“Ninguna industria será sostenible si no se hace cargo de gestionar la conservación”

Esta bióloga y ecóloga intenta promover ideas como el desarrollo sustentable en las empresas y organismos públicos, e invita a personas destacadas de esos dos mundos a visitar el Parque Karukinka, en Tierra del Fuego. Así es como le va.

Bárbara Saavedra dice que está “on fire”. En octubre pasado, el Consejo de Ministros para la Sustentabilidad aprobó la creación de un Área Marina Costera Protegida de Múltiples Usos en el Seno Almirantazgo, en Tierra del Fuego, un fiordo de 80 km que colinda con el Parque Karukinka, la reserva de conservación privada a la que le dedica tiempo y esfuerzo como directora de la oficina de Wildlife Conservation Society (WCS) en Chile. En estos días debiera firmarse el decreto y Bárbara está adelantando trabajo para implementar la protección de la zona.

“En la costa de Patagonia prácticamente no hay áreas protegidas y existen muchos espacios de alto valor de biodiversidad”, dice esta doctora en Ecología y Biología Evolutiva de la U. de Chile, nacida en la “república independiente” de Playa Ancha, en Valparaíso. Agrega que, entre otras cosas, en el lugar que se va a proteger se reproducen ballenas, hay bosques de huiros, bancos de ostiones y especies como elefantes marinos, focas leopardo, albatros de ceja negra. Según explica, las amenazas de la sobreexplotación y del turismo desregulado han afectado la distribución de algunas de estas especies, por eso se hace necesaria la medida. “Si queremos darles sustentabilidad a esas industrias locales necesitamos hacer gestión de la conservación, que es la base. El instrumento más conocido para eso es la declaración de áreas protegidas, pero ese camino requiere que se implementen en la realidad”.

Para que eso pase, dice ella, falta el eslabón clave que es el Servicio de Biodiversidad de Áreas Protegidas (que pasó su primera tramitación en el Senado), que debiera gestionar “de manera moderna y con base científica la conservación de nuestra naturaleza, que aún es invisible a los ojos de muchos, evitando la duplicación de funciones y sobre todo los vacíos de gestión de un conjunto de leyes y reglamentos que hoy están dispersos en distintos ministerios y servicios”.

¿Por qué es tan importante ese servicio?
Chile tiene cerca de un 23 por ciento de su territorio protegido y la mitad de las áreas no tiene planes de manejo, ni guardaparques; no hay inversiones ni investigación. En el tema marino pasa lo mismo: se están declarando un montón de áreas protegidas y las inversiones para gestionar esas áreas para la conservación son ridículas, si es que no son cero. Chile es el único país de la región que no tiene un servicio como ese. Nos creemos el vecino bonito de la región y en términos de conservación nos estamos arrastrando por el suelo. ¿En qué ecuación de la sustentabilidad es posible planificar si hay un cuarto del territorio del que nos hacemos cargo a medias?

Agrega Bárbara: “La gestión de la conservación involucra muchas más cosas que estar en terreno contando bichos. Hay que gestionar recursos, lograr acuerdos de gobernanza con las comunidades involucradas, generar información que sea pertinente -no cualquier investigación-, y monitorear si lo que uno está haciendo es lo adecuado o no”.

Cambiar de ruta

Bárbara está empecinada en inculcar el cuidado del medioambiente entre los tomadores de decisiones de las empresas y del sector público. Para eso se viste de excursionista y los lleva a ver en terreno las maravillas de su Parque Karukinka o se sienta con ellos en instancias como el Consejo Nacional para la Innovación y Desarrollo, el Consejo Chile-California y la Alianza Valor Minero.

¿Es compatible la conservación y el cuidado del medioambiente con el desarrollo?
No sólo es compatible; es imperativo. Si no hay conservación de biodiversidad no hay desarrollo posible. Punto. Por eso el tema de la sustentabilidad y la conservación van de la mano; el problema es que el mundo economicista es ciego a estos temas. Proyectar el tema económico en el vacío, sin gente que te provea de capacidad de trabajo y sin un ambiente que te entregue los servicios básicos sobre los cuales tú estructuras ese trabajo no es sustentable en el tiempo.

¿Está eso aceptado?
Depende de a quién le preguntes. Para mí es obvio; para los ciegos, no. Esta idea irreal y sin ninguna base científica de que es posible proyectar el desarrollo en el tiempo sin meter en esa ecuación la conservación de la biodiversidad -especialmente en un país como Chile, que funciona con recursos naturales- es una ilusión que tarde o temprano se derrumba por sí sola. Lo vimos con la industria del salmón en 2007 y es lo que le pasa a la industria pesquera, que tiene más del 70 por ciento de sus recursos sobreexplotados o agotados. La evidencia está ahí y no hay peor ciego…

¿Cómo es sentarse a la mesa con el mundo empresarial?
Mi mirada es minoritaria y poco valorada, pero hay que entender que este es un proceso, que hay personas que se están empezando a dar cuenta de la importancia de este tema y que hay gente como yo para apoyarlas. El mundo de las altas esferas, público y privado, cree que con una consultoría resolverá los problemas medioambientales en vez de entrar en proceso de transformación de otro tipo. Lo he visto, y después a los dos años están de vuelta en el mismo punto porque no entienden el fondo del asunto, que es que necesitas cambiar de rumbo y no hacer más de lo mismo. Ése es un gran desafío, porque no toda la gente tiene la capacidad de ver o de tomar la decisión, hay que tener coraje para hacerlo y el statu quo es super fácil.

