Los guardianes del patrimonio

Grupo de vecinos en defensa del barrio Suárez Mujica. Foto: Rudy Muñoz

Durante la década pasada comenzaron a proliferar en el país grupos de vecinos dedicados a proteger el legado de ciudades, barrios, lugares arqueológicos o naturales. Actores cada vez más presentes que trabajan, fiscalizan y denuncian para que los lugares donde crecieron o viven no cambien.


Este verano, la cara de Aníbal Venegas se hizo habitual para los televidentes nacionales. En su condición de vocero y encargado de comunicaciones de la organización El Barrio que Queremos, al periodista le tocó participar de varios debates y entrevistas representando la opinión de los vecinos disconformes con la carrera de Fórmula E en el sector de Parque Forestal.

Venegas es uno de los 15 miembros de la organización dedicada a defender temas patrimoniales en esa zona y área de Lastarria. El grupo fue creado por la ingeniera Elena Stephens para oponerse a la denominación de zona de interés turístico del sector, lo que, explican, habría potenciado el comercio en el barrio en desmedro de la vida residencial. Eran los tiempos de los encuentros autoconvocados para definir una nueva constitución para el país. “De ahí viene el nombre”, reconoce Stephens.

Esta es una de las tantas organizaciones que trabajan defendiendo temas patrimoniales en Chile, participando en la protección de edificios, barrios, lugares arqueológicos o naturales. Un boom ciudadano que ha ayudado a que desde 2008 las declaraciones de zonas típicas por parte del Consejo de Monumentos hayan aumentado en el país un 30%, según datos de ese organismo.

Aparte de la mediática Fórmula E, la gente que vive en Parque Forestal tiene otros problemas. “Los vecinos se están yendo porque no soportan el ruido o les suben mucho el arriendo”, cuenta Elena Stephens, al referirse al éxodo de los vecinos históricos que a su juicio es el mayor drama del sector porque sus residencias son reemplazadas por hostales, arriendos de Airbnb o tiendas de diseño o tatuajes.

¿Quién trabaja para solucionar esta clase de problemas en los barrios? Ellos, los vecinos. Porque admiten que no hay muchas más organizaciones en condiciones de hacerlo. “Las juntas de vecinos se ven sobrepasadas en lo que pueden hacer en temas de patrimonio. De ahí viene el interés de crear esta organización”, dice Venegas.

La unión hace la fuerza
A las oficinas del Consejo de Monumentos, ubicada en la Biblioteca Nacional, llegan día por medio los miembros de la organización barrio Suárez Mujica. El grupo vecinal fue fundado hace dos años para preservar este sector de Ñuñoa y consiguió la declaración de zona típica que finalmente fue concedida por el Consejo de Monumentos en enero. La medida protege un polígono de 87 hectáreas entre las calles Lo Encalada, Pedro de Valdivia, José Domingo Cañas y Grecia, en los cuatro puntos cardinales.

Casa en barrio Suárez Mujica. Foto: Rudy Muñoz

Esta denominación implica que el área no podrá sufrir mayores intervenciones a futuro. Para hacerlo se necesitaría el permiso del Consejo de Monumentos, bastante rígido en ese sentido. Esto la diferencia de la normativa tradicional para las construcciones en el país, el plan regulador dependiente de las municipalidades, el que puede variar dependiendo del alcalde de turno.

Para el grupo de vecinos de Suárez Mujica sólo falta la firma de la ministra de Educación, la última etapa administrativa antes de que la declaración de zona típica pase a Contraloría y se publique. Por eso van tan seguido a preguntar a la Dibam: no saben si el decreto va a alcanzar a ser firmado por la ministra actual, Adriana Delpiano, o pasará a ser tarea del encargado de esa cartera en la administración de Sebastián Piñera, Gerardo Varela, o su ministra de Cultura, Alejandra Pérez. Sólo con la rúbrica oficial este grupo, que partió con 15 vecinos y que hoy suma más de 90, podrá concretar su objetivo.

“Si no lo firma esta ministra y lo hace alguien que tenga otra visión de barrio y quiera a las inmobiliarias, cambiaría todo”, confiesa la sicóloga Erika Marambio, presidenta de la organización. Consultados en el Consejo de Monumentos aclararon que la firma pasará al ministro de Cultura, aunque no podrían precisar si en este gobierno o el siguiente.

Hoy existen 141 barrios con la denominación de zona típica, un tercio de los cuales está en la Región Metropolitana. Pero no siempre fue así, hace una década eran pocos los sectores interesados en ser zona típica. José Osorio, presidente de la junta de vecinos del barrio Yungay y de la Asociación Chilena de Barrios y Zonas Patrimoniales, recuerda que esto recién partió en 2005. Fue en su sector, el barrio Yungay, después de que una crisis de la basura motivara a los vecinos a organizarse y cabildear.

