La derecha que piensa la derecha

Son los que dan la pelea en la batalla cultural, aquella que la izquierda pareció ganar sin mayores sobresaltos durante décadas. De diferentes generaciones y perfiles intelectuales, Reportajes juntó a un grupo de pensadores de una derecha que de a poco ha ido ganando espacios reservados para la izquierda. Esto es lo que discutieron.


Las generaciones son diferentes y también los estilos, y eso se va notando a medida que llegan al piso 14 del edificio de Copesa. Son la intelectualidad, el ideario tras la derecha, los responsables de desarrollar un relato, una hoja de ruta, si se quiere, para ser debatida y discutida por los políticos, aquellos que están más adelante en el campo de batalla, más dedicados a la lucha cuerpo a cuerpo.

El primero en llegar es Fernando Claro, de la Fundación para el Progreso, la misma de Axel Kaiser y Roberto Ampuero, ambos de viaje. Claro, economista UC, está al borde de parecer un estudiante camino a la universidad: polera negra, jeans, zapatillas, sin pretensiones estéticas grandilocuentes. Luego entra Ignacio Briones, de Evópoli y el think tank Horizontal, además de la Escuela de Gobierno de la UAI, quien contrasta a Claro con una chaqueta de lino hecha para el verano. Y así se van sumando. Álvaro Fischer, ingeniero matemático y director de empresas, recién operado de los meniscos, llega con bastón en mano y es quien tiene mayor experiencia del grupo. La próxima semana, justamente, lanza un libro sobre el sector: De Naturaleza Liberal. Pablo Ortúzar, antropólogo social y autor de varios libros sobre la derecha, aparece con camisa manga corta y bermudas. Claudio Arqueros, doctor en Filosofía UC y director de formación de la Fundación Jaime Guzmán, es el que impone un look más formal, con una chaqueta a cuadrillé, pero sin corbata. Alejandro Fernández, abogado UC y director ejecutivo del Instituto de Estudios de la Sociedad, aparece informal. La última en llegar es Isabel Aninat, investigadora del CEP y también abogada UC.

-Llegué a cumplir con la cuota-, bromea Aninat, mientras saluda.

Ahora sí, estamos listos para empezar. Y el debate se abre con el desafío que tiene la derecha intelectual inserta en un nuevo gobierno de Sebastián Piñera.

Hubo un triunfo electoral contundente, se ganó una presidencial, pero da la impresión que algunas ideas del sector quedaron resignadas. ¿Cuáles son los desafíos que enfrenta un segundo gobierno de Piñera?

Ignacio Briones: El primer desafío es poder capitalizar el triunfo contundente que hubo en esta elección. Intuyo que detrás de ese gran apoyo hay una validación de las ideas madre que promulga la centroderecha, que tiendo a pensar que tiene que ver con la libertad y con un nuevo ciclo que es mucho más joven, menos politizado, de un Chile mucho más moderno, que valora la diversidad y valora que hayan surgido nuevas voces en la centroderecha que encarnan esa diversidad.

Claudio Arqueros: Es difícil explicar aquí cómo un electorado que vota por Beatriz Sánchez en primera vuelta, o que marcha contra las AFP, le da el voto a Sebastián Piñera. Ante una sociedad fragmentada, una ausencia de una gramática común en la derecha, el primer desafío del Presidente Piñera va a ser lidiar con esa fragmentación política dentro de la misma derecha. Para la segunda vuelta, Piñera logró, sin abrir la discusión sobre el modelo, hablar del bienestar.

Ignacio plantea que ganaron las ideas “madre” de la derecha, Claudio parece no estar tan de acuerdo. ¿Qué piensa el resto?

Alejandro Fernández: Una cosa es el triunfo electoral, y otra es el triunfo en el plano cultural, de las ideas. Si uno mira el trabajo de la izquierda en los últimos 10 o 15 años, en el plano de las ideas, la cancha la han rayado ellos. Ese es el desafío de la derecha. Quizás para gobernar basta decir crecimiento económico, empleo y seguridad, pero para que una coalición se proyecte en el tiempo requiere mucho más que eso.