Cuando estás con una persona que toma decisiones en una empresa, ¿qué le dices?
Depende de cómo se gatille el encuentro, hay conversaciones que nacen de la visión y otras que se generan en la urgencia, y ahí es muy difícil ver los temas de fondo. En la urgencia tú compites con los que van a vender la pomada de la consultoría rápida que supuestamente te va a resolver el problema medioambiental, pero estos problemas son, además, sociales y de inversiones.

¿Qué has aprendido estos más de 10 años relacionándote con empresas?
Que hay gente que entiende estos problemas, y aunque no tenga la solución, tienen que ser ellos los que estén a cargo de este asunto. Por eso, no da lo mismo quiénes están liderando en las empresas, en el Estado, en los centros de investigación, en los colegios. Y es muy raro encontrarte con las personas que están en la senda correcta.

¿Cuál es la senda correcta?
La que tiene una mirada a largo plazo pero actuando hoy, que entiende que la sustentabilidad es algo que se construye, no se resuelve con una consultoría o una investigación, y que tiene claro que es un trabajo que involucra a mucha gente en muchos niveles.

¿Qué debiera saber un empresario?
Primero, que ninguna industria será sostenible si no se hace cargo de gestionar la conservación, porque todo lo que una industria necesita -materias primas, agua, gente contenta en el entorno- pasa por una mirada ambiental. Segundo, que esa gestión de la conservación es un tema que se tiene que hacer con otros. La sustentabilidad se refiere a conexiones y a integración de la actividad que sea en el contexto donde ésta ocurre.

¿Qué industria lo está haciendo bien?
Olga Barbosa (bióloga y académica de la U. Austral) está haciendo algo interesante con la industria del vino. Ahí hay un maridaje en lo que te provee la biodiversidad para darle valor al producto final que es el vino. Olga ha tratado por muchos años, y creo que con bastante éxito, de mostrar que sí se puede lograr y lo hace en la zona central de Chile, que es donde se concentra la mayoría de la población y donde la biodiversidad es super importante.

Iglesias y antenas

Hace unos años, el Ministerio de Medio Ambiente realizó un análisis sobre el funcionamiento del sistema que evalúa ambientalmente los proyectos. Una de las conclusiones fue que las compensaciones de los titulares de los proyectos no era un tema bien resuelto y muchas reparaciones ni siquiera estaban dirigidas a la biodiversidad afectada.

Como parte de la solución, WCS, la organización que Saavedra dirige, elaboró en 2014 una Guía para la Compensación de la Biodiversidad, un documento de 40 páginas que busca disminuir el impacto que generan las industrias sobre el patrimonio natural en la ejecución de proyectos.

“Pregúntale a la gente del proyecto de la central Río Cuervo, que fue rechazada porque sus propuestas de mitigación no se hacen cargo del impacto en biodiversidad si es importante o no. La mitigación tiene que ser ecológicamente equivalente a la medida de compensación que estás proponiendo y esa es parte de la trasformación que debe tener el sistema de impacto ambiental. Hasta ahora, las medidas de compensación de las empresas no tienen nada que ver con lo que se impacta, entonces hacías desaparecer un bosque y lo compensabas con una iglesia, o impactabas un humedal costero y lo compensabas con una antena.

¿Eso ha cambiado?
¡Es así todavía! Pero estamos tratando de transformarlo gracias a esa guía, con la que la gente está acudiendo a los tribunales y gracias al compromiso de industrias como la minera o la energética con las pérdidas netas “cero” en biodiversidad. Por eso digo: la mitad del vaso no está vacía.

¿Por qué esa guía no fue vinculante?
No sé, pregúntale al ministerio. Este es un proceso: para construir se necesita pilotear, experimentar, tener socios en el mundo público y privado, y tener ejemplos concretos para ir aprendiendo cómo funcionan las cosas en la realidad. Esa es la magia de la sustentabilidad, y no viene de afuera, se construye acá adentro.

¿Tiene la gente hoy cómo oponerse a un gran proyecto?
Pregúntale a la gente de isla Riesco, que está en el fin del mundo y consiguió que no se aprobaran las tronaduras en la Mina Invierno. Cuando tienes una ciudadanía que está cada vez más vulnerada, pero dispuesta a levantar la voz y con gente dispuesta a apoyarla, se abren esos caminos. Nadie va a resolver esto solo. Por eso me da mucha risa –y lo tuitié- lo que alguien de la industria dijo: “Necesitamos reglas claras”, pensando que con una legislación lo vas a resolver todo. Eso no va a pasar. La sustentabilidad es sistémica, está todo conectado, puedes tener reglas claras, maravillosas, estupendas, pero si le caes como guadaña a la comunidad local, esta no lo va a aceptar y van a aparecer los socios en algún momento, porque cada vez los problemas son más graves y frecuentes, y la gente está más conectada.

¿Cómo se resuelve este choque frecuente entre comunidades e industrias que quieren instalar cerca de ellas?
Si tuviese la fórmula ya la habría patentado, pero se requiere liderazgos que apunten a ponerse de acuerdo en el buen sentido de la palabra, no en la cocina. Obviamente falta una herramienta de ordenamiento territorial, pero el mundo político tanto público como privado está en contra, porque cree que se van a reducir sus posibilidades de inversión. Craso error.

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