Leonidas Montes, nuevo director del CEP: “La encuesta electoral del CEP se seguirá haciendo”


Leonidas Montes lleva instalado un mes y medio como nuevo dueño de casa en el Centro de Estudios Públicos (CEP). Y ha actuado como tal: no solo le interesan el contenido y las materias que trata el think tank presidido por Enrique Barros desde el paso al costado que dio Eliodoro Matte a fines de 2015, sino que también que el espíritu que quiere imprimirle a su gestión como director se transmita físicamente a la casona que alberga a la institución. Para ello, se ha preocupado en forma personal desde la poda de árboles, hasta de quitar el latón negro que cubría la reja exterior. Quiere un CEP del siglo XXI, más abierto, más conectado con distintas audiencias y que cubra más temas, aunque siempre bajo su vocación “liberal clásica”. Otra muestra de esto se dará mañana lunes en el encuentro sobre Stephen Hawking que él propuso, donde la tradicional testera del auditorio saldrá, para ser reemplazada simplemente por sillas de conversación. “Es un hombre muy preocupado de los detalles y muy ejecutivo”, dicen en el CEP.

En esta, su primera entrevista desde que asumió en lugar de su antecesor, Harald Beyer, despeja las dudas que había sobre la tradicional encuesta electoral que hace el centro de estudios y que fue duramente cuestionada tras la primera vuelta de noviembre pasado, junto con plantear su hoja de ruta para el período de cinco años que tiene por delante. También analiza la partida de Michelle Bachelet, la instalación de la nueva administración y los riesgos que esta enfrenta. Hasta ahora ve un escenario auspicioso y felicita la actitud del Presidente: “Sebastián Piñera no está con esa ansiedad de aparecer en todo y en todas partes”, señala, y dice que se advierte “más estadista” esta vez. De todos modos, hace una recomendación: “El gobierno tiene que aprender a persuadir y no solo a convencer”.


¿Qué lo motivó a asumir el desafío de dirigir el CEP?

Al CEP le tengo cariño hace mucho tiempo. Estoy vinculado a él desde mis años de universitario y llevo en el consejo directivo y en el comité ejecutivo unos 12 años. La considero una institución muy importante para el país en términos de las ideas, por su vocación liberal clásica, entendida como una visión reflexiva, crítica y republicana. Esto siempre me ha atraído. Por eso, cuando surgió esta posibilidad la encontré fascinante, porque me mantengo en el mundo de las ideas y en una institución que tiene el prestigio del CEP.

¿El CEP logró superar la salida de Eliodoro Matte como su presidente?

No considero que el episodio de Eliodoro Matte haya afectado la imagen del CEP, porque la institución tiene vida propia y un ethos demasiado potente. Su renuncia fue un acto de mucha generosidad y lo reemplazó Enrique Barros, por quien tengo una gran admiración intelectual.

¿Cómo recibió la institución de manos de Harald Beyer, el anterior director?

A Harald le tocó un desafío difícil, porque tuvo que armar un equipo joven, que es el mismo que sigue hoy, y poner de nuevo al CEP en el foco de los grandes temas de políticas públicas, que fue su gran aporte.

¿Qué sello quiere imprimirle usted al CEP?

Me gustaría como tarea fundamental profundizar la apertura del CEP. Es una institución que estaba muy cerrada. Se hacen muchas cosas, hay un tremendo capital humano, y eso se tiene que dar a conocer de manera más abierta. Por lo mismo, esto de que hayamos abierto la reja de la entrada es algo simbólico.

También el CEP tiene que continuar en la senda de promover políticas públicas que contribuyan al progreso del país, pero sin descuidar las ideas, la cultura y las ciencias. En eso tenemos que volver a poner en la agenda temas que son más amplios. No solo economía y políticas públicas, sino, además, cultura, artes, ciencias, literatura, filosofía política, etc. Nuestra misión es una: contribuir al progreso del país. Y ese progreso no es solo económico, sino también social y político.

El año pasado sufrieron un fuerte cuestionamiento por la encuesta política previa a primera vuelta, que sobreestimó la votación de Piñera y subestimó la de Beatriz Sánchez. ¿Qué decisiones han tomado al respecto?

El tema de la encuesta electoral nos afectó, pero hay que tener en consideración algunas cosas importantes. De partida, una encuesta es una fotografía del momento. Las encuestas que hacemos en el CEP son cara a cara y el período de trabajo en terreno es cerca de tres semanas. Eso significa que esa encuesta, en particular, se realizó entre un mes y un mes y medio antes de primera vuelta. Por otro lado, las encuestas a nivel mundial han estado cuestionadas, dando cuenta de la volatilidad de los votantes. Hoy, las preferencias son mucho más líquidas y eso afectó la capacidad predictiva de nuestra encuesta, pero no su corazón. Nuestro objetivo con las encuestas es auscultar los latidos de la sociedad. Nos interesa el set de preguntas que hacemos todos los años, porque son parte de una base de datos de tres décadas. Ese material es una radiografía a la evolución de la sociedad chilena.

Pero en época de elecciones, la parte predictiva de sus encuestas era un referente y eso quedó en entredicho.

