Luka Lobuwan: “Quiero correr por Chile en las Olimpiadas, con la camiseta roja”

Un día después de ganar por tercera vez esa prueba, el campeón keniata se confiesa. “Tengo una bandera de Chile en mi equipaje”, dice. A horas de regresar a su Kenia natal -ese país que fabrica perfectos atletas de piernas delgadas y tórax como un cálefont grande-, Luka sueña con la nacionalidad por gracia.

Luka Rotich Lobuwan sonríe y dice que le gustaría correr por Chile y mojar la camiseta roja. Lo comenta, relajadamente, sentado en un sofá del lobby de un hotel en Las Condes. Treinta horas atrás, estaba corriendo, llegando a la meta de la Maratón de Santiago: iba primero, iba a ganar por tercera vez, la gente vitoreaba su nombre, Luka, Luka, Luka, Luka, las cámaras lo seguían, aplausos, vivas, el locutor aceleraba sus palabras. Luka levantó los brazos en los últimos metros antes de cortar la cinta. Cruzó la meta como alguien que va apurado a hacer un trámite. Luego, se detuvo para que le tomaran fotos y videos y selfies, y lo felicitaran y lo hicieran sentir como se sentía: un ganador.

-Me haría muy feliz correr por Chile.

Hoy es lunes, y Luka regresa mañana a Nairobi, en un vuelo largo que lo tendrá inquieto por casi 24 horas. En la entrevista lo acompaña Stephen Kamau, su representante y entrenador, un keniata radicado en el país hace más de cinco años.

Steve toma las palabras de Luka, sobre correr por Chile, y agrega:

-Sobre eso, él me preguntó ayer si es muy difícil que le den la nacionalidad.

-¿Ayer? ¿Después de ganar?

-Sí, después. Ahí me comentó que para él sería un sueño competir por Chile.

-¿Ustedes habían dicho esto antes? ¿Ya se sabe que te gustaría correr por Chile?

-No- dice Luka.

-Te estoy hablando de verdad, esto no lo ha hablado con nadie más. Es algo que me conversó anoche, después de ganar la Maratón- dice Steve.

-Bueno, entonces, no se lo digan a nadie hasta que salga esta entrevista.

-No le vamos a decir.

-Ok- acepta también Luka.

Después de ese mini pacto, le pregunto:

-¿Y qué te gusta tanto de Chile?

-Yo me siento muy bien en Chile. Me gusta mucho. Es muy confortable el clima, la gente, todo.

-Acá siempre ganas.

-Sí, es el único país en mi vida dónde he ganado tres veces. Tengo a Chile en mi corazón. Sueño con correr por Chile en el futuro.

-¿En las Olimpiadas? ¿En el Mundial de Atletismo?

-Me gustaría en las Olimpiadas, con la camiseta roja.

***

En Nairobi, la capital de Kenia, todos los días es la Maratón de Santiago. Niños, adultos y ancianos, corren por el costado de la calle hasta llegar a destino. Corren, en un promedio de 4 kilómetros diarios. Corren, porque sus piernas son un medio de transporte. Corren, porque corrieron sus padres y abuelos, y correrán sus hijos y nietos. Corren a 1800 metros de altura, como corre Luka, que vive en las afueras de la ciudad y que cuando esto salga publicado ya debería estar de vuelta en su casa. Descansando. Mostrándole a sus padres fotos y videos de su triunfo, de esa recta final que atravesó como una alfombra roja. Imágenes de Chile, al país que siempre vuelve.

La primera vez que hablé con un atleta de Kenia, fue hace casi veinte años. Visité el estadio Nyayo Stadium, en el centro de Nairobi, donde entrenaban con resguardo militar: muchos atletas eran fichados por el Ejército, para tener un sueldo y que siguieran en el país. Hablé con periodistas deportivos del National Newspaper. Escuché a los jóvenes que querían seguir ahí, compitiendo por Kenia, entrenando ahí mismo como el legendario Kipchoge Keino. Y los que soñaban fichar por un club europeo o por una universidad del primer mundo, y terminar con una novia danesa y viviendo en Mónaco, como Wilson Kipketer.

