Apocalipsis ahora

Durante décadas, el cine se ha atrevido a predecir la fecha del colapso global provocado por el calentamiento global, la sobrepoblación, el alzamiento de los robots y varias otras crisis. Ahora el mundo ya está viviendo ese oscuro futuro que adelantaron varias películas.

La economía mundial está colapsada, los alimentos y los recursos naturales escasean, las noticias falsas son usadas para manipular la opinión pública, las telecomunicaciones son monitoreadas por el Estado y los realities televisivos operan como una herramienta para distraer a la masa de la opresión en que vive. Esta descripción podría calzar perfectamente con diversos sucesos del año pasado, pero en realidad fue el 2017 que imaginó hace tres décadas The Running Man, película protagonizada por Arnold Schwarzenneger que, al igual que otros filmes, le puso fecha a un futuro perturbador que hoy está dejando de ser una mera ficción.

Hace unas semanas, el crítico británico Steve Rose se encargó precisamente de destacar en The Guardian que el mundo ya entró en una “incómoda era en la que transcurren muchas ‘cintas futuristas’, usualmente de la variedad distópica, apocalíptica, del tipo ‘en realidad no queremos que esto se vuelva realidad’”. Si se analizan estas cintas, escribe Rose, “tendremos suerte de sobrevivir hasta 2049, cuando transcurre la reciente secuela de Blade Runner”.

Tal como señala Rose, los límites entre ficción y realidad se difuminan rápidamente. Por ejemplo, Rollerball (1975) mostraba un 2018 en que el mundo está dominado por megacorporaciones monopólicas que dominan globalmente el transporte, los alimentos y otros sectores. Un futuro que ya tiene ejemplos concretos: hace algunos meses, la empresa alemana Bayer anunció su intención de comprar Monsanto, un negocio de 66 mil millones de dólares que daría origen a la mayor compañía mundial de pesticidas y semillas. El trato todavía no ha sido aprobado por la Unión Europea, debido a los temores que existen por la generación de competencia desleal y monopólica en ese mercado.

Rose también menciona la cinta de horror La purga, que transcurre en 2017 y describe “una noche de violencia y anarquía aprobada por un gobierno de Estados Unidos totalitario y que elimina los derechos civiles, un clima que recuerda bastante a las protestas de Charlottesville”. Esas manifestaciones se produjeron en agosto y fueron protagonizadas por grupos de extrema derecha que salieron a las calles estadounidenses con rifles automáticos, banderas nazis y cánticos racistas. Incluso, uno de ellos arrolló con su auto a 19 personas y mató a una mujer de 32 años.

La lista de crisis inminentes del cine incluye al primer filme de Blade Runner, estrenado en 1982 y que transcurría en 2019. Aunque los autos voladores todavía no llegan al mercado –la compañía Pal-V recién lanzará el primer modelo comercial en 2018- y los androides todavía son una ficción, la cinta protagonizada por Harrison Ford sí adelantaba la actual degradación ambiental, la polución y la expansión descontrolada de las ciudades. “Igualmente preocupante es Akira (1988), el animé por excelencia que transcurre en 2019 cuando Tokio ha sido destruida. En una ominosa coincidencia, Neo-Tokio, la ciudad que la reemplaza, es la encargada de albergar los Juegos Olímpicos de 2020, tal como lo hará la ciudad real, asumiendo que todavía exista”, afirma el crítico de The Guardian.

Akira (1988).

Akira (1988).

La seducción del caos

Este afán por ponerle una fecha al colapso mundial no es producto del azar ni tampoco obedece a caprichos de los guionistas. En realidad, es un recurso que busca cautivar a la audiencia apelando a su instinto natural de supervivencia. “Los apocalipsis inminentes captan más la atención. La audiencia puede ver cómo el apocalipsis va tomando forma en el presente e imaginar cómo nuestras tendencias actuales pueden culminar en esa visión”, explica a Tendencias el profesor Barry Brumett, director del departamento de estudios en comunicación de la Universidad de Texas en Austin, y quien ha estudiado la retórica apocalíptica en la cultura popular.

