86 mil chilenos han viajado a Brasil desde alza en brote de fiebre amarilla

Personas esperan por una vacuna en un centro de la Red de Salud UC Christus.

Ayer se confirmó la muerte de un segundo chileno en ese país a causa la enfermedad, mientras que otro joven de 27 años sigue hospitalizado en Río de Janeiro.


De acuerdo a cifras de la Policía de Investigaciones (PDI), desde el aeropuerto de Santiago, entre diciembre de 2017 y el 18 de febrero han salido 86.017 chilenos con destino a Brasil. El último mes del año pasado fue cuando se intensificó el brote de fiebre amarilla, que la semana pasada cobró la vida a Felipe Santander, de 35 años, quien no se vacunó antes de viajar.

Ayer al mediodía se conoció la muerte de otro chileno en ese país: Ernesto Antonio Faúndez Faúndez (20), uno de los dos chilenos que se mantenían internados en Río de Janeiro tras el diagnóstico de fiebre amarilla desde fines de la semana pasada. Ambos habrían estado en contacto en Isla Grande con Santander.

El embajador de Chile en Brasil, Jaime Gazmuri, dijo que a raíz de la fiebre amarilla “a veces se produce un agravamiento súbito”. “Ayer en la tarde (lunes) entró en un cuadro complicado y hoy día en la mañana (ayer), desgraciadamente falleció”. La madre del joven ya se encontraría en Brasil, según Gazmuri, y prontamente se iniciarán los trámites de repatriación.

Noemí Recabal, prima de Faúndez, dijo a La Tercera que el joven llevaba un año viajando y que no se había vacunado contra la enfermedad.

Aún existe un tercer chileno contagiado de fiebre amarilla. Se trata de Klisman Alex García (27), quien se encuentra internado en el Hospital San Sebastián, también en el estado de Río de Janeiro. Sobre su estado de salud, Gazmuri dijo que “se encuentra bajo atención médica y estaría estabilizado. “La impresión que tenemos es que ellos (los tres chilenos contagiados) se encontraron en Isla Grande y allí se conocieron, de hecho, todos fueron infectados en el mismo lugar”.

Destino cotizado

Pese al volumen de viajeros a Brasil, para el año 2017 en Chile se importaron un total de 20.337 dosis, según el Instituto de Salud Pública. En otros años, eso era suficiente para quienes viajaban a zonas riesgosas de Bolivia, Perú, Brasil, Guyana, Honduras, la mayoría de los países de África y varios en Asia (China, Filipinas, Tailandia y Malasia, entre ellos), donde se recomienda o exige viajar protegido contra la enfermedad.

Tras el brote epidémico en Brasil y la recomendación de la OMS que amplió las zonas a las que se pide viajar vacunado, en diciembre pasado, las dosis disponibles no fueron suficientes y los vacunatorios adquirieron otras 13 mil más, las que prácticamente ya están agotadas y que no alcanzan a cubrir a las personas que seguirán viajando.

La necesidad de vacunas contra la fiebre amarilla seguirá creciendo, dicen los especialistas. ¿La razón? El brote epidémico no es fácil de controlar y, siguiendo la tendencia, más turistas seguirán viajando.

La subgerenta de Marketing de Viajes Falabella, Paulina Berrío-Ochoa, indica que como destino turístico Brasil no pasa de moda y sigue aumentando. “En enero, cuando aún no había noticias de la fiebre amarilla, el destino venía creciendo a una tasa cercana al 50%, versus el año pasado. En febrero (a la fecha, y con la explosión de noticias sobre el tema), perdió todo ese crecimiento que venía experimentando”, indica.

Desde la Federación de Empresas de Turismo de Chile (Fedetur) , su secretario general, Diego Fernández, dice que la baja del dólar ayuda a optar por este destino.

Dirk Zandee, country manager de Despegar.com, dice que en diciembre del año pasado se registró un aumento de 21% en la venta de paquetes y pasajes a Brasil en comparación con el mismo mes del año 2016, mientras que en enero, el crecimiento fue de 41% respecto del mismo mes del año anterior. A esta fecha, y considerando la situación que enfrenta el país, algunos turistas han reemplazado este destino por el Caribe y Estados Unidos.

Demanda por vacuna

Como Chile no es un país con brote endémico, la vacuna no está incluida dentro del Programa Nacional de Inmunización y son los vacunatorios de instituciones privadas y algunos públicos los que administran la vacuna a los pacientes que las necesitan y pagan por ellas (siempre con indicación médica).

Quien trae esta vacuna al país es el laboratorio Sanofi Pasteur. Su producción durante el año 2016 fue de 30 millones de dosis (60% de la producción mundial) y para este año aumentarán a 50 millones para distribuir en aquellos países con brotes endémicos, principalmente.

Cecilia Perret, infectóloga de la Red de Salud UC Christus, explica que la situación de brote en Brasil ha sido un poco inesperada, y cuando el virus, que antes estaba acotado solo a zonas rurales específicas, comenzó a avanzar hacia lugares más turísticos, la necesidad de vacunas creció rápidamente. “No solo Chile tiene falta de stock de vacunas. También otros países están optando por fraccionar las dosis que tienen y así que una alcance para que cuatro personas tengan inmunidad un año”, señala.

Desde Clínica Las Condes, el infectólogo Rodrigo Blamey señala que hasta este recinto llegaron muchos más viajeros a consultar antes de partir a Brasil, en comparación con otros años. Las nuevas vacunas que adquirieron ya fueron distribuidas en la lista de espera que tenían y están a la espera de que el laboratorio traiga más.

Ambos especialistas coinciden en que este año y el próximo se necesitarán más que las 20 mil que se traen para un año normal.

“Creo que este año y el próximo se mantendrá alto el nivel de requerimiento de esta vacuna. Para que la epidemia en Brasil se controle y revierta puede pasar más de un año y hay que estar preparados. En este país, el virus no solo está presente en los humanos, sino también en los monos. Si se vacuna a la población de las zonas en riesgo, como se está haciendo, la circulación del virus tiende a bajar, pero no en los monos”, explica Perret.

Otro riesgo latente que podría aumentar la necesidad de vacunas es el cambio de mosquito. Hasta ahora, dice Blamey, el virus es transmitido por un mosquito que habita en las zonas más rurales y selváticas de Brasil. Si se llega a infectar un mosquito que viva en el circuito urbano, en ciudades como Río o Sao Paulo, se iniciará un nuevo brote que afectará a una mayor cantidad de población y también se recomendará a quienes viajen a esa zona.

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