Todos, como Luka, eran muy delgados de piernas y con una caja torácica como un calefont grande. De esa viaje recuerdo un keniata blanco que conocí en el avión, y que se dedicaba al negocio de los televisores, aunque soñaba con representar atletas. Ya se movía mucho dinero en eso. Los cazatalentos europeos deambulaban por las zonas de entrenamientos como cazadores de safaris, aunque con menos escrúpulos. Una medalla de oro, en un torneo universitario internacional, significaba subir varios peldaños en el ranking.

Al final de esa historia, que se llamó “Las piernas de Kenia”, hice un juramento: celebrar cada vez que un keniata ganara un 42 K. Por mucho tiempo llevé la cuenta. Después, era siempre la misma noticia. La última maratón olímpica, en Río, ganaron keniatas en hombres y mujeres. El record mundial de 2:02:57 lo tiene Dennis Kipruto Kimetto. Las últimas maratones de Nueva York, de Berlín, de Londres, de Tokio y de París, que también se corrió el domingo pasado, la ganaron los atletas de Kenia.

Luka Lobuwan nació en 1988 en Eldoret, la misma región de donde es el actual récord mundial. Una ciudad industrial, sobre los 2000 metros de altura, donde correr es un medio de transporte y es una oportunidad de salir de la pobreza y ganar dinero y correr como si uno estuviera escapando.

-A mí siempre me interesó ser atleta. Correr y correr. Nunca quise hacer nada más.

-¿Y qué vas pensando mientras corres?

-Voy concentrado en mantener el ritmo y en bajar el tiempo. Voy enfocado en eso. Solo en eso.

-¿Y si sientes que el cuerpo ya no te responde?

-Ahí tomo agua.

***

Haruki Murakami, el escritor maratonista, dice que las carreras de larga distancia han ido educando y formando a esa persona que él es hoy. Aplicando este teorema Murakami, tiene sentido entender que el Luka de hoy ha sido construido en buena parte por las varias maratones de Santiago que ha corrido.

Cuenta que en un viaje anterior, casi viajó a las Torres del Paine. Y que sus viajes a Chile podrían resumirse en: cruzar medio mundo en avión, llegar al hotel junto a una media docena de atletas de Kenia, largar la carrera, recorrer las calles vacías de Santiago atrás de una moto donde va una cámara, recibir el apoyo y los vítores de la gente un domingo por la mañana, cruzar primero la meta con los brazos en alto, recibir una medalla y un cheque y muchos abrazos, volver a casa, mostrar fotos y videos a su padre, ir al banco a guardar el dinero.

-Me gusta la maratón de Santiago, la gente grita chi chi chi, o me dice vamos Luka, la motivación que me dan es muy grande. Tengo a este país en el corazón.

-¡Ya ganaste tres veces!

-Sí, es muy emocionante. La gente me da mucha energía buena.

-¿Tú andas con una bandera de Chile?

-Sí, tengo una bandera de Chile en mi equipaje.

-¿Cuál es la principal diferencia entre Chile y Kenia?

-Kenia está en altura, a un nivel muy alto, y Chile está más bajo. Me gusta el clima de Santiago para competir.

Hace casi 20 años, cuando el keniata blanco que importaba televisores soñaba con exportar atletas, el maratón ya era una industria muy fuerte en el país de los safaris, el café, el té y las flores.

Le comento eso a Luka. Que había visto visto cazadores de talentos, que hay ofertas de clubes, que hay países que van de pesca a los centros de entrenamientos, que me diga si ha recibido alguna oferta, alguna propuesta.

Sonríe, titubea, y le comenta algo su entrenador. Por unos minutos, los dos hablan en algo que parecía swahili. Luego, Luka dice que sí. Y fue ahí, después de eso, que suelta la inesperada primicia:

-Pero me gustaría correr por Chile.

-Si alguien está leyendo esta entrevista y se interesa en el proyecto, y quiere que corras por Chile, ¿cuál sería el proceso a seguir?

