La rebelión de las nerds

Autor: Tania Opazo

Foto: Sebastián Brogca

Camila Vilches lidera la recientemente creada Asociación de Mujeres en la Industria de los Videojuegos, que tiene por objetivo visibilizar a la fuerza femenina dentro del mundo gamer y combatir el machismo que, acusa su creadora, las afecta de manera constante.

En febrero, Camila Vilches -26 años, pelo azul, anteojos grandes- compartió en Twitter un largo hilo donde reflexionaba sobre cómo “el feminismo y la sororidad han cambiado el mundo ñoño”. Sus comentarios, explicaba, se basaban en lo que había visto tras “años de estar en eventos de animé y videojuegos, tanto como asistente, prensa y también organizadora”. Detallaba cómo el prejuicio, maltrato y acoso a las mujeres en este ambiente ha ido lentamente disminuyendo, pero hacía hincapié en que aún quedaba mucho por avanzar.

Sus tuits no eran azarosos. Aparecían días después de que Pancha Sky, jugadora y rostro del mundo gamer, subiera a su canal de YouTube un video sobre la discriminación que existe hacia las mujeres en este rubro. La publicación era auspiciada por OMEN, una línea de laptops de HP.

“Siempre voy a celebrar que se hable más de esto, pero me molestó que se dijera que ella era ‘la primera’ en levantar este tema. Puede que sea la primera con más pantalla, pero somos varias las que por años hemos criticado el machismo de la industria”, explica Vilches.

Tras el hilo de Twitter, Camila Vilches recibió varios mensajes directos de mujeres contándole cosas que les habían pasado en eventos gamer. Algunas incluso le confesaron que habían dejado de asistir a esas instancias porque ya no se sentían cómodas o seguras. “Todos hemos visto el acoso, el femicidio, esas cosas, pero en un mundo mucho más chico pasa invisible el tipo mirándole las pechugas a todas las minas en un evento”, dice.

-¿Te sentiste apoyada?
-Mucho. Pensé que me iban a tratar pésimo y todo lo contrario. Igual fue contradictorio, porque el apoyo que recibí me demostró que a todos los hombres de la industria, incluyendo a mis propios amigos, que me apañaron un montón en lo que posteé, no les importaba nada todo lo que habíamos tratado de hacer antes. No se habían dado por enterados. Por eso teníamos que hacer algo más.

Por “algo más”, Camila Vilches se refiere a la Asociación de Mujeres en la Industria de los Videojuegos. Una idea que rondaba en su cabeza hace tiempo, y que en las próximas semanas espera dar su paso final para constituirse legalmente. Hace dos semanas hicieron su primera charla informativa, a la que llegaron 60 personas. Para el Día de la Mujer hicieron su primera campaña virtual: bajo los hashtag #MujeresEnVG y #GirlsBehindTheGames buscaron visibilizar a las mujeres que participan y aportan al mundo gamer.

-¿Cuál es el siguiente paso?
-Queremos hacer un censo virtual a mitad de mayo para tener un panorama más claro de las mujeres que participan de la industria y así planificar capacitaciones y actividades. El objetivo es educar y empoderar a todas quienes son parte de este rubro o quieren serlo, ya sea como un hobby o actividad profesional.

A la cocina

Camila Vilches creció rodeada de libros. Hija de mamá bibliotecaria, se adentró en el mundo de los videojuegos en la adolescencia, cuando después de sus clases en el Liceo 1 terminaba en los Juegos Diana de Ahumada viendo cómo jugaban Street Fighter. Luego, participó de juegos de baile como Para Para o DDR. Empezó a entrar a foros en internet, a participar de eventos de animé, tarreos, muchos organizados por sus amigos.

Después llegó una Playstation 2 a su casa y empezó a jugar con su hermano chico. “Lo que más he jugado en el tiempo es World of Wordcraft (WoW). Partí jugando para el terremoto y no paré más”, dice. Empezó a escribir de videojuegos: primero fue en blog Kiss my bit, luego en Revista Gamer y la Copa Gamer. Además, apoyó las relaciones públicas del Gamer Café. Desde el mes pasado, participa del programa El Videoclub, de la radio INJUV.

“Este es un rubro chico así que nos conocemos entre todos. Seremos cuatro o cinco mujeres versus veinte hombres”, explica. Entre medio, estudió Pedagogía en Inglés en la USACH y hoy hace clases en un colegio. Por tiempo y dinero, juega bastante menos y sólo en su notebook y una consola chica.

