Inyección y píldora son los métodos anticonceptivos más usado por las adolescentes

Al comienzo de su vida sexual prefieren anticonceptivos orales, pero el método inyectable y el implante subcutáneo están ganando terreno.


En 2007, según el Plan de Acción 2012-2020 del Programa Nacional de Salud Integral de Adolescentes y Jóvenes, del Ministerio de Salud (Minsal), 3.626 menores de 15 años y 133.580 adolescentes entre 15 y 19 años, solicitaron algún método anticonceptivo.

Para 2017, esas cifras aumentaron: 209.053 adolescentes y 287.049 jóvenes (20-24 años) fueron controlados por método de regulación de fertilidad en el sistema público. Esos son los datos preliminares que entrega el Departamento de Estadística e Información en Salud (DEIS) del Minsal.

¿Qué es lo que más utilizan? En ambos grupos, adolescentes y jóvenes la pastilla anticonceptiva es la primera con 31,4% de las preferencias y 29,5%, respectivamente. En segundo lugar, también para los dos grupos está la inyección mensual y en tercer lugar el implante subdérmico o subcutáneo. El preservativo, representa el 5% de las preferencias entre los adolescentes y apenas el 2,9% entre los usuarios jóvenes.

Solo el año pasado, la Atención Primaria de Salud implementó un registro estadístico mensual que registra el género de los usuarios adolescentes: 44,7% de las atenciones fueron a varones y el 55,3% a mujeres.

Un reciente estudio del Centro de Medicina Reproductiva y Desarrollo Integral del Adolescente de la Facultad de Medicina de la U. de Chile (Cemera), muestra que las preferencias actualmente se inclinan mayoritariamente por el uso de la inyección mensual (68,1%), seguido por la píldora anticonceptiva (ver infografía).

La investigación contempló una encuesta a 116 jóvenes usuarias de Cemera, y se publicó en la revista Chilena de Obstetricia y Ginecología en diciembre pasado. Los resultados muestran que la elección del método está marcada por evitar el embarazo: 90,4% de las adolescentes reconoce es principal factor a la hora de elegir un anticonceptivo.

La protección contra las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), es la segunda más nombrada (82,5%), después viene el regular el ciclo menstrual (58,3%), que no influye en mis reglas (56,8%) y que tiene bajo riesgo de aumentar de peso (50%).

“Los primeros años, las adolescentes preferían los anticonceptivos orales, pero después fue cambiando y comenzaron a solicitar con mayor frecuencia el inyectable pero en el último tiempo, este año especialmente, la solicitud más importante es el implante, que se coloca en el brazo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda este anticonceptivo, señalando que es el más conveniente para este tipo de población que necesita posponer por más tiempo su maternidad”, indica Electra González, sub directora del Cemera.

¿Por qué prefieren la inyección? Muchas asisten sin que sus padres lo sepan, explica González, y ese método es más cómodo que las pastillas que pueden ser vistas por ellos o por otro miembro de la familia. Las adolescentes dicen que no optan por la píldora anticonceptiva, principalmente por dificultad de recordar tomarla todos los días.

Escaso uso de condón

Pese a que el segundo factor de elección es la protección contra las ITS, incluido el VIH, en la práctica solo un 18% utiliza condón como método de barrera paralelo, revela el estudio. “Como Cemera incentivamos fuertemente el uso del condón en todas y todos los adolescentes que nos consultan, pero en la práctica no ocurre”, dice González.
Jaime Barrientos, académico de Psicología de la U. Alberto Hurtado, valora que el principal objetivo del uso de anticonceptivo sea el no quedar embarazada, “pero la sexualidad comprende un conjunto de efectos, y no sólo es el embarazo, también las ITS”.

En el caso de las ITS, dice Barrientos, la única forma de prevención es el uso de preservativo de forma consistente, frecuente y en todas las relaciones sexuales. Que no sea el método más usado, cree es porque ha disminuido la percepción de riesgo. “Antes, por ejemplo, la gente se moría por VIH, y respecto a las ITS existen medicamentos, entonces se piensa que puede ser que no sea tan terrible, pero tiene altos efectos de carga de salud, para el Estado”.

Los datos alertan de la necesidad de contar con estrategias integrales de salud pública y educacional, centradas en las necesidades de adolescentes para promover el uso del condón, agrega González. ¿Por qué no lo ocupan? Porque es incómodo interrumpir la intimidad para poner el preservativo y porque a sus parejas y a ellas, les molesta.

Una evidencia del machismo que predomina en la sociedad, señala Carmen Gloria Finieux, directora del Centro Chileno de Sexualidad y académica de Psicología de la U. Diego Portales. “Las mujeres siguen siendo las encargadas de las decisiones de la familia, maternidad y sexualidad. Ella es la que se encarga en general del tema”.

Sobre cómo viven hoy la sexualidad los adolescentes, se sabe muy poco, dice Barrientos. “Se estudia poco y se requiere considerar la existencia de sexualidades diversa y una política pública que avance en eso”.

Atención primaria

La Red de Atención Primaria cuenta con 567 establecimientos de salud: 417 CESFAM, 84 Consultorios y 66 Consultorios rurales que atienden a toda la población beneficiaria de Fonasa. El único requisito es estar inscrito en el Centro de Salud al que concurre. Habitualmente atienden entre las 8 y las 17 horas, pero algún cuentan con extensión horaria hasta las 20:00 horas. A partir del año 2008 los Espacios Amigables para la atención salud de adolescentes en la Atención Primaria, un lugar diferenciado, accesible para la atención de adolescentes de 10 a 19 años. Además de los horarios diferidos y espacios diferenciados, se resguarda la privacidad y confidencialidad de la atención que brindan matrona o matrón, asistente social o psicólogo (a), todos con un enfoque preventivo y promocional con énfasis en salud sexual y reproductiva. En total, hoy funcional 263 de estos espacios.
Desde Minsal también hacen hincapié en que la atención a adolescentes no exige que ésta se realice en compañía o con autorización de un adulto responsable.

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