La revolución de Marcia Alejandra

Crédito: Facebook.

En el Congreso se discute la Ley de Identidad de Género, que permitirá a las personas trans cambiar su nombre y sexo en el Registro Civil. Pero hay un primer caso, hace 44 años. Cuando un peluquero antofagastino -tras varias cirugías- pasó legalmente a llamarse Marcia Alejandra Torres Mostajo. Murió en 2011.

Un indicio importante, clave, está en la página web del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH). Allí, en una entrevista realizada en 2007 por Juan Diego González, Marcia Alejandra Torres Mostajo dice que su madre la parió como varón, pero que ella nació dos veces.

La primera vez fue en 1950, en Antofagasta, cuando sus padres -una dueña de casa y un obrero y sindicalista del cobre- le dieron el nombre de Arturo. La segunda vez sería 24 años después, con otro nombre y otro sexo.

Marcia Alejandra Torres Mostajo es la primera persona en Chile que cambió su nombre y sexo registral en sus documentos. “Un abogado descubrió un resquicio legal para acusar un error en el nombre de inscripción al nacer y probar que su nombre verdadero era Marcia Alejandra, pero había sido inscrita como Arturo”, recuerda Pedro Arturo Zlatar, dramaturgo y amigo que la conoció cuando ambos eran alumnos del Liceo de Hombres de Antofagasta.

Ella fue también la primera en el país que se sometió a una operación para reasignar su sexo de masculino a femenino. Fue eso, de hecho, lo que la ayudó después a rectificar legalmente su nombre y género. “Ella fue una terrorista sexual con sus operaciones”, dice su amigo Víctor Hugo Robles, autodenominado El Che de los Gays, quien la conoció en los 90 a través del escritor Pedro Lemebel y del actor callejero Andrés Pavez. Agrega el Che: “Los médicos experimentaron con ella, porque ese tipo de medicina era desconocido y se escuchaban muchos mitos. Había que ser valiente para desafiar las leyes de la naturaleza y ella siempre me pareció una rebelde. No buscó ser la primera, se dio nomás para que lo fuera”.

Han pasado más de 40 años y aún no existe en Chile una ley que regule el cambio de nombre y sexo registral para personas trans. Quienes necesitan hoy hacer este cambio deben acogerse a la ley 17.344, que data de 1970 y permite ese cambio una vez en la vida previa demanda en un tribunal civil. En el requerimiento debe pedir el cambio de nombre y sexo, en ese orden. Entonces, el juez a cargo de la causa puede discrecionalmente pedir una serie de requisitos, como exámenes médicos, test de ADN, sicológicos o siquiátricos para corroborar la identidad. “Estos requisitos no te lo exige la ley, porque no hay una norma; ésta sería ahora la Ley de Identidad de Género que se está discutiendo”, dice Franco Fuica, vicepresidente de OTD, entidad que lucha por los derechos de las personas trans. “Cuando vas, te piden que te desvistas, que muestres los genitales o dónde está el vello corporal de tu cuerpo. Años atrás a los chicos trans les pedían que fueran vírgenes y a las chicas trans que tuvieran el pene pequeño”.

La abogada Lorena Lorca, especialista en casos de cambio de sexo registral, explica que en los tiempos de Marcia los jueces exigían una operación para acoger la solicitud y no en todos los casos se rectificaba el sexo, sino sólo el nombre. Hoy son pocos los jueces que exigen que estas personas se sometan a una intervención de reasignación para darles el fallo a favor. A Marcia Alejandra le tocó un escenario distinto.

Pero ella quería sentirse una mujer y no iba a detenerse. “Si hemos evolucionado para hablar sobre la identidad de género o derechos de los niños trans, tenemos que entender que en los años 70 hubo una mujer que puso su cuerpo como un experimento para llamarse Marcia Alejandra Torres Mostajo: sin ley, sin redes sociales, ni Fundación Iguales, ni Movilh, ni Fundación Todo Mejora. Ella abrió este camino y es justo reconocerle ese rol histórico”, dice Robles.

Sólo soñar

Marcia nació como Arturo en Antofagasta y en sus recuerdos de infancia no había una pelota de fútbol, sino las muñecas de sus hermanas. Su padre no celebraba los gustos de su único hijo varón. Algunas veces, según se cuenta en la entrevista incluida en la página web del INDH, Marcia escuchó detrás de la puerta a su padre decir “qué cresta vamos a hacer con este cabro”, y lo hacía comer en el patio porque no soportaba sus modos afeminados en la mesa, recuerda Zlatar.

