A 10 años de erupción, Chaitén crece sin plan regulador

Vista de la ciudad de Chaitén tomada desde un dron esta semana. Foto: Alfredo Miranda

Tras evento, solo 2.500 personas permanecieron en el lugar. Hoy, según Censo 2017, la comuna alberga 5.000 habitantes. Pese a aumento, Chaitén crece en zonas de riesgo y sin planificación urbana.

En volcán Chaitén, en la Región de Los Lagos, ocupa el sexto lugar en el ranking de volcanes activos del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin). “Esta alta posición responde a la gran violencia de su última erupción, que dio origen a los tipos de productos volcánicos más peligrosos, como son flujos piroclásticos y lahares (aluviones volcánicos)”, explica Moyra Gardeweg Peede, geóloga de Aurum Consultores, sobre el evento de 2008.

La erupción, que comenzó al terminar el 1 de mayo de ese año, obligó a evacuar la comuna del mismo nombre y una de sus consecuencias más visibles, además de la ceniza, fue la alteración del curso del río Blanco. Si éste antes rodeaba la ciudad, tras el evento cambió de dirección y dividió a la ciudad en dos sectores, norte y sur. Esta última zona fue la que sufrió el peor daño por la acumulación de material volcánico.

El Índice de Explosividad Volcánica da la idea del nivel de vigor de un volcán. El Chaitén alcanzó cuatro en una escala de ocho. Durante el siglo XXI, a nivel mundial, solo ha sido superada por la erupción del Cordón Caulle en 2011, cuyo índice fue de cinco, precisa Gardeweg. Sin embargo, a una década del episodio y de vivir junto a un volcán de estas características, la comuna ha duplicado su población -desde el episodio- y aún no cuenta con uno de los instrumentos básicos de ordenamiento territorial: un plan regulador.

Según las estimaciones de población del INE, que consideran la caída de los habitantes por la catástrofe, Chaitén tenía 2.485 personas al 2008 y hoy, de acuerdo al Censo de 2017, ya posee 5.071. Pese a ello, aún le faltan 2.111 para alcanzar los 7.182 habitantes que tenían según Censo 2002.

Zona de riesgo

La alcaldesa de Chaitén, Clara Lazcano, explica que la comuna solo tiene un límite urbano, y que esperan contar con los recursos estatales para generar uno. Mientras no ocurra, el sector sur, que posee una cota más baja, con el consecuente riesgo de inundación, se han realizado obras de mitigación. Se trata de un enrocado financiado por el MOP, cuyos estudios comenzaron en el primer gobierno de Sebastián Piñera y se construyó en el segundo de Michelle Bachelet.

“En una primera oportunidad, donde se podía vivir era en Chaitén norte, la zona donde primero se contó con agua y luz, pero paulatinamente la gente comenzó a habitar en Chaitén sur, porque ahí casas están en buen estado”, dice Lazcano a La Tercera.

La edil señala que no concibe que ambas zonas estén separadas, porque la ciudad es una sola, y aunque el sur aún no cuenta con servicios básicos de luz y agua, esperan que pronto se materialice la conexión con empresas privadas. Hasta hoy estos servicios los provee la municipalidad. “Tenemos más de 300 personas viviendo en Chaitén sur”, afirma.

El intendente de la Región de Los Lagos Harry Jürgensen, señala que el casco urbano de la comuna se ha recuperado lentamente y que la población urbana debe ser la mitad de la que existía en 2008. Sobre la situación en la zona sur, agrega que “esa área es inundable y todavía inhabitable. No está declarada la habitabilidad de todo el sector sur”, afirma.

Bernardo Riquelme, recordado por ser el último en evacuar Chaitén en 2008, fue concejal de la comuna y recuerda que en su momento se discutió el diseño de un plan regulador, pero la idea era eliminar el sector sur, que no sea habitable. “No estábamos dispuestos a hacer eso tomando en cuenta que muchas personas, casi más de la mitad de los habitantes que viven en Chaitén, viven en ese sector sur”, dice.

Plan urgente

El ministro de Vivienda y Urbanismo, Cristián Monckeberg, quien ayer se transformó en el primer secretario de Estado del nuevo gobierno en visitar la comuna, confirmó que no existe plan regulador. “Solo existe una división entre la zona urbana y la rural, y la alcaldesa nos ha dicho que el municipio no tiene recursos para desarrollarlo. Sin embargo, nos ha manifestado que se harán esfuerzos para iniciar al proceso para la creación de un plan regulador”.

Monckeberg, quien ayer entregó subsidios de reconstrucción a familias de la reciente tragedia de Santa Lucía, también inspeccionó el avance de las obras de la nueva plaza, que se entregará en los próximos días.

Iván Poduje, urbanista y socio de la consultora Atisba, señala que es insólito que una década después de la erupción, aún no exista plan regulador. La primera responsabilidad de generarlos es de los municipios, pero si no tienen recursos es tarea de los gobiernos regionales. “Es increíble que a 10 años y siendo uno de los problemas el asentamiento, que se ubicó en una zona de riesgo, no tengamos delimitados los riesgos. Lo encuentro increíble, como noticia es alarmante”, dice.

Roberto Moris, investigador del Instituto de Estudios Urbanos UC, recuerda que el proceso de evacuación de la comuna fue exitoso y se ayudó a las familias a vivir fuera de la ciudad mientras duraba la emergencia y se construía una ciudad nueva, Nueva Chaitén, idea que circuló hasta 2011, pero que nunca se materializó. “Ha habido mucha incertidumbre (…). Tener una ciudad en que se decidió políticamente que se va a quedar y no resolver el problema de la planificación territorial es un error”, advierte.

Lazcano agrega que pese a la idea que circuló de reubicarlos tras la catástrofe a Santa Bárbara (Nueva Chaitén), no se moverán. “Los pueblos no se crean o nacen donde alguien decide, sino donde las personas que van a vivir ahí deciden que deben estar, no es por mandato”.

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