La Tercera

Roberto Ampuero: “Uno sabe de política internacional por la vida misma, por la lectura y la experiencia”

Roberto Ampuero, futuro canciller de Chile.

El futuro canciller “es un intelectual, un hombre que ha viajado mucho y ha vivido etapas trascendentales de la historia reciente del mundo”, dice el novelista, describiéndose a sí mismo tras su designación al cargo. En su primera entrevista, llama a Bolivia a tener una agenda de futuro una vez que La Haya se pronuncie.

Había llegado recién de un viaje por Panamá y Guatemala y preparaba maletas para ir a pasar una temporada a Europa junto a su mujer, Ana Lucrecia. La primera parada sería Berlín –alcanzó a arrendar un departamento- y luego Grecia; allí lo esperaba un bautizo familiar y una ansiada visita a Itaca, la isla donde vuelve Odiseo. Nada de eso pasará.
Roberto Ampuero (64 años, novelista y converso desde el comunismo a la derecha) recibió el llamado de su amigo Sebastián Piñera para asumir como ministro de Relaciones Exteriores. Un nombramiento que ni él se esperaba.

-Nunca pensé que el Presidente me iba a plantear eso.

¿Y cómo fue?
Bueno, yo he tenido una conversación a lo largo del tiempo con él sobre muchos temas, entre ellos política internacional. Fui embajador en México, luego ministro de Cultura, escribo sobre política internacional muchas veces y he vivido en muchos países. Y de pronto, el planteo fue muy claro: “¿usted está de acuerdo con colaborar de forma concreta en el gobierno que voy a presidir?”. “Sí, por supuesto”, le digo.

Después vino una segunda conversación y ya en la tercera me llama y me pregunta si estoy dispuesto a ayudarlo desde lo que es Cancillería. “Sí, Presidente, pero dígame en qué posición”. Y me dice “canciller”. Sentí una profunda emoción. Yo soy muy republicano, entonces me tocó que el Presidente me considere para ese puesto, en que uno representa al país, tiene mucha responsabilidad, mucha entrega. Y en ese sentido, te toca una fibra muy interna de chileno.

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Ampuero ha vivido casi toda su vida fuera de Chile. Como militante comunista, tras el golpe se autoexilió en Alemania Oriental, donde conoció a Margarita, la hija de Fernando Flores Ibarra, el fiscal de la Revolución cubana conocido como “charco de sangre”. Con ella partió a vivir el sueño comunista a La Habana, matrimonio incluido. Tres años después, y con un hijo, Ampuero se separó y comienza ahí su ruta hacia la conversión. El 79 se devolvió a Alemania Oriental; luego cruzó hacia Occidente, donde tuvo un “flechazo” con su actual mujer, Ana Lucrecia Rivera, entonces embajadora de Guatemala en Alemania. “Llevamos ya 30 años y he sido muy feliz. Tenemos 2 hijos que viven en Estados Unidos. Ella después fue embajadora en Chile, entre el 93 y 97, y luego en Suecia”, relata.

Entonces sabe más de política internacional por su mujer.
No. Creo que el diálogo es muy importante, pero también uno sabe de política internacional por la vida misma, por las lecturas y por la experiencia. El haber vivido momentos importantes, haber conocido Cuba y su proceso revolucionario en la época en que Fidel Castro estaba vivo y había cumplido 16 años en el poder, enseña mucho. También haber vivido cerca de tres años en Alemania Oriental, y haber entendido lo que era la Guerra Fría. Después crucé y me quedé como periodista especializado en política internacional y me tocó ir a reportear la caída del muro de Berlín. En consecuencia, he aprendido en conjunto con mi señora de política internacional.

¿Qué contacto tiene con el mundo cubano del castrismo? ¿Con su ex mujer?
Tengo contactos con cubanos amigos, que están casi todos fuera. Y con el gobierno cubano no tengo contactos. Obviamente desarrollé relaciones propias de embajador con funcionarios cubanos cuando estaba en México.

Usted tiene un hijo con Margarita, ¿tiene relación con él? ¿Cómo es para él tener este padre converso, disidente, y por el otro, una familia materna que está en la raíz del régimen?

Una de las cosas que aprendí y me enseñó Cuba es que no hay que romper los lazos familiares por razones políticas y eso se lo dije siempre a mi hijo. Que se sintiera siempre libre, es ciudadano chileno también, y que aproveche las grandes ventajas y libertades que le da esta sociedad democrática para ser quien él quiere ser. Y que él no tiene que verse obligado nunca a romper con familiares ni amigos por razones políticas.