Pablo Ortúzar: Es importante distinguir el tablero de las piezas, y uno puede ganar una partida, pero si el tablero está delineado por tu adversario político, al final terminas administrando su agenda. Hoy, la derecha ganó por ser un mal menor frente a Guillier, que era un candidato muy débil, con una izquierdización de la izquierda que le jugó en contra. El gobierno de Piñera corre el serio riesgo de ser un administrador de las reformas de la izquierda y eso se vuelve más problemático todavía si se instala la sensación de que hay plata, por el precio del cobre. El problema del gobierno de Bachelet fue la ausencia de plata, pero aquí vas a terminar cediendo si no tienes tu propio camino. En ese sentido, la derecha hoy no está en un buen pie intelectual.

Álvaro Fischer: El desafío de la derecha y del Presidente Piñera, que vemos que es gestión -no le vamos a pedir a él que sea quien lleve la causa de la construcción intelectual-, es cómo se traduce o fluye a través del trabajo que se haga, con un lenguaje culturalmente distinto del que ha estado permeando este tiempo el debate político. El desafío es que no sea solo papers o escritos, sino en la acción política.

Isabel Aninat: Estoy de acuerdo con Álvaro, porque si uno muestra la identificación política en la encuesta CEP, las personas que hoy se identifican con la derecha son menos que en 2005. Además, creo que esta idea de que hay temas que son de la derecha y temas que son de la izquierda, hoy ya no es tan así. No hay temas vetados. Es como la discusión que se dio sobre el aborto; pensar que son los temas de las derechas y las izquierdas es una manera ochentera de plantear un debate.

Ortúzar: Pero se responde igual a ese mismo debate, porque al final la izquierda lo que siempre te va a plantear es que el problema es el mercado, de hecho, Atria moraliza el mercado y dice que el Estado es la respuesta.

Aninat: Pero para mí la izquierda no es solo Atria.

Ortúzar: ¿Pero dime alguien de izquierda que diga que el Estado no sea la solución a todos sus problemas?

Aninat: Está bien. Hay una discusión bien tradicional sobre más o menos Estado, más instituciones o cortamos ministerios. Se puede plantear la discusión de otra manera.

Arqueros: Dado el síntoma de las diferentes sensibilidades, que yo llamo fragmentación, que ha mostrado esta mesa, uno puede ver que hay un déficit de gramática transversal en la derecha. Y eso es clave.

Fernando Claro: ¿Qué es un déficit de gramática?

Arqueros: Que no hay lenguaje común. Por ejemplo, podríamos pensar en una teoría de la sociedad, y eso no está, y eso permite que siga avanzando la fragmentación dentro de la misma derecha. Piñera logra advertirlo, y es lo que lleva, a mi juicio, que se instale como el sentido común de esta campaña. La ideologización o sobreizquierdización, Piñera logra captarlo a través de la intención de despolarizar el país a partir del sentido común.

Briones: Es cierto que la plataforma de Piñera se acerca a lo que podría ser una Concertación, sin intentar revivir aquello, pero tengo un matiz: creo que hay una clara diferencia ideológica respecto del proyecto de izquierda y en eso Pablo tiene razón, la respuesta de la izquierda sigue siendo más Estado, en cambio la derecha creo que le ha ido poniendo más complejidad al discurso.

¿No le parece, entonces, que Piñera agarró las banderas del Frente Amplio para ganar?

Briones: En términos agregados, para nada. Esta es una plataforma política que es más al centro o a la izquierda que lo que era la derecha en los 90, pero esa es una buena noticia, creo.

Ortúzar: Lo que dijo la NM es “vamos a correr las banderas o los límites de lo posible hacia la izquierda, pero lo vamos a hacer renegando de la Concertación”, y ahí la decisión que tuvo que tomar la derecha es si se volvía heredera de esos 20 años o si seguía en su discurso de los 90. Y el gran logro que hizo fue apropiarse de ese patrimonio rechazado por la NM.

Claro: Creo que el gran desafío es agarrar una identidad. Pero cuando dicen que la derecha renegó de lo que era en los 90, renegó de algo que era impresentable. Una dictadura y una idea que prácticamente no era idea. La derecha más bien se ha ido creando, y eso se nota, en la diversidad que hoy hay adentro. Hay gente más católica, otra más liberal.

