La falta de tiempo, la nueva pobreza que preocupa a los especialistas

La falta de tiempo es transversal, dicen expertos, y afecta a ricos y pobres por igual.

Documental Ladrones de Tiempo alerta sobre la cada vez menor disponibilidad de horas para hacer cosas que la gente realmente quiere o aprecia. El 10% de la población adulta en el país entra en la categoría “pobre de tiempo”, pues trabaja más de 12 horas, cifra que sube a 26% si se incorporan las horas de transporte.


No es necesario ir a una agencia de viajes para comprar pasajes o reservar un hotel. Hoy todo se hace online. Opción que se agradece en función de “ganar tiempo”. Sin embargo, cuando la realizadora Cosima Dannoritzer buscó un vuelo online, hizo la reserva, descargó su tarjeta de embarque y pagó, al ver que le añadieron un cobro por ello se cuestionó ¿quién debería pagar a quién? “Nuestro tiempo se ha convertido en un recurso natural como el crudo, las tierras raras o el oro, y hay muchos que quieren sacar provecho de ello”, explica a La Tercera.

El tiempo es oro. Una frase que resume la relevancia actual de ese bien escaso. Pero hoy, dice Dannoritzer, se reduce cada vez más, porque los servicios los hacen los mismos clientes, como ser cajeros en el supermercado o banco, a tomar un pedido en un restaurante. Por eso recorrió el mundo para documentar lo que dice es un problema en alza. La falta de tiempo es la nueva pobreza, alerta en su documental Ladrones de Tiempo.

“A lo largo de un día, encontramos muchos ‘ladrones de tiempo’ en el camino -en el supermercado se nos pide pesar la fruta y luego pagar usando un cajero automático; el restaurante nos pide recoger los platos; las líneas aéreas nos exigen un check-in automático y facturar las maletas; la tienda de muebles pide hacer el montaje en casa”, señala.

Incluso, ya se habla del consumidor como un partial employee (empleado parcial), es decir, “nuestro tiempo es parte del proceso de producción, son solo cinco minutos por aquí, 10 por allí, pero se van sumando”.

El documental se rodó en Alemania, Inglaterra, Francia, España, EE.UU. y Japón, y muestra lo generalizado del problema. “Lo que me impresionó mucho era ver en EE.UU. que nuestra obsesión con el tiempo ha llegado al nivel de que en algunas fábricas de fast food restringen las pausas de baño de los trabajadores, porque los gerentes lo ven como una pérdida de tiempo y ganancia”.

No esperaba hallar situaciones así en un país desarrollado. Pero eso se expande también en Europa, dice. “Quieren que cuando trabajamos tengamos un rendimiento sin pausa, como si fuéramos máquinas. Pero no lo somos”.

Multifactorial

En Chile también se vive pobreza de tiempo. Un estudio de 2015 de la economista de la U. de Chile Andrea Encalada, Definiendo la pobreza desde una óptica de tiempo, dice que es posible hablar de ese tipo de pobreza cuando las personas trabajan más de 12 horas al día.

Diversos autores y estudios desde los 70, dice Encalada, usan esa medida para definir el umbral de la pobreza en términos de tiempo. Al analizar la encuesta piloto de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (Enut) del INE de 2007, vio que en Chile la tasa de pobreza de tiempo general es 9,8%. En los hombres alcanza el 9,5% y en las mujeres, el 10,2%.

Al incorporar las horas de transporte por motivo de trabajo, aumenta casi al triple, 26% (29% los hombres y 23% las mujeres). Con un buen sistema de transporte, “también se les está regalando tiempo a las personas”, dice Leonardo Moreno, director ejecutivo de la Fundación para la Superación de la Pobreza.

La pobreza entendida solo como falta de ingresos es una mirada simplista frente a un fenómeno mucho más complejo, indica Encalada. “Hoy existe consenso en la necesidad de incorporar otras variables en la medición de la pobreza, sin embargo, el tiempo no es considerado aún como una variable relevante”.

