Columna de sismología: Especial del terremoto más grande de todos. Hoy, la caída del sur de Chile.

Este martes se cumplen 58 años del terremoto más grande jamás registrado instrumentalmente: el de 1960 en el sur de Chile. Un evento que no se ha vuelto a ver en el mundo, y cuyas heridas en el sur de nuestro país continúan hasta hoy.


Muchos habitantes del sur de Chile comenzaron su día domingo 22 de mayo de 1960 hablando sobre el terremoto que había afectado a Concepción el día antes. Varios comentaban sobre cómo el terremoto de magnitud Mw 8.1 los despertó el día anterior. Pero luego siguieron sintiendo una secuencia de sismos. Uno de ellos fue importante, y puso a muchos en alerta. Apenas 15 minutos más tarde, se desencadenó el terremoto más grande de todos. Uno que dejaría expuesta la vulnerabilidad de muchas ciudades en el sur, y cambiaría la forma en que Chile se desarrolló desde Concepción hasta Aysén.

Valdivia fue una de las ciudades más afectadas por el megaterremoto. Esto ocurrió debido a su ubicación, muy cercana a una de las zonas con mayor desplazamiento entre placas, por lo que recibió directamente las ondas más grandes. Esta ciudad era un centro industrial del sur de Chile, y la mayoría de estas industrias estaban localizadas a las orillas de sus ríos. Por lo mismo, era muy importante económicamente para el sur. Algo parecido ocurría en Puerto Saavedra, un pueblo costero de la Araucanía, que en esos tiempos era un puerto fluvial importante, que tenía todos los servicios modernos de la época: correo, banco, muchos centros comerciales, y un cine. También había industria, por lo que Saavedra era un foco de desarrollo del país. Más al sur, en la Isla Grande de Chiloé, Ancud también tenía cine, y funcionaba de manera constante el tren que unía a esta ciudad con Castro. En esa época Chile no estaba tan centralizado, y pese a que había muchas personas en situaciones precarias, el desarrollo llegaba de una forma algo más equitativa a las distintas ciudades.

Los primeros movimientos del terremoto fueron suaves, como los de un bote en el mar. No como el caso del terremoto del Maule del 2010,que partió de manera impulsiva. Eso seguramente se debe a que el terremoto de 1960 partió con un terremoto lento, donde las placas se deslizan entre sí lentamente, no de forma súbita. Los testimonios de los que vivieron el evento hablan de la desesperante sensación de un movimiento que no nunca se acaba. Y es que más de 10 minutos no es menor. Se abrieron grietas que se llevaban animales. Las personas cuentan cómo el sueño se levantaba y caía, oscilando de tal forma, y con tanta violencia, que no podían evitar pensar que el fin del mundo había llegado. Los gritos y el pánico rellenaron el espacio. Ya estaba, se acabó todo. Las ondas superficiales del terremoto, causantes de ese movimiento, generaron estragos.

Apenas el suelo dejó de moverse se pudo ver que, si bien muchas construcciones se cayeron, varias permanecieron en pie. Pero luego el mar se replegó, y volvió con fuerza, en una secuencia de muchas olas. La pequeña calma comenzó a verse interrumpida por los gritos de muchos ordenando a correr hacia los cerros. Allí, la tradición oral fue crucial para poder salvar vidas. Una secuencia impactante se tomó en Puerto Saavedra, donde las personas miran desde un cerro cercano cómo las olas del tsunami destruyen su pueblo.

Pero así como la tradición salvó vidas, también se llevó una. Un grupo mapuche entendió la situación como un castigo divino, cuya solución pasaría por una vuelta extrema a las raíces para lograr calmar a la naturaleza. Fue así que una machi determinó que había que sacrificar a un niño que no tuviera a sus padres. Sobre su decapitación y posterior lanzamiento al mar cerca de Puerto Saavedra se ha investigado mucho, y el tema tiene muchísimas aristas. En mi opinión de ciudadano nacido en 1985 me parece que nada justifica el asesinato de un niño, pero para entender este hecho no se puede caer en un análisis simplista. Casualmente se cuenta que una vez que ocurrió el sacrificio (el 5 de junio) dejó de temblar tanto. Sin embargo esto no es tan cierto, pues pese a que la cantidad de sismos sensibles era bastante menor, las réplicas más grandes aún estaban por ocurrir. Esto lo podemos ver en el siguiente gráfico, donde la línea negra muestra la cantidad de sismos de magnitud mayor a 5 por día, y las zonas naranjas representan al momento sísmico, que nos dice cuan grande es un terremoto. La línea roja marca el día del sacrificio. Justo después de la fecha en que se supone que este tomó lugar vinieron las réplicas más fuertes.

Las réplicas del terremoto duraron años. El tsunami mató personas en Hawaii, y ocasionó grandes daños en Japón. Fue un evento global, como se ve en esta ilustración del mayor tamaño de ola del NOAA.

El sur de Chile fue rápidamente declarado como zona de desastre. El gobierno de Jorge Alessandri tuvo que destinar una buena parte de su alicaído presupuesto a una larga y dolorosa reconstrucción. Sin embargo, los sobrevivientes suelen mencionar que la ayuda del gobierno no se vio más allá de la reconstrucción de algunos edificios públicos. En Chiloé pasaron semanas antes de que pudiera ver a alguna autoridad gubernamental. Tanto así que incluso en Puerto Montt se rumoreaba que la isla habia “desaparecido”. Las industrias murieron, y el desarrollo en esa parte del mundo se estancó. Muchas personas, que pasaron frías noches de otoño en la interperie, no creyeron posible la reconstrucción: la tarea era simplemente titánica. Además, y debido al hundimiento del suelo generado por el terremoto, muchas zonas costeras quedaron inundadas para siempre, forzando la forma en que las ciudades debían levantarse. Por ejemplo, las personas en Valdivia fueron movidas hacia las partes más altas, pero no todos volvieron hacia el centro, lo que cambió permanentemente la forma del desarrollo.

Las heridas del megaterremoto con su tsunami duraron décadas. El sur de Chile, en particular su zona costera, se empobreció por mucho tiempo. Con los años, el país pasó por muchos cambios sociales donde se terminó favoreciendo un libre mercado voraz, con un rol mínimo del Estado, por lo que no hubo planes para impulsar el desarrollo de zonas que aún sufrían. Y mientras el desarrollo llegó de forma desigual, las ciudades grandes fueron acaparando los recursos, mientras que los pueblos y ciudades menores de la costa se empobrecerion. A Valdivia le tomó décadas desarrollarse colo una ciudad de servicios, y aún así hoy se está construyendo hacia los humedales generados post terremoto, que aparte de ser zonas que hay que proteger desde el punto de vista ecológico, son malos lugares para construir si queremos que las casas resistan a un futuro sismo importante. Otros lugares simplemente quedaron a la deriva. El tren no volvió a Chiloé, el puerto en Saavedra dejó de existir, y con ello el comercio se fue. Es tanto así que hoy se ha dado un fenómeno bien peculiar: viajar a los pueblos costeros del sur de Chile se ha convertido, la mayoría de las veces, en un viaje al pasado, no tan alejado de aquel fatídico día de 1960, que nos dejó en claro por qué los desastres no son naturales.

Cristian Farías Vega es doctor en Geofísica de la Universidad de Bonn en Alemania, y además profesor asistente en la Universidad Católica de Temuco. Semanalmente estará colaborando con La Tercera aportando contenidos relacionados a su área de especialización, de gran importancia en el país dada su condición sísmica.

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