Pero usted es una persona non grata en Cuba. El PC criticó mucho su designación.
Mis opiniones sobre Cuba están expresadas con mucha claridad en libros que he escrito, sobre todo en Nuestros años verde olivo. Ese es el Roberto Ampuero escritor. En la función que estoy ahora, uno tiene que recordar permanentemente que representa a Chile, y que la política exterior es una política de Estado. En ese sentido es que hay que trabajar.

Pero a usted lo eligen por ser quien es y por las ideas que tiene. Una cosa es asumir la política de Estado, pero no se puede despegar de quien ha sido.

No, no me despego. Ese es el sello político y humano de mi persona. Pero quiero recordar también que es el Presidente quien define su política y es conocida su visión de mundo, su respeto al derecho internacional, a los derechos humanos y al hecho de que debe primar la colaboración, el Estado de derecho y el pluralismo como principios. Y con ese marco valórico, filosófico, es que uno implementa después su política.

La vez pasada se entendió que, con Alfredo Moreno, Piñera quiso reforzar el comercio internacional. ¿Cuál es la señal ahora que nombra a un novelista, que tiene una historia de conversión política que es aplaudida, pero también genera anticuerpos en Latinoamérica?

Ese significado habría que preguntárselo al Presidente. Efectivamente uno puede hacer análisis, que cada canciller pone énfasis distintos, y en sentido lo que aparece es un futuro canciller que es un escritor, intelectual, un hombre que ha viajado mucho y ha vivido etapa trascendentales de la historia reciente del mundo; que tuvo también un proceso de cambio político muy largo -renuncié a las Juventudes Comunistas hace 40 años- y todo eso conforma un canciller que es diferente a lo que han sido tradicionalmente los cancilleres chilenos. Y eso mismo tiene un significado, y va a irse cargando en la medida que yo actúe.

¿Cuál es el sello que quiere dar a su gestión?

Eso todavía lo tengo que conversar bien con el Presidente. Recuerde que estoy hace un par de semanas en esto.

Pero usted ha sido muy crítico de lo que pasa en Venezuela, obviamente de lo que pasa en Cuba. ¿Es una señal hacia Latinoamérica de cuál será la postura que va a tener el gobierno de Piñera en ese tipo de materias?

El próximo gobierno va a tener una relación muy estrecha y la va a profundizar con todos aquellos países que comparten los valores de Chile; respeto al derecho internacional, al Estado de derecho, a los derecho humanos, libertades individuales y todo eso. Cuando aparecen países que se apartan de esto, se van a buscar fórmulas o apoyar fórmulas para que esos países puedan volver al cauce democrático. Pero no es solamente una tarea de Chile, es una tarea de la comunidad internacional.

Piñera ha apoyado muy fuertemente la oposición más visible de Venezuela, que es María Corina Machado, Leopoldo López, etc. En cambio, la política del gobierno ha sido más bien no meterse.

Esperaría a que asuma el gobierno. Lo claro es que -y el Presidente Piñera lo ha planteado con claridad- es importante que la política exterior tenga estos pilares que he nombrado.

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¿Cuándo fue la primera vez que usted empezó a votar por la derecha?
No recuerdo exactamente el año, pero el primer candidato de la derecha por el cual voté se llamaba Raúl Urrutia (RN) e iba por Valparaíso.

¿Para la presidencial Lagos versus Lavín, por quién votó?

Yo voté por Lavín, me convenció su discurso que era muy práctico, tenía aires nuevos.

En el arco político de la derecha, que va desde la UDI hasta Evópoli, ¿usted dónde se ubica?

Yo lo vería de otra forma. Yo soy un liberal, eso es lo que me ha enseñado además la vida, un liberal integral como lo define Mario Vargas Llosa, que eso implica no solamente lo económico, sino que también lo valórico. Si tuviese que definirme, pienso que estoy más cerca de Evópoli o del ala más liberal de RN, pero no integro ningún partido.

¿Es creyente?
Yo soy agnóstico.

¿Siempre fue?
Yo diría que sí, desde temprano. Recuerde que fui comunista y en aquella época para ser comunista había que ser ateo. Mi madre es una mujer católica y mi padre era masón. Crecí en una atmósfera de mucho respeto, de mucho pluralismo, donde nunca hubo una discusión debido a las diferencias tan grandes que había entre ellos en esta visión. Yo no me hice masón ni me hice católico.

