Las 72 horas que definieron el gabinete de Piñera

Junto a su equipo más cercano, Piñera configuró su gabinete ministerial. Extensas jornadas que se realizaron en su residencia en San Damián y en Apoquindo 3000. En conversaciones abiertas analizaron uno a uno cada ministerio y las propuestas de Chile Vamos. Un trabajo que culminó luego de tres días, el tiempo exacto que se demoraron en contactar a los nuevos secretarios de Estado.

“Estamos casi listos. Vamos a ver el comité político”.

Andrés Chadwick, Cecilia Pérez, Gonzalo Blumel y Cristián Larroulet escuchaban al presidente electo, Sebastián Piñera. Era el lunes 15 y el equipo de hierro de Piñera llevaba casi dos semanas debatiendo, junto al futuro mandatario, uno a uno los nombres para las carteras sectoriales. Ahora había llegado el turno de ellos.

“Andrés Chadwick, Interior; Cecilia Pérez, Segegob; Gonzalo Blumel, Segpres; Felipe Larraín; Hacienda”, anunció el jefe de Estado electo.

No hubo más que decir. El presidente comunicó una decisión que tomó a solas y dejó para el final.

“Eso lo vamos a ver después”, había dicho el mismo día que comenzaron a analizar los nombres para el gabinete, refiriéndose al comité político que lo acompañará a partir del 11 de marzo.

Los centros de operaciones fueron la residencia en San Damián de Piñera y las oficinas de la Fundación Avanza Chile, ubicada en Apoquindo 3000. Se trató de intensas y largas jornadas. En las mesas de trabajo estaban las carpetas con los nombres que cada partido propuso para los ministerios y, en medio de una conversación abierta, Piñera, junto a su equipo, identificaba el ministerio y se conversaban las nóminas propuestas.

“¿Estamos de acuerdo?”, consultaba Piñera cuando el nombre ya estaba zanjado. En cambio, las señales eran claras si al presidente no le parecía ninguna alternativa disponible: “¿Qué hay en las subsecretarías”, preguntaba, apuntando a las restantes opciones que los partidos habían dado.

Ese fue el caso de la designación de la nueva ministra de Medio Ambiente, Marcela Cubillos, que figuraba en la lista de la UDI como opción a subsecretaria de Vivienda.

El mandatario -eso sí- se reservó carteras que decidió sin consultar a nadie. Entre ellas Hacienda, Desarrollo Social y Cancillería.

Eran ministerios apetecidos por las colectividades. En Desarrollo Social, por ejemplo, todos los partidos hicieron sus apuestas, convencidos de que ese cargo es una plataforma para una eventual apuesta presidencial en 2021. RN propuso al diputado Nicolás Monckeberg, la UDI a Julio Pertuzé y Evópoli hizo lo propio por posicionar a Gonzalo Blumel.

Sin embargo, después de varias conversaciones privadas con Alfredo Moreno, Piñera optó por su ex canciller. El presidente electo -dicen en Chile Vamos- le había ofrecido otras alternativas a Moreno, entre ellas, el Ministerio de Obras Públicas, pero el entonces presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) quiso arriesgarse y tomó el desafío de Desarrollo Social. Ambos tienen tal confianza -explican quienes los conocen-, que fueron capaces de abordar con naturalidad el cargo que más le acomodaba.

En Cancillería, el mandatario decidió nombrar a Roberto Ampuero. La UDI había pedido la cartera para el senador Hernán Larraín y RN para el senador Andrés Allamand o el ex ministro Teodoro Ribera.

Pero Piñera anunció a su equipo que en Cancillería optaría por Ampuero. Un personero cercano al mandatario, quien se desempeñó como embajador en México en su primer mandato y como ministro de Cultura.
Ambos se reúnen habitualmente para conversar sobre temas internacionales.

El nombramiento de Ampuero se transformó a la larga en una de las sorpresas del recién designado equipo ministerial. El escritor, un ex militante PC en su juventud, desencantado de los socialismos reales, ha generado inquietud en el equipo internacional del ex comando de Piñera y desconcierto en buena parte de la Cancillería, incluidos los embajadores vinculados a Chile Vamos. En reserva, han dudado de las competencias de Ampuero para asumir el cargo.

A otros ministros, en tanto, Piñera los buscó porque simplemente no le satisficieron las alternativas ofrecidas por los partidos de Chile Vamos.

Cuando eso pasaba, en las reuniones con su equipo de hierro, el mandatario electo guardaba silencio y llegaba con una propuesta propia. Así -aseguran quienes conocieron los pormenores de la confección del gabinete- sucedió con Cultura y Educación.

En esta última cartera, los partidos habían presentado una sola alternativa. La propuesta de RN y la UDI era el independiente Raúl Figueroa. Evópoli no propuso a nadie.

También hubo nombres que Piñera -e incluso su equipo- ya daba por seguros en ciertas carteras, como el futuro titular de Agricultura, Antonio Walker.

