Las nuevas amenazas del humedal del río Cruces

Según Eduardo Jaramillo, investigador de la U. Austral y autor del estudio, el santuario se ve afectado por los visones, los perros asilvestrados, las personas que están llegando a vivir a las cercanías y la contaminación de las aguas con el combustibles de las naves que lo navegan.

En 2004, el humedal del río Cruces fue afectado por uno de los mayores desastres ecológicos debido a las descargas que realizaba una planta de celulosa de Arauco (ex Celco) en sus aguas.

El vertimiento de desechos hizo que desapareciera el luchecillo, planta acuática y principal alimento de los cisnes de cuello negro (Cygnus melancorhyphus); estos comenzaron a morir de hambre y los que aún estaban en condiciones físicas emigraron. Otras especies, como las taguas, también desaparecieron. Hoy, a 14 años de este evento, un estudio publicado en enero y realizado por investigadores de las universidades Austral, Santo Tomás y Andrés Bello muestra que la población de cisnes de cuello negro y de luchecillo se ha recuperado a niveles incluso superiores a los que existían antes de ese año.

Sin embargo, pese a la histórica recuperación, nuevas amenazas podrían afectar al humedal, considerado Santuario de la Naturaleza y que tienen un factor común: el ser humano.

Según Eduardo Jaramillo, investigador de la U. Austral y autor del estudio, estas nuevas amenazas son los visones, los perros asilvestrados, las personas que están llegando a vivir a las cercanías y la contaminación de las aguas con el combustibles de las naves que lo navegan.

“La ciudad se está acercando al humedal. Eso significa más contaminación lumínica y bulla que afecta a todas las especies. Por ejemplo, se instalaron balizas para que las personas no encallen y lo hicieron en grandes balsas, lo que también afecta. Hay totoras y pajonales arruinadas por los bulldozer que hacen movimientos de tierra y son lugares en los que anidan las aves”, dice Jaramillo.

Los visones son también un problema. Mario Maturana, guardaparque administrador de la Conaf del santuario, dice que los primeros registros de este animal exótico datan del año 2000. Desde 2014 a la fecha se han capturado unos 300 ejemplares y solo en lo que va de este mes, 18. “Estos animales atacan de día y de noche a gaviotas, gaviotines, cuervos de pantano y garzas chicas. Aves adultas, polluelos y huevos”, señala. Atacan incluso a las gallinas de las personas que viven en las cercanías.

A ellos se suman los perros asilvestrados. Personas irresponsables abandonan a sus perros en las cercanías o en el mismo humedal y estos se agrupan formando jaurías que también atacan a otros animales para alimentarse. Además, son foco de transmisión de enfermedades para el huillín o nutria de agua dulce. Según Jaramillo, esto ocurre principalmente en la zona sur del humedal.

“Poco a poco sus riberas se han ido ocupando más. Hace 12 años había menos viajes al humedal. Hoy muchas personas están comprando y construyendo muy cerca del área”, dice el investigador de la U. Austral, lo que también lleva a que más personas realicen visitas turísticas. Lamentablemente, agrega Maturana, no todas las embarcaciones cumplen con la normativa y terminan contaminando las aguas con combustible.

A diferencia de los cisnes, la tagua, otra ave que habita el lugar, no se ha recuperado y no saben bien qué ocurre con ella. Como se trata de un animal tímido, es difícil observarla y menos estudiarla.

Otro cambio que evidencia el humedal, cuenta Jaramillo, es la transparencia del agua. “El luchecillo actúa como una red, como un filtro que retiene sedimento en suspensión, lo atrapa. Cuando desapareció, la transparencia del agua era casi nula, hacia el río Calle Calle y al Valdivia salían aguas de color marrón”.

El santuario es solo una parte, pero en el río Cruces confluyen otros siete ríos que no tienen protección. Lo ideal sería que todo fuera considerado un santuario o un sitio Ramsar, alega Jaramillo.

El estudio

Según Jaramillo, a partir de 2012 la población de cisnes comenzó a aumentar y lo hizo de la mano de la recuperación de las plantas de luchecillo.

Como parte del estudio, separaron a un grupo de cisnes a los que monitorearon día y noche. Gracias a estas observaciones pudieron saber que en promedio un cisne adulto come alrededor de cinco kilos de esta planta y que no solo se alimenta de día, sino también de noche.

Por primera vez se logró estimar la biomasa de luchecillo. Con el uso de drones, imágenes satelitales y muestras de la planta llegaron a la conclusión de que la actual cantidad de luchecillo podría alimentar a 10 mil cisnes por un período de 20 años.

Según estimaciones de la Conaf , en 2003 el promedio de cisnes en el humedal fue de 5.700 ejemplares; en 2004, de 5.091, y bajó a 553 cisnes en 2005. Durante el año pasado, el promedio anual fue de 8.300, con un máximo de 10.362 individuos en mayo.

En enero de este año se avistaron más de 10 mil y en febrero, más de 12 mil.

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