-¿Qué tan machista es el mundo nerd-gamer?
-Brígidamente machista. Parte desde el momento en que tú te identificas como mujer en un chat de algún juego. Asumen de inmediato que eres mala. Y una cosa es que te gusten los juegos y otra cosa es que seas bueno. ¡No todos los hombres son buenos!

-¿Qué te han dicho cuando juegas en línea?
-Lo típico es que te mandan a la cocina: “hazme un sándwich”, cosas así. Tengo amigas que optan por no identificarse como mujeres en los chat porque las jotean o tienen que estar cada cinco minutos validándose, justificando su derecho a estar ahí. Yo también me enojaba cuando alguien jugaba mal en WoW, pero entiendo que estás jugando online, que te toca lo que te toca (jugadores al azar) y que la gente quiere divertirse. Por último, yo pagué mi copia del juego y puedo jugar como el hoyo si quiero.

-También el anonimato de la internet propicia esos comportamientos violentos.
-Se refugian en el anonimato para putearte. Además, la mayoría son cabros chicos, o sea, pueden tener 30 años pero son muy inmaduros y tienen poca interacción social. El referente de algunos de esos niños que juegan es Vardoc, un tipo horrorosamente machista, entonces desde que parten en esto tienen pésimos referentes.

-¿Cómo se extrapola eso al mundo real?
-Es bastante menos explícito, pero no por eso menos incómodo. Me acuerdo en los Diana, jugabas Para Para y los tipos no son capaces de controlarse, como te miran no es normal. En los eventos es más o menos parecido, si te pones a jugar se quedan mirando, juzgándote. No te lo van a decir a la cara, pero sí dicen “cacha a esta mina dando jugo, no sabe hacer nada”. Pasa algo parecido cuando escribimos o reseñamos juegos, siempre vas a encontrar un tipo de que te va a juzgar o preguntar leseras sólo porque eres mujer.

-Los eventos algo han cambiando.
-Sí, un montón. Cuando yo estaba aún en el liceo, los eventos se hacían en el patio de algún colegio, tú le escribías a los organizadores y te instalabas con un stand. Con suerte había tres consolas para jugar. ¡La anime expo se hacía en la USACH y uno se podía colar por la reja del Planetario! Mis amigos que organizaban estas cosas me pagaban cinco lucas y yo estaba en la puerta o veía a las cosplayers (personas que se disfrazan). Lo pasaba rebién, pero ahí también empecé a ver las cosas que comentaba en Twitter.

-¿Qué cosas?
-Mucho joteo y mucho acoso a las niñas. Desde el tipo que te quiere ofrecer entradas o algo “a cambio” de anda a saber tú qué, locos que persiguen a las cosplayers todo el día, que cuando se sacan fotos con ellas les pegan agarrones, fotos inapropiadas…

-¿Algún episodio que recuerdes?
-Me da un poco de vergüenza contarlo: bailé en uno de esos grupos tributo de cosas japonesas. Bailaba con niñas más chicas que yo. Una vez, en un evento, me acuerdo que una de ellas, que no debe haber tenido más de 14 años, estaba colgando algo, parada arriba de una silla, y un tipo, un viejo, estaba tratando de sacarle una foto debajo de la falda. Un hombre adulto a una niña.

-¿Siguen pasando esas cosas?
-Diría que menos, porque en la medida que los eventos se profesionalizan, hay productoras metidas, hay más plata, también hay más reglas. Ahora, por ejemplo, hay políticas de “no tocar”, porque las marcas de a poquito han ido aprendiendo. Pasaron de tener promotoras preciosas –habían escorts en los eventos, digámoslo– a contratar a cosplayers que saben del tema. Pero tampoco podemos pensar que ahora las marcas son feministas, si al final lo hacen por marketing y también se pegan sus patinadas.

-¿Como por ejemplo?
-Un alto mando de VGChile (Asociación Chilena de Empresas Desarrolladoras de Videojuegos) nos dijo una vez que no nos podíamos vestir “bonitas”, “femeninas”, porque eso no era “gamer”. Antes el animé, los cómics y los videojuegos eran predominantemente masculinos, entonces varios aún cuestionan que las mujeres estemos ahí.