La batalla cultural, puertas adentro

Ustedes hablan sobre la batalla de las ideas con la izquierda, pero dentro de la derecha también hay una batalla sobre las ideas. ¿Cómo ven ustedes esta lucha entre las dos almas de la derecha, una de corte más conservador -que se opone a reformas más abiertas en lo valórico- versus el ala más liberal?

Claro: La diferencia tiene un valor y hay que saber manejarla. El gran desafío es armar una identidad en función de esa diferencia.

Briones: Yo suscribo lo que dice. Uno tiene que estar convencido de que en esta diversidad hay valor, y ese es un ejercicio que le ha costado a la derecha, donde las diferencias tienden a verse como un conflicto para el debate, un argumento bien sui géneris.

Fernández: A la derecha le hizo bien tener primarias y un par de candidatos en la primera vuelta, pues el éxito de Piñera en la segunda vuelta tuvo que ver con que representaba muchas almas. Lo segundo, es que tiendo a pensar que hay más convergencia que diferencia: si uno mira los grandes temas, y ve los temas valóricos en los que hay diferencia, no son las prioridades de los chilenos. Pueden ser prioridades en las cartas al diario o las columnas, pero ni siquiera electoralmente son relevantes. El matrimonio igualitario o el aborto deben estar en el lugar 20, en cambio, temas sociales como pensiones, salud o educación son bastante más importantes y en esos temas tiendo a pensar que hay mucho más unidad de ideas.

Hay gente que le recomienda a Piñera que los temas que son conflictivos para la derecha, que son los valóricos, los deje en el congelador.

Briones: Eso es un error, porque presupone que no hay capacidad para discutir razonablemente. Es suponer que la gente que está aquí es poco civilizada o estúpida.

Ortúzar: Gobernar siempre es priorizar. El Estado no tiene una capacidad política ni económica ilimitada. Y cuando tienes que priorizar, lo tienes que hacer en base a ciertas nociones de justicia básica. En ese sentido, el argumento no se vuelve utilitario, porque al final todo está dentro de una gramática cristiana. Todas estas facciones están diciendo “yo tengo víctimas más importantes que las tuyas, o son prioritarias”. Los homosexuales son víctimas, los transexuales son víctimas, los niños del Sename son víctimas, y el tema es cómo ordenar esas víctimas en términos de darles prioridad. Obviamente, el Estado no es capaz de hacerse cargo de todos al mismo tiempo.
Aninat: Esa visión es pensar en un país que está cerrado al mundo. Creer que el gobierno va a controlar el debate y nos vamos a centrar en la delincuencia, porque es la prioridad uno en la encuesta CEP. Es como cerrar los ojos a la realidad que están viviendo chilenos, que no creo que sean víctimas, sino que están haciendo valer su libertad en temas como el matrimonio igualitario.

Han hablado todos los liberales de la mesa, ¿qué piensas, Claudio?

Arqueros: Creo que tenemos problemas de contingencia y problemas estructurales. Los temas valóricos, que son en su seno antropológicos, son parte de los problemas estructurales, y sobre eso no hay acuerdo. Si no hay acuerdo sobre ello, no pueden construir un acuerdo político, y eso va a dificultarle al gobierno su tarea. Si la pregunta es si el gobierno se va a hacer cargo de esto, yo creo que así como durante la campaña Chile Vamos se encargó de buscar los temas que unieran, va a priorizar los temas donde hay convergencia. Lo que sí une, es un modelo de desarrollo, y creo que Piñera va a seguir ese camino. El punto es, a largo plazo, cómo nosotros, o los centros de estudios, son llamados a construir una gramática común. La pregunta es si se puede lograr.

Fernández: Sí creo que es fundamental que Piñera, para tener gobernabilidad, tome ciertos temas en base a principios de justicia. Lo que no puede hacer es, como la vez pasada, tratar simplemente de gestionar, de administrar bien y empujar muchos temas.

Ortúzar: Si el gobierno pasado de Piñera hubiera estado anclado en una visión de justicia habría podido oponerse en algo a la calle, porque pasó que no había un algo para decir “lo que están pidiendo es injusto, excesivo, hay otras prioridades”.
¿Cuál es mi preocupación? Cuando se oscurece la dimensión de la violencia sobre la cual están construidas las sociedades y se describe a la sociedad como una sociedad sin víctimas, con puro pluralismo, como el libro de Peña, en que todos vamos al mall y compramos cosas y nos inventamos a través del consumo.