Se adelanta Stephen Mwangi Kamau:

-Lo primero, si queremos cambiar rápido la nacionalidad, es conseguir una nacionalidad por gracia. Eso sería lo primero.

-El ha ganado ya tres veces la maratón de Santiago, ¿eso puede ayudar?- pregunto, como sumándome al plan.

Después de años de seguir y celebrar los resultados de los atletas de Kenia, me imagino a uno de ellos corriendo con la camiseta de Manuel Plaza, el maratonista chileno que consiguió la primera medalla olímpica para el país: plata, en Amsterdam el 1928.

-Claro, sus tres maratones pueden ayudar -dice Stephen-. La gente está feliz con él, es un buen ejemplo y tiene récord de Sudamérica. Si tiene la nacionalidad, hay un récord.

-¿Tienes récord de Sudamérica, Luka?

– Sí, tengo récord de Sudamérica en la Maratón de Santiago del año pasado. En Sudamérica yo sólo compito en Chile. Las otras maratones que corro son en Europa. Una vez gané la de Atenas.

-¿Y cuál es la próxima?

-Todavía no lo sé. Será en octubre, pero no sé si será en China o en Valencia.

***

La Maratón de Santiago reunió el domingo a 30 mil corredores, de todos los tamaños, pesos, colores, zonas. En 20 años, la prueba que le robó su nombre a la batalla de Maratón se ha convertido en una maquinaria internacional, en una religión con camisetas de colores fuertes. Correr la prueba en Nueva York el próximo noviembre costará 358 dólares, y se espera récord de inscritos. Todo va creciendo alrededor de correr. Y es probable que no se detenga, como los keniatas, que corren y corren para ir al al colegio, al trabajo, y a casa.

Luka quedó contento con su triunfo en Chile, y por la bolsa que se lleva, no así con tu tiempo. No siempre hay un gran ganador, como explicaba Ayrton Senna, el piloto brasileño que decía que correr era vivir. El gran triunfo de Luka fue el año pasado, con 02:09:39. Ahí hizo el mejor tiempo que alguien haya hecho en Sudamérica.

-Si te dan la nacionalidad, tendrías que venirte a vivir a Santiago.

-Me vengo a vivir a Santiago- dice, y con sólo imaginarse viviendo en la ciudad que gana, suelta una sonrisa larga.

Se suma Stephen, el entrenador:

-Mira, acá hay que traer gente que pueda empujar el nivel del maratón. Mejorarlo y que las condiciones sean distintas.

-Algunos dicen que con la llegada de los haitianos al país, se puede mejorar mucho el nivel de los atletas chilenos.

-¿Pero de cuánto tiempo estamos hablando? No es ahora. El proceso de un atleta toma 15 ó 20 años. Sacar un atleta destacado no es un proceso cortito. Son mínimo ocho años, para llegar a un nivel de Juegos Olímpicos o de un Mundial. Y con Luka eso ya está listo.

-Y si esto sale y se viene, ¿viviría contigo?

-Yo me quedaría con él feliz, pero con un proyecto, trabajando acá en algo serio. Entrenando, para conseguir resultados. En cambio ahora, él está en Kenia y yo tengo que estar comunicándome todos los días a distancia. Darle indicaciones por WhatsApp.

Stephen Mwangi Kamau llegó de intercambio, conoció a una chilena y se quedó a vivir aquí. Trabajó en el Club Atlético La Pintana, en el Stade Francais y en el San Ignacio de El Bosque. Hoy, además de entrenar a Luka, tiene el proyecto “Experiencia Kenia”. Llevan a aficionados chilenos a correr la Maratón de Nairobi, y además de correr pasan tres días de safaris y tres días en las playas de Mombasa.

Luka Rotich Lobuwan ayuda a los chilenos que van a correr a Nairobi, los acompaña a entrenar, y les pregunta por Santiago. Esta ciudad que tanto le gusta, y donde se ha acostumbrado a ganar.

Seguir leyendo