-¿Pero no hay una paradoja ahí? Si uno mira internet, hoy el estereotipo de la cosplayer, de la jugadora, es una chica muy sexy, con poca ropa…
-Eventualmente las marcas se dieron cuenta de que el estereotipo de la chica gamer que mastica controles y juega en ropa interior era marketeable. Alguien dijo “igual las minas en pelotas venden más” y fue grito y plata. Pero cuando una chica lo hace por voluntad propia, porque está cómoda con su cuerpo, empiezan “pero cómo se le ocurre hacer eso, te apuesto que juega terrible de mal, a la cocina”. Hipocresía pura.

Foto: Sebastián Brogca

Abuelita gamer

Hace cinco años Camila fue a un piloto para un programa de videojuegos en el canal ETC TV. No fue una experiencia agradable: “En el fondo querían que yo hiciera el ridículo, ese era mi rol, así que no acepté”. Cuenta que fue a varios casting más, “no sé si me dijeron literal que jamás iba a estar en cámara porque era fea, pero sí me dijeron que era poco televisiva, que era muy baja, que no estaba en target, que tenía que ponerme frenillos, lentes de contacto… y yo no tengo atados en arreglarme, pero no voy a cambiar quién soy por darle en el gusto a un loco que no tiene idea de videojuegos”.

-Supongo que te enojaste.
-Sí. Me daba lata que no me eligieran, porque además nadie dice nada porque los hombres que animan esos programas estén gordos o se vistan mal. En algún punto te afecta y, claro, te pones en contra se las minas que sí quedan. Reconozco que hablé feo de algunas chiquillas en un momento y tuve que hacer la autocrítica, porque no es culpa de ellas tampoco. Cuando te das cuenta de eso dejas de pelear y entiendes que es bueno que a ellas les vaya bien, porque así los espacios para las mujeres van creciendo.

-¿Hay buena onda entre las mujeres gamer?
-De a poquito nos vamos todas amigando, dejas de ver a la otra como enemigo. Yo ya no estoy en edad para tenerles envidia a las niñas más chicas. Soy vieja para la industria, mi momento de “gloria” ya pasó, por eso digo en talla que soy la abuelita gamer. Lo que me interesa ahora es contribuir a que, las que van entrando a este mundo se sientan cómodas.

Tanto en el mundo de la música como en el de la televisión se han destapado casos de acoso y abuso contra mujeres. ¿En el mundo nerd podría abrirse una caja de Pandora similar?
-Esperaría que las historias fueran menos terribles, que las acusaciones sean menos graves, porque el hombre gamer es harto menos “canchero”. Ahora, tú puedes ser tímido, que te cueste hablar con las niñas, y aun así puede que no tengas claridad con los límites. Eso pasa con los nerds.

-¿Has visto a un nerd sobrepasando los límites?
-Conozco el caso de un tipo que ha acosado a muchas mujeres, todos lo saben pero ahí sigue escribiendo, muy campante. A mí una vez él se me declaró en calzoncillos, borracho; eso no es normal. A una amiga la acorraló contra una pared y le dijo “te amo aunque seas gorda”. Después trata mal a todas las mujeres que, lógicamente, no lo pescan.

-¿No vas a dar su nombre?
-Es que no es la instancia. Como asociación simplemente no queremos que se pierda el foco, que es el feminismo, que somos nosotras. Las denuncias se harán cuando estemos listas para hacerlas, con asesoramiento de abogados. Lo más importante ahora es que la asociación se afirme, para ser un real aporte al medio de los videojuegos.

-¿Eso incluye ser un espacio donde las chicas encuentren un apoyo para denunciar?
-Sí, porque no hay nada más terrible que ver a tu agresor en todos los eventos. Piensa que a estas cosas asisten niñas chicas, hasta de ocho años he visto, con sus papás, algunas haciendo cosplay felices, pero que no entienden las miradas lascivas de un viejo; es super heavy para ellas. Es nuestra tarea protegerlas y enseñarles a protegerse ellas mismas. Por eso nuestra pega ahora es hacerlas sentir bienvenidas, que sepan que estamos trabajando para que esto sea mucho más inclusivo, más tranquilo, para que podamos denunciar y levantar la voz sin que se nos cuestione. Que hay una red de seguridad y que hay gente peleando por sus derechos, trabajando para educar a los trogloditas del medio.

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