¿Está a favor de la despenalización del aborto en las tres causales?

Yo lo planteé en una entrevista.

¿Y estaría de acuerdo en un aborto libre?
Yo no entraría en esos detalles ahora, porque se aparta mucho de mi tema político.

Pero es que es para saber cuán liberal es. Por ejemplo, uno de los temas que se pueden discutir en este gobierno es el matrimonio igualitario. Hay gente en la derecha que es partidaria, como en Evópoli, y otra no lo es, como en la UDI. ¿Usted en cuál estaría más?
Yo preferiría concentrarme más en los temas de política.

Ya, pero antes de ir a la política, ¿conoció a Nicanor Parra?

No lo conocí.

¿No era amigo suyo?

No era amigo. No era fácil llegar a él.

¿No le tenía buena Nicanor a usted?
No, las cosas no son tan sencillas. Era un personaje importante hasta el final, no era fácil llegar a su entorno. Eso es.

El mundo de la literatura tira más hacia la izquierda y además los egos son grandes. ¿Le ha costado estar en ese mundo? ¿Encajar con la posición política que usted viene revelando hace tiempo?
La actividad literaria es una actividad solitaria, los grupos como tales no escriben novelas. Cada escritor escribe desde su rincón, desde su visión de mundo. Entonces, ese es un elemento que no juega un rol, ser escritor no es querer formar la selección chilena o un equipo de básquetbol en que usted tiene que ir a buscar a alguien más para conformar el equipo. Es una actividad extraordinariamente solitaria.

Pero también adentro hay grupos y hay vanidades fuertes.
Es muy bueno ver las cosas en el sentido amplio. La vida al final nos enseña eso; es normal y saludable que existan distintas sensibilidades en la literatura, en el ensayo. Que las personas se vean a sí mismas de una forma y vean a otros escritores de otra, es parte de vivir en una sociedad democrática, libre, pluralista. Entonces yo no voy a expresar mi opinión sobre eso. Me parece bien que exista, es lógico y normal.

¿Quiénes son sus amigos del mundo de la literatura?
Mis amistades son de distintos sectores, yo creo que los escritores son cazadores solitarios. Uno ciertamente tiene una relación más cercana con algunos escritores que con otros en Chile, evitando todos los pensamientos binarios. Entre las relaciones más cercanas con escritores está con Pablo Simonetti, Carla Guelfenbein, Carlos Franz, Jorge Edwards, desde luego, Mario Vargas Llosa. Son relaciones que están más cerca de mí.

¿Y de Sebastián Piñera se siente amigo?
Antes de asumir como embajador en México, yo tenía una relación de amistad con el Presidente Piñera, pero la misma noche del triunfo del 2010 lo empecé a tratar de usted. Pero la relación mía con él es de un futuro canciller y el presidente electo, y eso permite que se exprese su nivel de exigencia que todos lo conocemos.

Usted comentó que eran un poco estresantes las reuniones con Piñera de Presidente, que se sentía como rendir el examen de grado. ¿Está preparado de nuevo para eso?

Esas son las famosas bilaterales. Lo que pasa es que el Presidente Piñera es una persona que tiene esa capacidad para conocer al detalle, al dedillo y le apasiona eso. Eso implica estar preparado para eso, para cumplir el mejor papel posible. Pero a mí me parece que es lo mejor para Chile que sea así, es bueno tener un Presidente que tenga un alto grado de exigencia. Trataremos de hacer lo mejor posible.

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Leyendo libros de política internacional, conversando con ex presidentes, parlamentarios o con expertos en estas materias desde las 6 de la mañana en adelante. A veces instalado en la Fundación para el Progreso, otras desde el parrón de su casa en Olmué. Interiorizándose de Bolivia, la primera gran prueba que le toca.

-La vida me cambió desde el momento en que acepté la designación y esto implica no acostarse sin haber visto qué pasa en el mundo los últimos minutos, y lo primero en la mañana es levantarse sabiendo si hay novedades. Hay que estar alerta, dice.
El canciller Muñoz lo invitó a la reunión con el equipo chileno para la demanda marítima, previa a los alegatos de marzo en La Haya. Esta será el 20 de febrero, día en que usted cumple 65 años.