El tiempo es una oportunidad, agrega Moreno, y como todas las oportunidades son sociales, “pues no se las da la persona, sino el Estado, la empresa privada, la sociedad civil en general”.

Morir por un cheque

Wenceslao Unanue, académico de la U. Adolfo Ibáñez y director del Instituto del Bienestar, señala que ese desbalance se da porque se dedican muchas horas al trabajo, “porque en un sistema tan capitalista como el nuestro, la gente tiene miedo a perder el trabajo”.

Jeffrey Pfeffer, experto de la Escuela de Negocios de la U. de Stanford, publicó el libro Dying for a Paycheck (Morir por un cheque), para mostrar cómo cada día mueren personas en el mundo por exceso de trabajo. “No se presta suficiente atención a que las personas están dispuestas, como dice el título de mi libro, a morir por un cheque”, comenta a La Tercera.

Estudios muestran que largas horas de trabajo (y el trabajo por turnos) afectan negativamente la salud de las personas, incluido su bienestar psicológico. “No debería sorprender, teniendo en cuenta la creciente evidencia sobre las conexiones entre el sueño y el funcionamiento y la salud del sistema inmune, y la realidad de que las personas no pueden dormir y trabajar al mismo tiempo”, dice Pfeffer.

La escasez de tiempo, incluso, afecta los proyectos personales y familiares, agrega Unanue. “Se posterga tener hijos, y cuando los tienen no los ven, por eso hoy existen cosas aberrantes como los after school, y eso ocurre porque no nos hemos cuestionado qué clase de vida vamos a vivir”.

Y es un problema presente, en mayor o menor medida, en todas las clases sociales. “Los más pobres como los más ricos tienen menos tiempo de ocio, porque está asociado al trabajo”, señala Encalada.

La falta de tiempo está en todas las sociedades, dice Moreno, y “tiene que ver con que la vida se ha precarizado mucho, particularmente en el trabajo”

Los gobiernos deben reconocer los costos económicos y sociales de las prácticas de trabajo dañinas y actuar, dice Pfeffer, como lo han hecho en el caso del entorno físico, “para evitar que las empresas se comporten de manera que dañen el entorno humano y comprometa la sostenibilidad humana”.

Ser ‘pobre de tiempo’, dice Dannoritzer, implica no poder participar de la misma manera en la sociedad. “Si tengo un sueldo bajo, no puedo comprarme tiempo extra contratando servicios. Garantizar un mínimo de tiempo libre para todos debería ser parte de una democracia moderna”.

Tal como dice uno de los personajes del documental, el político y activista de tiempo Fabián Mohedano en España: ‘Todos vivimos 24 horas al día, pero no todos lo vivimos iguales. Si distribuimos el tiempo de manera diferente, igualamos a las personas”.

Activistas del tiempo piden una rebaja de las jornadas laborales

Los horarios de las jornadas laborales hacen cada vez más difícil conciliar vida familiar y trabajo en muchos lugares del mundo. En respuesta a ello, en España hace algunos años la sociedad civil reclama una “reforma horaria”. A diferencia de lo que ocurre en otros países de la Unión Europea en que las jornadas terminar cerca de las 17.00, en España lo normal es que se alarguen hasta las 19.00 o 20.00.

Diversas organizaciones civiles piden ese cambio, dicen, para combatir la desigualdad social por culpa de los horarios. “Es una reforma liberal. Nos debe ayudar a poder decidir por nosotros mismos cuándo queremos comer, cenar, hacer deporte, ir al teatro, o ir a dormir, etc. Con los horarios actuales es muy complicado”, ha dicho en medios españoles el político y activista de tiempo Fabián Mohedano.

Lo que el movimiento pide es compactar la jornada laboral para salir antes del trabajo, introducir horarios laborales más flexibles de entrada y salida, adelantar las horas de las comidas, y sincronizar los horarios de las empresas con otro tipo de instituciones.

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