Solicitamos un informe a Pablo Marshall para ver cómo mejorar nuestra encuesta en la parte electoral. Efectivamente, hubo problemas con el votante probable. No se pudo predecir como se había hecho casi siempre. Esto de ser el oráculo a veces tiene sus riesgos, porque uno es víctima de su propio éxito. Ese informe lo estamos analizando y lo vamos a hacer público muy pronto.

¿Eso significa que piensan seguir adelante con la parte electoral de la encuesta y no se suprimirá como se especuló en algún momento?

La encuesta electoral del CEP se seguirá haciendo. Ahora, es posible que de aquí a tres años, para las elecciones de 2021, haya cambios en la metodología para hacer encuestas. Veremos cómo mejorar la nuestra. Y nos tomaremos todo el tiempo necesario para hacer la nueva encuesta electoral de la mejor forma posible, porque hoy es una especie de bien público.

¿El área encuestas seguirá a cargo de Ricardo González? ¿Habrá algún cambio relevante ahí?

Ricardo González va a seguir a cargo. Lo que sí hicimos fue integrar dos sociólogos al comité de opinión pública al que sometemos nuestras encuestas. Se trata de nuestra investigadora Loreto Cox y Aldo Mascareño, que está en la Escuela de Gobierno de la UAI. Nos parece importante tener una mirada sociológica de las encuestas. Lo otro es que este año, en vez de dos o tres que son las habituales, haremos solo una encuesta, repitiendo un módulo sobre religión que ya hicimos en 1998 y en 2008. Se trata de un tema muy importante, que nos permitirá medir cómo ha evolucionado el tema de la religión en la ciudadanía. Queremos concentrar nuestro esfuerzo en eso.

¿Pero no pierden presencia las encuestas con eso? ¿Será igual en 2019?

Para nada. Este año haremos solo una -hacia mitad de año-, porque queremos que al menos pasen 100 días del gobierno de Piñera para aplicar el módulo estándar de política y economía. Por tanto, no vemos necesidad de repetirla. Para 2019 es probable que volvamos a tener dos encuestas.

En materia de estudios o temas, ¿cuáles priorizarán este año?

Un trabajo fundamental es el que se ha realizado sobre modernización del Estado, cuyo libro lanzamos en marzo. Continuar con su divulgación es una prioridad y tener alianzas para apoyar esta iniciativa con miras a avanzar hacia un Estado con estándares del siglo XXI. También estamos trabajando en temas de salud y entrando en los de ciudad.

¿Y cuál es el tipo de influencia que puede tener hoy el CEP en la era de las redes sociales?

Todo think tank aspira a ser influyente y nosotros definimos como misión contribuir al desarrollo y progreso del país en términos económicos, sociales y políticos. Esto es un gran desafío y por eso esta idea de abrirnos, de dar a conocer todo lo que hacemos, de seguir siendo un espacio de conversación reflexiva, donde se discuta con tolerancia y respeto. El CEP, que está por sobre los exabruptos y la contingencia de corto plazo, debe jugar un rol de traer cierta calma a la discusión. Por ejemplo, venimos trabajando hace ya un tiempo en el tema de la selección de los jueces que puso de moda Hernán Larraín. Lo lideran Lucas Sierra y Enrique Barros. Pero no es a raíz de lo que pasó ahora.

Pero el CEP ya no es el lugar casi sacrosanto que fue en los 90 y 2000…

Así es, y lo anterior se acabó. El país cambió y estamos en otra época.

Y en medio del surgimiento de otros think tanks de derecha y de intelectuales del sector, ¿qué piensa de la crítica de Hugo Herrera a la Fundación para el Progreso (FPP) y a LyD por sus investigadores y financiamiento?

Este mayor debate de ideas en la centroderecha me parece fantástico y parte de lo que es el progreso del país. Celebro que haya muchos think tanks y académicos críticos que sean atrevidos: Mansuy, Ortúzar, Herrera, Kayser. Pero sobre la crítica que menciona, creo que Hugo se equivocó, porque lo está viendo desde la perspectiva de un académico en una universidad, que es distinto a cómo funcionan los think tanks en todo el mundo. Un investigador de un think tank no necesita tener un doctorado, ni estar en la frontera del conocimiento. Acá en el CEP tenemos gente sin doctorado.

Me parece muy bien que así como el IES promueve una agenda más conservadora, esté el FPP con una agenda netamente libertaria. Y LyD es distinto, porque hace un trabajo legislativo muy fuerte, asesorando a parlamentarios. En suma, me parece que su crítica perdió un poco la dirección.

Habló de oscura forma de financiamiento.

Dudo que Nicolás Ibáñez tenga una agenda oscura para aumentar su fortuna, porque no lo necesita. Él, filantrópicamente financia el FPP, porque cree que las ideas libertarias son muy importantes, y quienes trabajan ahí concuerdan con esa mirada. Este afán de sospecha no le hace bien al país.

Acusó, además, a LyD de un economicismo que ha taponeado la mirada más política en la derecha.

No tengo esa visión, porque creo que LyD también ha promovido ideas.

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