral San Mateo de Osorno. El día: domingo 17 de junio. La actividad: una misa. Ese es, hasta ahora, el cierre esperado. Allí, tanto los laicos en contra de Barros como los fieles que lo apoyan participarían para celebrar el fin del conflicto.

Lo que nadie sabe aún es que Scicluna y Bertomeu estarían preparando una señal potente. El final de la misa se daría con el saludo de la paz entre los feligreses a favor y en contra del obispo. Pero esa no sería la sorpresa. Fuentes eclesiásticas afirman que justo al final de ese rito se proyectaría, vía teleconferencia desde Roma, una llamada de Francisco, en la que él mismo pediría perdón.

Eso si todo sale bien antes.

Santiago con escalas

Después de la visita de Francisco a Chile, en enero, su papado quedó marcado. Y su agenda también. Han sido, hasta ahora, cinco los hitos que delinearon su hoja de ruta en los últimos meses. Primero, en febrero, la visita de Scicluna y Bertomeu; luego, en abril, el encuentro de Francisco con las víctimas de Fernando Karadima; en mayo, la invitación que le hizo a la Conferencia Episcopal completa a Roma; en junio, el encuentro que tuvo en el Vaticano con otro grupo de víctimas de Karadima, en su mayoría exsacerdotes, y, ahora, la nueva visita del arzobispo de Malta.

Para el Papa, Chile marcó, dicen, un punto sin retorno.

Quienes conocen los pasillos del Vaticano dicen que ahí se comenta que Francisco tomará decisiones pronto. Pero, según fuentes eclesiásticas, ninguno de los miembros más importantes en Roma lo estaría aconsejando. Ni siquiera Sean O’Malley, arzobispo de Boston, quien, dicen, tiene linea directa con el Papa.

Francisco, en el caso chileno, al parecer, solo confía en los consejos de Scicluna y Bertomeu. Por eso se comenta que una vez que el maltés y el español estén en Chile se van a empezar a concretar las salidas de algunos obispos. Entre los posibles prelados a los que Francisco les aceptaría la renuncia estarían: Juan Barros (Osorno), Horacio Valenzuela (Talca), Tomislav Koljatic (Linares), Andrés Arteaga (auxiliar Santiago), Gonzalo Duarte (Valparaíso), Alejandro Goic (Rancagua), Cristián Caro (Puerto Montt) y Ricardo Ezzati (Santiago).

-El Papa se lo juega todo con lo que decida ahora y lo sabe. No me cabe la menor duda de que tomará todas las medidas, incluso las más drásticas, desde aceptar la renuncia de un buen número de obispos hasta hacer que los demás penitentes pidan perdón con palabras y hechos: resarcimiento moral y económico. Pero lo hará a su ritmo, aunque es consciente de que la opinión pública pide sangre -dice el vaticanista José Manuel Vidal.

Por eso, la nueva misión de Scicluna ha causado expectativas no solo en Osorno. Fuentes conocedoras del tema aseguran que al menos otras tres diócesis han solicitado entrevistas: Valdivia, Puerto Montt y Santiago, directamente a Bertomeu. Además, cercanos a la Diócesis de Rancagua explican que también les gustaría que el arzobispo de Malta vaya a la ciudad por los supuestos abusos cometidos por parte del clero.

Todo esto debería ser, al menos en parte, organizado por el nuncio apostólico. Pero aunque se informó que la misión de Scicluna y Bertomeu será coordinada en conjunto con la nunciatura, hasta ahora Ivo Scapolo no tendría ningún papel protagónico en la visita.

Según las mismas fuentes, el actor principal en el número 200 de la calle Monseñor Nuncio Sótero Sanz será otro. Su nombre aún no es conocido, pero sí se sabe que su tarea no es menor.

Es más, incluso se comenta que las instrucciones llegaron directo desde Roma. Una orden papal habría designado a la persona que hoy sería la encargada de recibir las solicitudes de audiencia con Scicluna y Bertomeu. Los cuatro días que estarán en Santiago -12, 13, 18 y 19 de junio- no son una casualidad.

La misión que comenzó el 20 de febrero pasado, cuando Charles Scicluna llegó a Chile como enviado especial del Vaticano para recopilar antecedentes sobre el caso del obispo Barros, continuará. En ocho días se realizaron 64 entrevistas. El resultado: un informe de más de 2.300 páginas que Francisco recibió de las manos del propio Scicluna el 20 de marzo.

Hasta ahora, según fuentes eclesiásticas, se han confirmado tres audiencias en la Nunciatura Apostólica. Tres casos distintos que podrían detonar nuevas investigaciones canónicas y una nueva crisis.

Uno de ellos tendría que ver con cuatro exseminaristas de Valparaíso que habrían sido abusados sexualmente por sacerdotes. El segundo tendría relación con dos casos de abusos en San Felipe. Y el tercero sería por hechos similares a los que hoy indaga el Ministerio Público en Rancagua, que abrió una investigación por eventuales abusos sexuales cometidos por sacerdotes. Sería un caso parecido al de “La Familia” y habría ocurrido en Chillán, entre los años 1990 y 1994. Más de una docena de sacerdotes habrían participado en fiestas pagadas con menores de edad. Este último caso tendría un obs- táculo no menor: al parecer no existen testimonios, por lo que desde la Iglesia estarían solicitando a la PDI los informes de las denuncias del caso.

Juan Barros fue el comienzo del terremoto que hoy vive la Iglesia Católica chilena, pero de ninguna manera el fin.

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