El papá pensó enderezarlo enviándolo al servicio militar. Su madre, Fresia Mostajo, se opuso. Ella se daba cuenta de que era diferente a los otros niños y lo protegió. Ella convenció al padre de firmar un permiso para que Marcia acompañara en una gira a Perú y Bolivia al Blue Ballet, un famoso espectáculo de transformistas locales a los que había conocido en rol de peluquera autodidacta.

Marcia no se sentía hombre y sufría. Quería que le crecieran las caderas, el pelo, los senos. Sus amigos coinciden en que era una empedernida lectora. Un día, según consigna la información disponible en el INDH, en su casa encontró una revista Reader’s Digest con un reportaje sobre Christine Jorgensen, la primera persona de Estados Unidos en realizarse una cirugía de cambio de sexo. Marcia no lo podía creer: alguien en el mundo había logrado lo que para ella, una provinciana en los años 60, soñaba y veía tan lejos.

El reportaje explicaba que el cambio de sexo era un proceso largo y que los pacientes debían someterse a exámenes médicos, siquiátricos y a tratamientos hormonales para un camino sin regreso. Entonces a Marcia se le ocurrió tomar anticonceptivos para empezar su cambio, aun cuando sabía que eran riesgosos en esa época. Le robó una caja de esas pastillas a su hermana, y luego otras más. Su cuerpo se empezó a feminizar.

En ese tiempo Marcia ya se vestía de mujer y se hacía llamar Marcela, como su hermana, porque muchas veces le sacaba el carnet. Había dejado el colegio en 1965 sin terminar cuarto medio y desde los 14 años se dedicó decididamente a la peluquería. Su especialidad eran las tinturas. En un día malo tenía siete clientas en una ciudad minera donde las mujeres no escatimaban en gastos para verse bien.

Marcia iba a las fiestas con amigos donde escuchaban a Fausto Papetti, un italiano que musicalizaba baladas con saxofón y clarinete, ideal para bailar lentos. Una de esas fiestas fue conocida como el escándalo de la calle Huanchaca, en 1969, donde un grupo de jóvenes homosexuales y trans celebraban una fiesta que fue interrumpida violentamente por la policía. Esa vez Marcia, vestida de mujer, escapó por los techos de las casa vecinas.

Venus, Marilyn, Liz Taylor

“¿Ustedes son los que escribieron el libro del cambio de sexo? Quiero que me operen”.

El urólogo Antonio Salas tiene grabada la frase que le dijo Marcia en el Hospital San Borja. Él y su colega Osvaldo Quijada habían creado la Sociedad de Sexología Antropológica a fines de los 60. “Íbamos contra el sistema. Piense que en la escuela de medicina jamás nos hablaron de sexología”, recuerda hoy Salas, y agrega que se dedicaban a la investigación, a experimentar ciertas técnicas y a escribir libros. Uno de ellos hablaba sobre el cambio de sexo. Es el que leyó Marcia.

Ante la solicitud de Marcia, Salas miró a Quijada y le dijo: “¿Te atreves?”. Se atrevieron y Marcia fue derivada a un siquiatra que le entregó el diagnóstico para ser operada: era una mujer encerrada en un cuerpo de hombre y la única forma de mejorarse era cambiándole el sexo. Los doctores consultaron a un abogado, quien les dijo que en Chile no había ninguna ley sobre el tema. Dieron luz verde a la transformación de Marcia. Su madre, que la acompañaba, le dio su apoyo.

La operación fue en marzo del 73, pero nadie supo de ella hasta el 2 de mayo de 1974, cuando apareció en el Diario Oficial su solicitud de cambio de nombre. El aviso consignaba que Alberto Arturo solicitaba cambiar su nombre a Marcia Alejandra, para lo cual había cambiado de sexo masculino a femenino y que ejercía trabajos propios de esta condición, además de ser tratada y de vestirse como mujer.

“Fue el notición del año”, dice Salas, y recuerda que eran tiempos de silencio y sin noticias, salvo las oficiales, lo que explica la conmoción pública que provocó ese hecho. La revista Vea le dedicó un artículo al doctor llamado “Así cambié a Marcia”, donde explicaba detalles de la operación. “Fui a todos los programas, todos los diarios”, recuerda el urólogo. La revista también recogió el testimonio de Fresia, la madre: “Mi hijo siempre tuvo cuerpo de mujer y toda la familia ayudó para que se hiciera la operación. Lo que diga la gente no nos importa. Sólo queremos que Marcia sea feliz”.

Tras esta primera cirugía, Marcia se realizó algunas más para afinar detalles de su cambio. La segunda fue unos días después del golpe militar en una clínica privada de Santiago, lo que pudo terminar en tragedia: según cuenta Robles, los militares irrumpieron en la clínica pensando que estaban operando a un terrorista que se iba a cambiar la identidad.

