La Tercera

Decir lo que los demás quieren escuchar: vida y obra de un cazador de retuits

Reiteradamente se comenta que está de capa caída, a la baja, que no es capaz de hacerle frente a sus “hermanos”. Pero Twitter, en Chile, se mantiene como un nicho interesante, con una caja de resonancia importante, proclive a las polémicas y a formar figuras de Internet: los otrora denominados “tuiteros influyentes” que, a través del humor, el sarcasmo y, hoy poy hoy la corrección política, construyen un peculiar perfil. ¿Qué ganan con los retuits? ¿Por qué buscan la fama en las redes sociales?

Un tipo, celular en mano, intenta prestar atención al noticiario de turno. Le es difícil: el aparato no deja de pestañear. Amaga con dejarlo a un costado, pero una luz insistente, titilando, lo frena. La burbuja de notificaciones anuncia que a alguien le gustó su último tuit. No pasa mucho para que ese me gusta se multiplique. Otros tantos comparten, retuitean, la publicación. Cada tanto se cola un mensaje de WhatsApp, acaso otro de Facebook, pero las notificaciones de Twitter son las que lo mantienen entretenido. De pronto, un mensaje interno: es de un desconocido, como casi siempre, que le envía una grabación; entretiempo O’Higgins versus Deportes Temuco: seis segundos en los que se puede escuchar, clarito, “¡ah, me las llevái contadas, conch…!”. RT y a seguir.

Con más de 57 mil seguidores y cientos de retuits diarios, @Televisivamente, el espacio que creó en 2010, reconocido por sus ácidas críticas televisivas y por sus veloces pantallazos sobre los escenarios más insólitos de la parrilla criolla, convirtió a Luis González en todo un influencer. Sobre todo en la red del pájaro azul. “En Facebook tengo más seguidores, pero me decanté por Twitter porque encuentro que hay más feedback, hay más gente que contesta, que comenta las cosas contigo, que te manda aportes de cosas que vieron en televisión”, explica.



—¿Cuánto tiempo le dedicas a Twitter?

—El tiempo que le dedico a Twitter y puedo ver, es lo que me deja el trabajo. Y hay gente que me colabora, que me deja cosas que no puedo ver, que me pierdo o que se me pasan. Me dicen: ‘En tal canal pasó tal cosa’, y me ayudan. Por eso siento que es un trabajo colaborativo entre la gente que quiere aportar y yo los retuiteo o los menciono.

—¿Y te genera algún tipo de ingreso?

—No me genera nada. Lo que sí me genera es la página hermana: Seriepolis, un sitio web dedicado exclusivamente a las series. Eso me deja un aporte monetario. Pero Televisivamente, como perfil, nada. Eso sí, gracias a ella, Seriepolis ha tenido repercusión. Todo lo que pasa en Seriepolis lo retuiteo en Televisivamente y eso genera que las visitas aumenten, haya más gente en redes y me llamen para hacer cosas. Hace años, VTR me llamó para aparecer en los comentarios de los Premios Emmy, y eso es pagado. También permitió algunas campañas que he hecho por Seriepolis. Televisivamente es como la ventana de distribución y me ha ayudado, porque Seriepolis tiene muchos menos seguidores. Gracias a Televisivamente eso ha ido aumentando, ha sido un apoyo. No me genera nada monetariamente, pero sí otros aportes.


Para González el momento “crítico” de la programación criolla, enfocada en “la dueña de casa”, valida las constantes quejas que se pueden leer en Twitter y ese rescate de ‘lo peor de lo nuestro’ que ofrece @Televisivamente. Pero, asegura, hay gente que no lo entiende. “Que se lo toma muy a pecho”, aclara. Y eso es lo que suele molestarle de la red del pajarito. “Hay gente que opina sin saber, sin tener fundamentos, y eso es lo más criticable de Twitter. Por eso la gente se ha alejado un poco, hay poco crecimiento en el resto del mundo”.



El retuit: clave en la proliferación del cazador

Las cifras de Twitter nunca se pudieron comparar a las conseguidas por Facebook o Instagram, sus redes sociales hermanas. Pese al crecimiento sostenido que logró entre 2010 y 2014, y esa suerte de consolidación que significó -desde entonces- el aumento de la comunidad de usuarios, el pájaro azul registró pérdidas por 577 millones de dólares precisamente en 2014 y 521 millones de dólares un año más tarde.