Tras más de dos semanas de trabajo, el miércoles 17, ya se tenía delineado un gabinete en el que el 70% de sus integrantes estaba incluido en las nóminas de Chile Vamos. En concreto, de los 23 futuros secretarios de Estado, solo siete no estaban en las listas de ninguna colectividad: Roberto Ampuero (Cancillería), Gerardo Varela (Educación), Alfredo Moreno (Desarrollo Social), Juan Andrés Fontaine (Obras Públicas), Antonio Walker (Agricultura), Alejandra Pérez (Cultura) y Felipe Larraín (Hacienda).

Los independientes Susana Jiménez, futura ministra de Energía, y José Ramón Valente, de Economía, en la UDI destacan que estaban en sus propuestas.

El llamado presidencial

Una vez terminado el análisis -y el obligado paso por la revisión de antecedentes- comenzaron los esperados llamados telefónicos.

Los contactos duraron 72 horas. Partieron el jueves 18 y finalizaron el sábado 20.

La operativa no dejaba espacio para errores, por lo que Larroulet, Pérez y en algunas ocasiones Chadwick se preocuparon de llamar primero a los elegidos. El equipo de Piñera sondeaba la disponibilidad de cada uno y si la respuesta era positiva, Piñera se comunicaba para hacer formalmente la invitación para su gabinete.

Los primeros en ser contactados fueron los futuros ministros de Hacienda, Felipe Larraín; Ampuero -que se mostró particularmente emocionado-; de Economía, José Ramón Valente, y su par de Educación, Gerardo Varela, quien -según aseguran sus cercanos- se sorprendió con el llamado.

El abogado había jugado tenis con Piñera en Cachagua el fin de semana del 6 y 7 de enero, pero no imaginó que sería convocado para el equipo ministerial. Tampoco lo pensó cuando, durante el año pasado, acudió en varias ocasiones a Apoquindo 3000, donde era invitado a almorzar con distintos columnistas.

Pero recordó que en algunas de esas conversaciones Piñera le había preguntado “si estaba dispuesto para servir al país”.

El presidente de RN, Cristián Monckeberg, también recibió el llamado el jueves 18. Pese a que estaba en la nómina de RN para asumir Defensa o Segpres, finalmente Monckeberg fue designado en Vivienda.

La decisión no fue fortuita, aseguran en el partido de Antonio Varas. Dirigentes de RN abordaron con Piñera y Chadwick la necesidad de que su timonel quedara en una cartera de perfil social, que permitiera desarrollar el concepto que se busca apropiar el partido: una derecha social. A ello se sumó que el senador Manuel José Ossandón comunicó a Piñera su respaldo al líder RN.

A otros el celular les sonó el viernes 19. Entre ellos está el doctor independiente Emilio Santelices. Quien fuera el encargado del área de Salud del comando de Piñera, pudo respirar tranquilo luego de los rumores que daban por seguro en esa cartera a Enrique Paris.

Santelices, durante la campaña, formó un equipo transversal de Salud con miembros de la UDI, RN, Evópoli e independientes, y había hecho saber que estaba en condiciones de asumir responsabilidades mayores, tras haber sido asesor en el Ministerio de Salud en el primer gobierno de Piñera y en el de Lagos. El médico se comunicó con las directivas de los partidos para recordarles que no solamente tenía un perfil técnico, sino que también tenía las suficientes redes políticas como para sacar adelante los proyectos del área.

El lobby de Santelices fue efectivo: RN y la UDI lo pusieran entre sus preferencias para liderar Salud.

Quienes también fueron contactados ese día estuvieron los futuros ministros de Obras Públicas y Defensa, Juan Andrés Fontaine y Alberto Espina, respectivamente.

“Más nervioso que Espina esperando el gabinete”, bromeaba Piñera cuando se refería al senador RN. El parlamentario, dicen quienes lo conocen, estaba particularmente ansioso por los nombramientos y había pedido expresamente a su partido estar sólo en la nómina de Justicia. Por lo anterior, entre las continuas bromas de Piñera, todos daban por asegurado que lideraría ese ministerio. Sin embargo, el Presidente optó por dejarlo en Defensa.

La cartera de Justicia quedó en manos del UDI Hernán Larraín, quien también fue contactado el viernes.

Los últimos convocados -el sábado 20- fueron para el futuro titular de Trabajo, Nicolás Monckeberg; el titular de Minería, Baldo Prokurica, y la ex presidenta del directorio de Canal 13, Alejandra Pérez, quien encabezará Cultura.

Pérez, comentan en Chile Vamos, fue, sin duda, una de las más sorprendidas tras escuchar la invitación de Piñera.

La periodista -señalan sus cercanos- no trabajó en el programa de Piñera, tampoco conoce mayormente al presidente electo, ni menos a los nuevos ministros del gabinete. Pérez, de hecho, ni siquiera tiene entre sus contactos los números telefónicos de sus pares. La noche del martes 23, en el restaurante El Divertimento, cuando el anunciado gabinete se reunió a celebrar en conjunto, Pérez se enteró de algunos pormenores de su nombramiento: la nueva titular de la Mujer, Isabel Plá -otro nombre que no estaba en la nómina UDI- le comentó que días antes el propio Piñera le pidió que confeccionara un currículum de la licenciada en Comunicaciones de la Universidad Católica.