Nosotros le hemos agradecido mucho al gobierno de la Presidenta Bachelet, en particular al ministro Muñoz, por esa disposición. Invitarme a esta reunión es importante para interiorizarme. También he tenido reuniones largas e intensas con nuestro agente Claudio Grossman y otros expertos en el asunto de La Haya. Vamos a continuar con los equipos de abogados, con la estructura y el esquema de agentes porque estamos absolutamente convencidos de que se ha hecho en la dirección correcta. Creemos que la Corte Internacional va a reconocer que nuestra argumentación es muy sólida porque está basada en la historia, la ley y la razón.

¿Está confiado usted que Chile va a ganar en este alegato?
Creo que hay que esperar, lo central no comienza por lo final. Lo central es hacer los esfuerzos, la Corte Internacional de Justicia es una instancia superior, hay que centrar los esfuerzos en representar los intereses de Chile en los alegatos orales de la mejor forma. En esa etapa estamos.

El vocero de Bolivia para este tema, Carlos Mesa, dijo que a partir del fallo de la Corte la relación con Chile va a cambiar en 180 grados. ¿Comparte esa visión?

Todo esto hay que verlo en un contexto más grande. Voy a parafrasear a un pensador chino: los países vecinos duermen muy cerca uno del otro, pero muchas veces tienen sueños distintos. Obviamente no todos los países vecinos coinciden con los pensamientos del otro, pero deben intentar aspirar e impulsar las relaciones de tal forma que haya armonía, comunicación, de que se vayan desarrollando instancias de confianza. Eso es esencial. Siempre los países que tienen una frontera común van a enfrentar estos momentos de diferencias, altibajos. Lo importante es utilizar algo que es el recurso esencial y que define la diplomacia: la posibilidad de conversar, de buscar la solución.
Creo que Chile va a hacer un muy buen papel en La Haya. Creo que sus argumentos son sólidos, que nos hemos preparado seriamente y vamos a esperar a que termine, que venga el fallo. Pero a partir de ahí, es muy importante iniciar una agenda de futuro con Bolivia.

¿Cualquiera sea el resultado?

Yo pienso que después del fallo de La Haya es bueno comenzar una agenda de futuro. Apuntar hacia adelante, y eso es posible. Este año con Bolivia hemos podido avanzar al menos en 7 mecanismos de colaboración e integración. Por ejemplo, la décimo tercera reunión sobre fronteras e integración; la inauguración del complejo de Chungará, de 30 millones de dólares; la décimo cuarta reunión también sobre frontera e integración. ¿Qué quiero decir con eso? Hay agenda de lo que es hoy posible y estamos avanzando. Siempre los países tienen temas que pueden ir más rápido y otros que pueden ir más lento. Es muy importante que este ritmo de colaboración con estos mecanismos siga adelante, porque acá se va a beneficiar a ambos países. A ciudadanos chilenos y bolivianos. Esto va al interés de los ciudadanos chilenos. Para mí en este sentido las palabras de Patricio Aylwin me resultan inspiradoras. Avanzar en la medida de lo posible la relación con Bolivia.

De todas maneras, el fallo de La Haya a uno de los dos no lo va a dejar contento. ¿Usted cree que el tema de la salida del mar se va a zanjar de una vez o va a ser un eterno karma que va a perseguir la relación entre ambos países?
Mire, yo solamente puedo, y cuando sea ministro, responder por Chile. Lo que sí le digo una cosa. Yo viví muchos años en Europa y en Estados Unidos, y lo que aprendí de esos países altamente desarrollados es que hay colaboraciones muy prácticas donde los países van avanzando, y se puede avanzar. Y le voy a decir una cosa que también me parece muy interesante. Después del fallo de La Haya hay algo que nos debiera inspirar. Y es la actitud misma de lo que podemos denominar la sociedad civil.

En este diario, Álvaro Vargas Llosa plantea el riesgo de la “bolivización” de su gestión.
Es muy importante entender dos cosas, que van vinculadas. La Haya es importante, y por eso estamos allí trabajando de forma seria, profesional articulada y con política de Estado. Y hemos mantenido los equipos y la argumentación. Pero Chile y su política exterior es mucho más que eso. Somos el país que tiene más Tratados de Libre Comercio en el mundo y alcanzamos prácticamente el 70% del PIB mundial. Nuestra política exterior es bien valorada, estable, sin sorpresas, creíble. Yo invito a los chilenos a mirar la ventana completa. Los temas particulares son muy importantes, pero no podemos llegar a la conclusión de que la política exterior chilena se reduce a eso.R