Quizás eso explica por qué durante toda la década de los noventa Hollywood estrenó un total de 24 filmes con temática apocalíptica, mientras que en los primeros cuatro años de esta década ya habían debutado más de 26. Shmuel Lissek, neurocientífico de la Universidad de Minnesota que estudia el miedo, incluso dijo a la revista Scientific American que saber con exactitud cuándo ocurrirá una gran catástrofe resulta atractivo porque eso hace que “nuestras creencias apocalípticas, esas que nos hacen temer por nuestra mortalidad, sean predecibles”. De hecho, Lissek y Christian Grillon, un colega del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, determinaron que cuando las personas saben el momento exacto en que vivirán una experiencia desagradable o dolorosa, como un shock eléctrico, se produce un relajo. En otras palabras, esa ansiedad producida por la incertidumbre tiende a disminuir.

Saber, por ejemplo, que las máquinas iniciaban su dominio del mundo en 2017 –como contaba Terminator Genysis (2015)- también ayuda a que la gente se prepare e intente hacer algo al respecto. Después de todo, dice Lissek, quienes construyen bunkers para sobrevivir a un caos como el de The Road (2009) –que transcurre en 2019 y mostraba un mundo postapocalíptico dominado por caníbales- tienen claro su objetivo: salir adelante como sea. “El futuro más lejano es a menudo más brillante (Star Trek se desarrolla en el siglo 23), pero las distopias más efectivas son aquellas que nos hacen imaginar que llegaremos a vivir lo suficiente como para experimentarlas y, por lo tanto, nos instan a hacer algo para evitarlas”, escribe Steve Rose.

Dahlia Schweitzer, profesora de guión, televisión y cine en el Art Center College of Design de California, cuenta a Tendencias que incluso estas historias “a veces operan casi como un instructivo. Tras los ataques terroristas del 11/9 varias personas dijeron que estaban preparadas para esos atentados gracias a las películas de zombies”. La académica es autora del libro Going Viral: Zombies, Viruses, and the End of the World, y explica que el alzamiento de los muertos se ha convertido en un espejo particularmente efectivo para anunciar el colapso: “Este cine es conocido por explorar cómo sería realmente en fin del mundo, con pandemias, guerra biológica desatada, violencia incontrolable, caos y saqueos, imágenes que resuenan en el mundo post 11/9. Lo perturbador no es que el planeta pueda caerse a pedazos, sino que tal vez ya esté ocurriendo”.

Un futuro oscuro

Más allá de lo que anticipa el cine para los próximos dos años, lo que viene para el futuro más lejano tampoco es muy auspicioso. Quedan sólo cuatro años para el colapso desatado por el calentamiento global y la sobrepoblación que mostraba Soylent Green (1973) y nueve para el mundo de V for Vendetta (2005), que describía a Estados Unidos hecho trizas por una nueva guerra civil y a Europa azotada por una pandemia. En ese filme, el Reino Unido es controlado por un régimen fascista policial liderado por el partido Norsefire, que ejecuta o envía a campos de concentración a inmigrantes y representantes de distintas minorías. Una amenaza que hoy ha revivido en países como Alemania, donde AfD se convirtió en 2017 en el primer partido de extrema derecha en llegar al Parlamento desde la II Guerra Mundial.

Soylent Green (1973).

Soylent Green (1973).

En 2027 también se ambientaba Children of Men (2006), que mostraba una humanidad prácticamente infértil, una realidad que, según un estudio de la Universidad Hebrea de Jerusalén, está volviéndose realidad: en 2060 la mayoría de los hombres estadounidenses y europeos serán incapaces de engendrar. Steven Schlozman, siquiatra infantil de la Universidad de Harvard y autor de una novela sobre el alzamiento de los zombies, cree que la fascinación con estos escenarios no surge necesariamente del colapso en sí, sino que del mundo que viene después.