Fischer: Esa es una visión muy rara. Tú te eriges en la persona que describes y defines quiénes son las víctimas, los buenos, los malos, los que están arriba, abajo.

Avanzar en la diversidad y salir de la cota

La Concertación supo administrar sus diferencias durante 20 años. ¿La derecha va a ser capaz de administrar su diversidad o fragmentación?

Aninat: La derecha hoy está institucionalmente mucho más preparada que antes. Tiene partidos que están más sofisticados en su estructura y también todas las reformas que se dieron a la institucionalidad política con la ley de partidos van a cooperar en ese sentido.

Claro: Pero yo creo que es necesario que se renueven las caras en la derecha. Es imposible que la derecha sea capaz de administrar todo esto si es que no hay una renovación, especialmente en RN y en la UDI. No lo digo porque la juventud sea mejor per se, pero digo que los actuales políticos de esos partidos son problemáticos.

Fernández: La primera señal política clave de Piñera es el gabinete. Yo siempre critico, y fui parte del primer gobierno, que no puede ser que cuando la derecha gobierna esto parezca como el centro de Isidora Goyenechea. No puede ser que la mayoría de los ministros vengan de tres colegios. O del Verbo Divino, el Tabancura y del Villa María. Parte del discurso meritocrático que tiene la derecha tiene que reflejarlo en el gabinete. O sea, dónde están los gallos que no vienen de las comunas más ricas de Chile o los mejores colegios, pero llegaron adelante y tienen una carrera universitaria.

Briones: Cuando uno dice administrar las diferencias del sector, supone que este es estático. Yo creo que el gran desafío es que sea dinámico, que lleguen nuevos liderazgos, movimientos políticos, partidos, y eventualmente ampliarlo. Ese es el significado de moverse hacia el centro, que no es netamente ideológico, sino que es ampliar en diversidad. Algunos siguen pensando que la economía sigue siendo el PIB y la inflación y las cuestiones macro. La verdad es que es mucho más micro y es súper dinámico, y nosotros tenemos la oportunidad de agarrar eso y que la gente sienta que es parte de este modelo, que no pertenece a unos poderosos, como lo ha caricaturizado la izquierda. Nosotros tenemos que ser los adalides de la competencia, del emprendimiento, de que este capitalismo llegue a las clases más bajas, a los emprendedores más pequeños, a los emprendedores sociales; que al final la sociedad civil hace una pega que el Estado no hace muchas veces o la hace mejor. Ahí hay un tema que nos une.

Ortúzar: Estoy muy de acuerdo con que el estándar ético que va a fijar Piñera en su gobierno tiene que ser mucho más exigente que el gobierno pasado. Una de las cosas que quedaron claras en las elecciones es que la gente estaba aburrida de las mismas caras, pero no porque fueran las mismas caras, sino porque estaban asociadas a actos de corrupción. Por eso decía que la UDI tiene dentro de su bancada un montón de gente que no se atreve a hablar con los medios de prensa, excepto la presidenta, que está obligada, pero en el fondo el tema Corpesca basta para que tenga o deba renunciar.

Arqueros: Creo que el imaginario cultural hoy no está para acuerdos nacionales. No da para eso. El gobierno de Sebastián Piñera va a tener que buscar ciertos nichos de acuerdo, a partir de instalar el sentido común. Piñera va a tener que decir “estas son las prioridades”, y eso implica humanizar el proceso de modernización, mirar las víctimas del Sename, focalizar ciertas políticas en términos de educación, AFP. Para eso, Piñera requiere un gabinete empático, que se salga de esos colegios clásicos, que se salga de esa mirada que desde el punto de vista de la eficiencia son tocados por la vara de la perfección.

La conversación termina, la grabadora se apaga y las cámaras dejan de correr. Pero la discusión sigue unos minutos más alrededor de la mesa. “Después de esto, no me van a llamar para el gobierno”, dice uno bromeando, mientras el grupo espera el ascensor. Queda la sesión de fotos en una planta desocupada. Y mientras la sesión ocurre, Ortúzar dice que está en Chile para casarse, pero que debe volver a Londres para hacer su doctorado. Son cuatro años.

“Justo lo que dura el gobierno de Piñera”, dice con una sonrisa indecisa.

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