La respuesta de Jack Dorsey y compañía no se hizo esperar y, en febrero de 2016, buscando mejorar la experiencia que ofrece la plataforma, recurrió a uno de sus ases bajo la manga: seleccionar y exhibir los contenidos más relevantes a sus usuarios, cortando así, de golpe, el estricto orden cronológico que imperaba en su timeline.

“Mostrar los mejores Tweets primero”. El nuevo algoritmo pretendía a través de un breve resumen, emulando lo hecho por Facebook, impulsar las publicaciones e interacciones más populares del momento y, de paso, equilibrar la balanza entre relevancia y tiempo real, girando la esencia de la red social.

Y parece haber dado en el clavo: según un estudio recogido por Europa Press, Twitter pasó de los 3,5 millones de perfiles en 2014 a 4,9 millones en 2017. Pero, además, permitió el nacimiento de esta suerte de ‘cazador’ a través de un aumento significativo del elemento insigne de la red social: el retuit -o la republicación del tuit de otro usuario-.

“Son los que te ayudan a conseguir más gente. Y una vez que uno traspasa cierta barrera, llegan por montones. Después de alcanzar los 30 mil seguidores, por ejemplo, @Televisivamente empezó a crecer, crecer y crecer”, asegura González.


Corrección política: la moral al servicio del retuit

Concebida con la idea de reivindicar minorías, priorizar el respeto y limitar la descalificación infundada, hoy se la señala como una tendencia odiosa, extremista, fiscalizadora de prácticamente todo y también responsable de múltiples peleas. El escritor peruano Mario Vargas Llosa, ganador del Nobel de Literatura en 2010, incluso la definió como “enemiga de la libertad”. Es la corrección política, una manera de pensar que abunda en las redes sociales y, preferentemente, en Twitter.

Sin ir más lejos, en noviembre del año pasado, el vocalista de los Ases Falsos, Cristóbal Briceño, hizo un llamado a no votar en las primarias de las elecciones presidenciales. “Abstenerse es un compromiso con la realidad”, opinó entonces. Twitter no aceptó sus palabras y ardió: comentarios como “Briceño saco de h…. Que se vaya a estudiar un poco, el pedazo de ignorante narciso” se multiplicaron con facilidad. Muchos de sus fanáticos, decepcionados, lo “cancelaron” e incluso sus colegas de Dënver se manifestaron en la red social con una carta abierta repudiando la polémica declaración.

El sociólogo y académico de la Universidad de Santiago, Claudio Avendaño, cree que la corrección política logra esa presencia porque posee una “gran capacidad para instalar temas, para generar ciertos atributos sobre esos temas, y para ir transformando las opiniones, algunas veces minoritarias, en tendencias más generales”.

Por otra parte, asegura que “la fuerte desconexión que existe entre el pueblo y la élite” es el elemento crucial que permite la construcción de estos “liderazgos” que combaten lo que consideran políticamente incorrecto. “Empiezan a asumir una centralidad a partir de una voz que expresa un punto de vista interesante, novedoso y que puede dar cuenta de ciertas demandas, intereses, los afectos propios de grupos que son muy activos en las redes sociales”, explica.

Para Gabriela Piña Cortez, “cancelar” no sólo a alguien que ha cometido un delito o es acusado gravemente, sino también al que piensa distinto o de forma que no nos gusta, responde a que “la gente se siente en el piso, porque ahora todo es súper aceptado, ya nada causa tanto revuelo. Necesitan afirmarse de algo para mantenerse estables. Por ejemplo, la gente que votó por Kast es gente que necesita una moralidad. Quieren mantener siempre un perfil correcto”, apuntando también que se da en ambos extremos: un progresista puede ser tan proclive a generar una moralidad extrema como lo es un conservador.

González, que a través de @Televisivamente propicia la crítica de la TV nacional, piensa que “en Twitter todo el mundo cree tener la razón en lo que se dice, en lo que se comenta. Todos quieren imponer sus ideas, sus puntos de vista sobre el otro. Ahí se forman las peleas”.