José Osorio, presidente de la Asociación Chilena de Barrios y Zonas Patrimoniales. Foto: Laura Campos

“Ese conflicto, que tuvo protestas, nos llevó a la reflexión de poder trabajar no sólo de forma reactiva, sino que también ver cómo transformábamos eso en una propuesta de largo plazo”, recuerda Osorio sobre la declaración de zona típica del barrio Yungay lograda en 2009. Ese mismo año se creó la Asociación Chilena de Barrios y Zonas Patrimoniales, que hoy agrupa a 150 organizaciones de la sociedad civil y desde 2011 realiza varios congresos para compartir experiencias.

Para Osorio, quien además dirige una escuela taller para la recuperación de oficios, la motivación de los vecinos para trabajar en patrimonio tiene que ver con dos temas: cuidar la calidad de vida que entrega el barrio –“el tejido social” vecinal, el almacenero, el zapatero, la persona que arregla ropa- y tratar de resguardar el recuerdo de sus familias y vecinos en calles que muchas veces las constructoras de edificios pueden cambiar. “Estos grandes proyectos inmobiliarios destruyen ese tejido social, esa memoria, esa identidad”, opina.

Eso hace que estos grupos sean percibidos como una dificultad ante los intereses de las inmobiliarias. Eso pasó en el barrio Suárez Mujica, donde hasta última hora estuvo en duda la declaración de zona típica por la oposición de un grupo de vecinos que prefería no cerrarle la puerta a futuras ventas a las constructoras, algo que ahora se dificulta porque sólo se podrán construir edificios de tres pisos y con características determinadas por un reglamento. “Hay que respetar las distintas opciones porque no todos los vecinos piensan como nosotros, pero diría que son los menos”, dice Marambio, aunque reconoce que “hoy es un desincentivo para las inmobiliarias comprar en el barrio. No les conviene, y es bueno que así sea”, comenta la dirigente.

Para lograr lo que consiguió este grupo de vecinos se debe dedicar mucho tiempo. Una de las tareas habituales de estas organizaciones son las comisiones de trabajo formadas por arquitectos, abogados y otros profesionales que colaboran ad honorem. Un caso es el grupo que hoy está elaborando el reglamento de zona típica en Suárez Mujica y que determina desde la forma de podar los árboles hasta la gama de colores de las casas. “Esto quita harto tiempo, uno queda agotada porque muchas comisiones son hasta las 10 de la noche”, cuenta Marambio.

De eso saben en Parque Forestal, donde reconocen que con la Fórmula E ninguno pudo tomar vacaciones este verano. “Todos nos vamos a ir en marzo, porque queríamos estar al pie del cañón”, dice Venegas. Claro, no son pocas las gestiones que un grupo patrimonial lleva a cabo entre solicitudes de entrevistas con alcaldes, la intendencia o los insertos que pagan en medios. “Lo pagamos poniéndonos con las lucas. A veces la Elena (Stephens) llega y pone 50 lucas o yo, 100 lucas. Todo funciona así, de buena voluntad sin llevar registro de gastos”, explica Venegas.

No es fácil llegar con el discurso de la preservación a todos en el barrio. Los que rechazan la medida dicen coloquialmente que la norma complicaría incluso a los propietarios “poner un clavo” en sus casas, lo que podría demorar dos años en que el Consejo de Monumentos lo apruebe. “Ese reclamo es medio paranoico”, pide aclarar Osorio, quien dice que el tiempo para conseguir el permiso para reformas estructurales es más acotado y lo calcula entre uno y dos meses.

Aníbal Venegas y Elena Stephens,
de la agrupación El Barrio que Queremos. Foto: Laura Campos

Otra queja de los grupos es que todo este sacrificio no es valorado por algunas personas en sus barrios y ni hablar de las municipalidades. Comentan que simplemente no comprenden su cruzada patrimonial. “Nosotros estamos promoviendo el cuidado del patrimonio porque tiene un valor invisible, un valor histórico, estético, de belleza. ¿Cómo vas a querer vivir en un lugar horrible? Aristóteles decía que las personas tendemos a vivir mejor y eso incluye la estética porque la belleza te hace mejor persona”, proclama Venegas.

¿Crees que las autoridades entienden esa dimensión?
No. Absolutamente no. No entienden nada de lo que estamos diciendo.

 

Una forma de vida
No todas estas organizaciones patrimoniales lo hacen desde el voluntariado. Hay otros que buscan transformarse en una alternativa de trabajo para sus comunidades. Un caso es la Mesa Ciudadana de Patrimonio, Cultura y Turismo de Lota, que reúne a 17 organizaciones de esta comuna en el Bíobío y lleva más de una década trabajando para frenar el desempleo que perdura desde el cierre de la mina de carbón en 1997.

¿Cómo? A través de un turismo enfocado en el patrimonio comunal. La trabajadora social Elizabeth Aguilera -nieta, hija y esposa de mineros- la lidera. “Hoy el eslogan de la municipalidad es ‘Lota, patrimonio de todos’, lo que era impensable hace dos o cinco años”, dice Aguilera. Ella destaca entre los logros de la organización la declaración de zona típica de un sector de Lota alto en 2012 y los trabajos de restauración del Teatro de Lota con fondos del Subdere del MOP gestionados por los mismos lotinos.

