De las calculadoras de los ’80 a la salud: La reinvención de los relojes inteligentes

A pesar de tener una historia relativamente corta, los smartwatches ya se consideran un área saturada, con decenas de fabricantes intentando diferenciarse de su competencia con llamativas tecnologías. ¿Lo ultimo? medición de la presión arterial y batería de casi un mes de duración.


A estas alturas es difícil imaginar a algún fabricante tecnológico que no tenga entre sus productos a algún dispositivo vestible como una pulsera inteligente o un reloj con la misma capacidad. Aunque la historia reciente considera a 2012 como el año en que los smartwatches salieron a la luz con el primer Pebble, los primeros antecedentes se remontan a los clásicos relojes calculadora de fines de los ’70 como los primeros intentos exitosos vender un aparato que diera algo más que dar la hora.

Ya a inicios de la década de los ’80, Seiko diseñó el UC 2000 Wrist PC, al que llamaron el “primer PC portátil”, una rareza que permitía ingresar hasta 2 Kb de datos gracias a la adición de un incómodo teclado sobre el brazo, pero que finalmente sólo fue utilizado para realizar cálculos matemáticos. Posteriormente el área de los videojuegos también tuvo su oportunidad en los años ’80 y 90’ con relojes que reprodujeron versiones muy básicas de títulos de Nintendo y Sega, pero que pasaron a ser sólo una anécdota.

Así llegamos a 2012 con el ya mencionado Pebble, un proyecto de crowdfunding que pasó a ser una realidad un año después; Sony, con un primer modelo con capacidades de control remoto; Samsung con el estreno de su línea Gear en 2013; Apple y Motorola en 2014 y Huawei en 2015, por nombrar algunos. Cada uno con sus propias características, ventajas y falencias, sistemas operativos y tiendas virtuales de aplicaciones. Actualmente es Apple quien lidera el mercado con su Apple Watch, seguido por Fitbit, Xiaomi y Garmin, dejando fuera incluso a los clásicos fabricantes de relojes, que también decidieron unirse a esta tendencia de forma tardía, con modelos más específicos y de alto costo.

Pero incluso con la ya mencionada saturación del mercado y la variedad de ofertas, la industria de los smartwatches parece vivir momentos felices. De acuerdo a IDC, el valor pronosticado del mercado mundial de dispositivos portátiles ha aumentado de 750 millones de dólares en 2012 a 5,8 mil millones de dólares, todo esto a pesar de varios problemas comunes detectados por los usuarios, como el tamaño, que limita las funcionalidades (más pequeño es más portable y más grande se hace incómodo); la dependencia del smartphone (algo que modelos de Apple y Samsung ya solucionaron); la autonomía de su batería, el alto costo, la compatibilidad con el smartphone dependiendo del sistema operativo o marca; y el hecho que como toda tecnología, también ha sido acusado de hacer a los usuarios más dependientes de ella.

Además, existen variados estudios que dudan de la veracidad de la información recogida por los smartwatches, y que no deberían tomarse tan en serio o menos querer reemplazar a a los monitoreos y diagnósticos preciso realizados por instrumental médico. Aún con eso, muchos usuarios afirman que los datos les han ayudado a detectar arritmias, casos de pre diabetes y otros problemas relacionados con el corazón, incluyendo personas que han dado aviso por medio del reloj a sus familiares en caso de un accidente.

Es por ello que aunque los fabricantes intentaron en un principio llamar la atención de los consumidores con la medición deportiva, últimamente parece ser el área de la salud en enfoque con mayor aceptación. Tal es el caso del Apple Watch, que cuenta con acuerdos con grandes clínicas, hospitales y universidades estadounidenses para analizar los datos de los usuarios de forma anónima y establecer estudios; su competencia Fitbit, que con su modelo Versa también se ha acercado a la medición de los datos y el monitoreo del estado del usuario; y el reciente caso de VivoWatch BP, un dispositivo que se jacta de se el primero en en mundo en medir la presión sanguínea del usuario. Presentado en la feria Computex de Taiwán esta semana, tiene como objetivo realizar el mismo trabajo que los brazaletes inflables que se utilizan en los hospitales y en sólo 15 segundos, sólo ubicando el dedo en el área frontal del reloj (que mide el flujo sanguíneo) y que se combina con los resultados del sensor de la muñeca (que registra el ritmo cardíaco).

De acuerdo al fabricante Asus, el dispositivo tendrá además funciones de monitoreo del sueño y actividad física general, lo que junto a la presión sanguínea y ritmo cardíaco serán incluidos en una aplicación especialmente diseñada, que ofrecerá recomendaciones par el usuario dependiendo de cómo sean los resultados. Sin embargo, todos estos procesos -sobre todo la medición de la calidad del sueño- no serían nada sin una buena batería. En este caso, VivoWatch BP tendrá una duración de hasta 28 días en modo normal y 48 horas en modo de condición física, aunque hasta el momento se desonocen detalles de cómo en general las mediciones con tinuas afectarán esta cifra.

Se espera que VivoWatch BP llegue al mercado a inicios de 2019, a un precio de 169 dólares.

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