Sus agudas e ingeniosas publicaciones hicieron del periodista Francisco Ibáñez, conocido en Internet como @elquenoaporta, una suerte de celebridad en la red del pájaro azul. Hoy, tras nueve años, con más de 248 mil seguidores y 12.700 me gusta en su haber, afirma que le aburre el panorama que predomina: “Me da la impresión de que todo es muy calculado, poco honesto. Se perdió la franqueza que a veces implica opiniones más duras o políticamente incorrectas. Todos terminan, o terminamos, opinando lo mismo, para que no te ataquen”.

“En 2010 había más libertad para opinar. Había discusiones, a veces uno se llevaba una puteada por un tuit demasiado pesado o incorrecto, pero no estaba el riesgo, como hoy, de que te lincharan públicamente o te funaran por reírte de algo o hacer humor, por negro que fuera. Hoy eso se ve todos los días. A cualquiera que se salga un poco del discurso políticamente correcto le caen encima en masa”, asegura.

—¿Qué opinas de los tuiteros actuales, como @patogamblin o @Televisivamente, gente que pareciera trabajar cada aparición en twitter?

—Están en su derecho. Cada uno verá qué dice y cómo lo dice. A mí me da lata pensar tanto cada tuit.


Los favoritos del mercado

Un usuario sentado frente a su computador abandona la escena tras escuchar el timbre de su casa. Grande es su sorpresa al encontrar frente a la puerta a sus 698 amigos de Facebook, sus ex pololas, socios del trabajo, familiares, plantel de Everton, Javiera Mena e incluso al “Tano” Pasman y al mismísimo Charly García, quienes lo saludan efusivamente. Por el nivel de su producción, el comercial de Entel la rompió cuando debutó en 2011.



Durante la presentación de las celebridades, sin embargo, llama la atención la entrada de un tipo con el rostro pixelado, camiseta celeste y la leyenda @elquenoaporta. “¿Sigues al @quenoaporta en Twitter? Bueno, pues también vino”, relataba la voz en off. Francisco Ibáñez, por entonces con 48 mil seguidores y considerado uno de los tuiteros más influyentes a nivel nacional, tocaba techo.

Este tipo de apariciones que involucran a ‘influencers’ se masificaron con el tiempo. En 2015, Pepsi logró que el animador Julio Videla, en uno de sus comerciales, abrazara las “oncescomida” y los “tkm” de @JulioVidela1, cuenta parodia que alcanzó gran fama en Twitter y Facebook por sus cómicas frases y su delirante forma de hablar, repleta de errores de redacción.



¿Por qué el mercado los recompensa y los invita a sus espacios? “Porque les sirve: a las marcas les interesa pasar su mensaje en redes sociales. Llegan a mucha gente”, opina Ibáñez, aunque rápidamente advierte: “Pero no quieren que los salpiquen con peleas. Cualquier persona que sea un poco menos correcta en lo que dice, los expone a que la marca se vea asociada a una discusión”.

Avendaño, en esa misma línea, afirma que “quienes necesitan de la publicidad para poder funcionar en el ecosistema de las comunicaciones van detrás de grupos minoritarios/mayoritarios porque éstos van construyendo ciertos temas y niveles de adhesión que son atractivos para asociarlos a marcas, productos, bienes o servicios”.


Televisivamente: miedo a los retuits

Foto: Tamy Palma (Puroperiodismo, 2014)

Basta con echar un vistazo al Moment que ofrece la cuenta: #Pantallazos2017, un resumen con imágenes de las situaciones más curiosas que ofreció la televisión chilena durante el año pasado. Las cifras son decidoras. Y dan cuenta de la progresiva fama que ha alcanzado @Televisivamente en Twitter: la selección de 101 publicaciones suma 25 mil retuits, con un promedio de, aproximadamente, 248 por cada una.

Sin embargo, Luis González asegura tomarse con cierta incertidumbre la situación.

—Me da miedo, porque no sé si los retuits son porque es una publicación buena o si es por algo malo. Me da una especie de inseguridad: ‘¿Será porque le gustó, porque no le gustó?’, me pregunto. Entonces me da nervios ver que algunas publicaciones tienen más de 500 o 600 retuits. Por lo general, por los comentarios que me hacen, parece que es por algo bueno. Pero, también, muchas veces algo terrible por el contenido en sí, porque de repente son cosas que dice la gente en televisión y que son cuestionables.