“En mi consulta hablo con niños y suelen verlo como algo bueno. Dicen ‘La vida sería tan simple. Le dispararía a algunos zombies y no tendría que ir a la escuela”, dijo el experto a Scientific American. Clay Routledge, sicólogo experto en nostalgia de la Universidad Estatal de Dakota del Norte, coincide en que muchas personas tienden a romantizar el fin de los tiempos: “Algunas narrativas apocalípticas parecen basarse en la fascinación con un reinicio cultural y tecnológico en el que podemos escapar de todos los problemas y las complejidades de la vida moderna mediante un nuevo comienzo. Este tipo de pensamiento parece estar motivado por una nostalgia histórica en la que la gente cree que la vida era mucho más simple y mejor en el pasado. Para muchos de nosotros unos cuantos días de campamento bastarían para reducir el atractivo de este escenario apocalíptico”, escribe Routledge en una columna publicada en Psychology Today.

Pero el interés que genera un planeta dominado por los simios –que según la película de 2011 comenzará a hacerse realidad el próximo año- o la lucha de clases en la urbe de 2026 de Metrópolis (1927) tiene otra faceta: la necesidad de sentirse significantes. Derek Dwilson, fundador de PostApocalypticMedia.com –portal dedicado a este género en el cine, la televisión y otros medios-, indica a Tendencias que a “medida que la población mundial crece, nos vamos sintiendo cada vez más pequeños y sin poder. Sentimos que no tenemos control y que nuestras elecciones no importan. Pero si sobrevives al apocalipsis, podrías volverte muy importante y de manera bastante rápida. Podrías convertirte en un gran inventor, aun cuando no tengas conocimientos de ingeniería. Podrías llegar a ser un gran líder político sin tener una fortuna o fama como prerrequisito. Cuando partes de cero, generas oportunidades que antes no existían”.

Lo que le espera al mundo según el cine

2017: The Running Man
Cinta basada en un libro de Stephen King en el el que, tras el colapso de la economía, EE.UU. se vuelve un estado policial totalitario. El gobierno pacifica a la población emitiendo shows donde los criminales luchan por sus vidas.

2018: Rollerball
El mundo es un verdadero estado corporativo global, dominado por entidades como Energy Corporation, un monopolio energético mundial basado en Houston. Un violento deporte conocido como Rollerball se vuelve un verdadero sustituto de la guerra.

2019: Blade Runner
Un ex policía de Los Angeles llamado Rick Deckard tiene como trabajo ser un “blade runner”, un experto en rastrear y eliminar seres creados mediante bioingeniería y conocidos como “replicantes”.

Blade Runner.

Blade Runner.

2020: Titanes del Pacífico
Una serie de robots gigantes conocidos como Jaegers se ven obligados a defender Anchorage del ataque de enormes criaturas llamadas kaijus.

2022: Soylent Green
Un policía debe investigar el asesinato de un millonario hombre de negocios en una ciudad de Nueva York donde viven 40 millones de personas y casi nadie tiene trabajo. Además, en el mundo los océanos mueren producto del efecto invernadero y la polución.

2026: Metrópolis
Freder, el acaudalado hijo del amo de la ciudad, y María, una trabajadora pobre, intentan superar la enorme separación que existe entre las clases de la urbe.

2027: Children of Men
Han pasado dos décadas desde que la infertilidad humana ha dejado al mundo al borde del colapso. En el Reino Unido, un funcionario civil intenta ayudar a una refugiada a escapar del caos y las leyes opresivas que se aplican a los inmigrantes.

Children of Men.

Children of Men.

2027: V for Vendetta
Estados Unidos vive una segunda Guerra Civil, la pandemia del virus St. Mary arrasa Europa y el Reino Unido es manejado por el partido Norsefire como un estado policial fascista donde opositores, inmigrantes, judíos, ateos, homosexuales son detenidos y ejecutados en campos de concentración.

 

Seguir leyendo