Un caso parecido es la fundación Arica Revive en el norte. Se trata de un grupo de ciudadanos que comenzó a organizarse en 2007 para apoyar las demandas de los vecinos frente a las demoliciones en el centro histórico y los hallazgos arqueológicos en la ciudad, pero que en 2012 dio un giro al ofrecer el tour Necrópolis Arica en el cementerio local. “Nacimos como una organización de ciudadanos sin intención de abordar de manera profesional el tema”, dice la antropóloga Pamela Cerda, directora de la fundación.

Los tours en el cementerio transformaron la organización dándole una dimensión más económica. En 2014 se constituyó como fundación y hoy tiene unos 40 socios que aportan mensualmente dinero, una escuela taller y administra un centro de interpretación patrimonial que está restaurando. Además, conformaron una consultora de estudios culturales y medioambientales -dando trabajo a seis personas entre historiadores, ingenieros, antropólogos, arqueólogos y arquitectos-, una agencia de turismo y capacitan y asesoran a la Cámara Chilena de la Construcción en temas patrimoniales. Además, lanzarán la primera versión del Festival de la Muerte en octubre, una especie de Día de los Muertos mexicano en el norte de Chile.

Parte del Barrio Yungay. Foto: Laura Campos

En Santiago, las organizaciones siguen trabajando. Algunas buscan que sus barrios se transformen en zona típica, como los de Plaza Chacabuco, en Independencia; San Eugenio, en Ñuñoa o Balmaceda, en Santiago Centro. Mientras tanto, en Suárez Mujica esperan que se concrete su declaración de zona típica: “Si se firma estamos salvados, por eso estamos apurados y expectantes”, reconoce Erika Marambio. Y en el Parque Forestal se declaran atentos de que les cumplan una promesa que por años han hecho los alcaldes de Santiago: el cierre definitivo del área para eventos masivos.

Promesas que, dicen, seguirán fiscalizando. “Es lindo vivir en un lugar bonito, con gente contenta, edificios bien cuidados, jardines bien mantenidos, esa es pega que tiene responsables. Ahora, si nos damos cuenta que no están haciendo la pega, saltamos nosotros”, asegura Aníbal Venegas, tomando su último sorbo de café en un cafecito de Lastarria.

PASO A PASO

  • ¿Quién puede solicitar que un sector sea declarado zona típica?

Cualquier persona, que viva o no en el lugar, puede solicitar la declaración de zona típica, en virtud de la ley 17.288, de determinadas edificaciones urbanas o rurales. Existen cinco tipologías de zona típica: pueblo tradicional, centro histórico, entorno de monumento histórico, área y conjunto.

  • ¿Cómo se inicia el trámite?

Hay que enviar una carta física ingresada por oficina de partes solicitando que el área sea declarada zona típica por sus valores artísticos, arquitectónicos, urbanísticos o sociales. A partir del jueves pasado la carta debe ir dirigida al ministro de las Culturas y el Patrimonio, quien será el presidente del Consejo de Monumentos.

  • ¿Qué antecedentes se necesitan?

La solicitud debe ser acompañada de un informe técnico el que debe contener antecedentes gráficos (planimétricos y fotográficos), históricos, arquitectónicos, arqueológicos y paisajísticos del área propuesta, según corresponda. El expediente puede incluir opiniones de propietarios y autoridades competentes.

  • ¿Qué pasa después?

Una vez ingresados los antecedentes son analizados por la Comisión de Arquitectura y Patrimonio Urbano del CMN y luego evaluados por la sesión del Consejo de Monumentos Nacionales. En caso de ser aprobada la solicitud, se derivan los antecedentes al Ministerio de las Culturas y el Patrimonio para la dictación del decreto correspondiente.

  • ¿En qué se traduce la declaración de zona típica?

La declaratoria de zona típica significa que toda intervención debe intentar la conservación de los valores históricos y arquitectónicos que la sustentan. Eso no significa que no se puedan hacer intervenciones o modificaciones, sino que estas deben ser coherentes con los valores por los cuales ha sido declarada.

  • ¿Cómo se pueden hacer intervenciones?

Existe precisamente un lineamiento que fija normas de intervención para zonas típicas, se trata del reglamento, documento elaborado junto a sus propietarios que fija las intervenciones que se pueden ejecutar sin la necesidad de contar con la autorización del Consejo de Monumentos. Define, por ejemplo, la paleta de colores para pintar las casas.

  • ¿Una declaración de zona típica puede ser revocada?

De estimarse que los valores por los cuales fue declarada zona típica ya no son posibles de reconocer, se puede aprobar la desafectación de su calidad de Monumento Nacional, perdiendo la categoría.

 

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