El sábado 20, Piñera recibió en su residencia en San Damián a Chadwick y Cecilia Pérez para afinar los últimos detalles del gabinete. Los futuros ministros y ministras fueron citados para la sesión de fotos del lunes 22, que se realizó en la casa de Isabel Díaz, hermana de la jefa de gabinete del mandatario electo, Magdalena Díaz.

Como todo diseño -en todo caso-, el primer gabinete de Piñera también tuvo ofertas fallidas de última hora que obligaron a ajustes. Fuentes que conocieron el proceso -por ejemplo- aseguran que el sábado 20 el economista Rodrigo Vergara rechazó una cartera y el propio Blumel comentaba a sus cercanos que en los días previos a su designación -convencido de que mantendría su otrora cargo como jefe de asesores presidenciales- había comprado el libro de Ernesto Ottone -El segundo piso- donde éste recuerda sus años como líder del equipo de colaboradores del gobierno de Ricardo Lagos.

Y aunque Moreno fue una de las más llamativas apuestas anunciadas el martes 23 por Piñera, el mandatario electo había conversado con otros personeros la posibilidad de encabezar el Ministerio de Desarrollo Social.

En privado, una de las mayores preocupaciones que el presidente electo ha transmitido a su futuro gabinete es el entusiasmo por la actividad política. En parte, para evitar lo que sucedió tras su primer mandato, cuando más de la mitad del entonces equipo ministerial terminó sus funciones y volvió al mundo privado.

En esa línea, Piñera los ha incentivado a estar disponibles para futuras aventuras de elección popular, aunque también ha sido explícito en señalar que se deben cuidar los liderazgos de los presidenciales de Chile Vamos -José Antonio Kast, Felipe Kast y Manuel José Ossandón-, y puso fecha a la carrera por La Moneda: cualquiera que tenga interés debe abandonar el gabinete antes de las municipales de 2020.
“Nuestra misión es exigente y también gratificante. No es fácil y va a requerir no solamente entrega, va a requerir mucho talento, mucho diálogo, mucha capacidad de escuchar”, les dijo Piñera el martes 23 en la sede del Congreso de Santiago, cuando fueron presentados públicamente.

Primeras señales de incomodidad

El lunes 21, los partidos de Chile Vamos ya tenían la certeza de que el gabinete estaba completamente definido. Algunos, con desilusión, se daban cuenta de que no tendrían representantes en ninguna cartera, como el PRI y otros, como los ex miembros de Ciudadanos, con el pasar de las horas, comprendieron que tampoco habría espacio para Sebastián Sichel, a quien habían propuesto para ministro.

En un desayuno en la casa de Piñera al día siguiente se acabó la sorpresa: a presidentes y secretarios generales de los partidos de Chile Vamos el presidente electo les comentó que les presentaría uno a uno los designados para cada cartera.

La primera sorpresa vino con el elegido para la Cancillería. Al escuchar el nombre de Roberto Ampuero, los dirigentes se miraron entre ellos con asombro, pero no realizaron mayor comentario ni reparo alguno sobre el escritor.

Quien sí provocó comentarios fue Alfredo Moreno. Sobre todo cuando escucharon que el aún líder de la CPCsería el futuro ministro de Desarrollo Social. Fueron el secretario general de RN, Mario Desbordes, y la presidenta de la UDI, Jacqueline van Rysselberghe, quienes tomaron la iniciativa y plantearon que Moreno no sería una figura fácil de presentar. En su opinión, se entregaría una “señal confusa” a la ciudadanía al anunciar que el empresario pasaba a liderar el área social más importante del gobierno.

“En vez de quitar los patines hay que subirse a los patines”, replicó Piñera.

“¿Quién es él?”, se escuchó entre los líderes de Chile Vamos. Fue la tercera sorpresa del desayuno. Los timoneles desconocían por completo a Gerardo Varela, el futuro ministro de Educación. “Trabajó en las Escuelas para Chile, en la reconstrucción de escuelas tras el terremoto de 2010”, respondió el presidente electo.

Otro comentario incómodo también provino de Van Rysselberghe al preguntar por qué se puso a Fontaine en Obras Públicas. ¿Cuál es su experiencia en el rubro?, consultó la timonel gremialista.

El ambiente algo tenso se disipó con una broma al anunciar Piñera que el futuro titular de Vivienda sería Cristián Monckeberg, presente en el lugar. “Lo rechazamos”, dijeron los dirigentes entre risas.

El mismo Monckeberg provocó el cierre de la cita al transmitir cierta incomodidad cuando el presidente electo comunicó que se tomaría vacaciones hasta el 19 de febrero y que todos los futuros secretarios de Estado debían estar en Santiago en esa fecha. El timonel RN -quien debe renunciar a ese cargo en la colectividad- hizo amague de tener otros planes. “Ahora yo soy tu jefe”, le replicó Piñera.

Todos se dirigieron después a la sede del Congreso en Santiago para participar de la actividad de anuncio del gabinete que asumirá en marzo.

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