En un texto llamado “Para Marcia Alejandra exijo las llaves de la ciudad”, su amigo Pedro Lemebel escribió: “En ese momento fue conejillo de indias para la artesanía médica, resistiendo reiteradas cirugías y dolorosos tratamientos para modelar y depilar su cuerpo de coipo varón. Pero aun así, a pesar de ser Made in Chile, quedó regia, morenaza y canchera”. Dice además: “Para mis verdes abriles de mariquilla poblador, la Marcia Alejandra era casi Marilyn Monroe, casi Liz Taylor, casi Eva Perón, casi la Venus marica del norte, casi la virgen cola de las arenas que ocupaba las portadas de los diarios, después de que la ciencia médica de un hachazo le había cortado el sobrante masculino, pero le dejó el casi”.

A pesar de que no existen registros, sus amigos y conocidos coinciden en que Marcia fue la primera persona en someterse a la operación y luego cambiar su nombre y sexo en su certificado de nacimiento. Recuerdan que ella les contaba que cuando fue al Registro Civil a realizar el trámite, la persona que la atendió estaba muy asustada porque pensaba que estaba haciendo algo ilegal en un período convulsionado políticamente. “Estaba tan asustado que se equivocó de nombre: le puso Marcia en vez de Marcela, como quería ella”, cuenta Elvira “Konny” Álvarez, su amiga.

A Marcia no le quedó otra que quedarse con ese nombre porque volver a cambiarlo era imposible, según la ley. De vuelta en Antofagasta, lo primero que hizo fue bautizar su peluquería con lo que decía su nuevo carnet de identidad: Marcia Alejandra.

La mujer fantástica

A Lemebel lo conoció en 1997. Zlatar lo invitó a dar una charla en Antofagasta y se lo presentó a Marcia. Cuando terminó la charla, ella lo invitó a un carrete, pero él se excusó porque tenía otro compromiso. A Marcia no le gustó la respuesta. Se levanto la falda y le mostró lo que había ahí debajo. “‘Esto es para ti’, le dijo a Lemebel, por no haber aceptado su invitación. Eso le hizo mucha gracia a Pedro. La Marcia era muy entretenida y a Pedro le encantaba”, cuenta Zlatar.

A Marcia le gustaba la noche y el espectáculo. Se convirtió en vedette de las boites El Dorado y El Crazy, en Antofagasta; y en el Bim Bam Bum y en el Picaresque de la capital. “Salía en bikini, con plumas, con muchas perlas y bailaba el mambo”, recuerda Zlatar.

Sus amigos dicen que Marcia no terminaba de sentirse cómoda con su cuerpo. Que se miraba al espejo y no se reconocía. En ese tiempo, no había acompañamiento sicológico ni nada parecido para quienes cambiaban de sexo.

Quienes la conocieron dicen que era muy inteligente, una mente brillante. Curiosa como era, le gustaba viajar. Una vez leyendo la revista National Geographic se impresionó con las pirámides de Egipto y partió a conocerlas. Pasó algunas temporadas en España y Brasil, donde conoció la música de una de sus artistas preferidas, Maria Bethânia. En las conversaciones era opinante y muy irónica, además de desenfadada: algunas veces, enfiestada y con alguna copa de más, a Marcia le gustaba mostrar el resultado de su operación. “Toda esa puesta en escena le encantaba”, dice Robles.

Marcia Alejandra falleció a causa de un accidente vascular en enero de 2011. Una suerte de mito urbano dice que estaba con dos amigas consumiendo cocaína y que, supuestamente, la dejaron botada en la calle como si nada. “Creo que estuvo como tres días como NN en la morgue. Fue bien triste porque la familia la buscaba y no la encontraban”, dice Stavros Galiachis, amigo y cliente de Marcia.

La historia de Marcia no quedó en el olvido y ella tiene un lugar en la página llamada “Defensores en la historia” en la web del Instituto de Derechos Humanos, cuyo fin es conmemorar a personas que lucharon por derechos humanos que estaban siendo vulnerados o por promover que se reconocieran otros consignados en la ley.

Marcia había pedido que tiraran sus cenizas al basurero municipal: “Tal vez quería eso como su última performance”, dice Robles. Su familia finalmente escogió la Portada de Antofagasta. Para el Che de los Gays, Marcia fue el primer personaje famoso de la diversidad sexual sin pretenderlo. “En su historia no hay un guión; ella es la verdadera Mujer Fantástica”.

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