Paula Molina: De “crímenes pasionales” al “ni una menos”

En medio del ambiente de empoderamiento femenino, la abogada Paula Vial puso la idea en Twitter: que algún medio dedicara toda su edición sólo a columnas de mujeres. En Tendencias lo hicimos y 43 mujeres escribieron para esta edición especial.


Cuando llegué al periodismo, los femicidios eran crímenes “pasionales”, causados por “el amor”, “los celos”.

Cuando llegué al periodismo, no se oía hablar de aborto, excepto en las policiales. Las mujeres tenían un espacio privilegiado en la crónica roja: víctimas de violación, de abusos, víctimas de todo tipo.
Cuando llegué al periodismo, no se hablaba de violencia en el pololeo.

Cuando llegué al periodismo, los entrevistados eran principalmente hombres, pero siempre había una mujer en la portada de algún diario, y esa mujer no tenía la ropa puesta.

Cuando llegué al periodismo, las mujeres hacían las preguntas y los hombres tenían las respuestas.

Haciendo honor a una tradición chilena, el periodismo tenía firma, voz y rostro de mujer, Patricia Verdugo, Raquel Correa, Mónica Verdugo y otras. Pero los expertos, las autoridades, los artistas con los que hablábamos, eran casi todos hombres.

Los hombres debatían entre ellos y si había una mujer, era una rareza. Nadie decía “panel de hombres”. Se decía, simplemente, “panel”. Se asumía que en la calles, las mujeres disfrutaban los chistes y las risotadas sobre su cuerpo o su ropa. Se llamaban “piropo”.

Cuando llegué al periodismo, se decía “el jefe de hogar” y “la señora en su casa”; las mujeres a cargo de su familia eran invisibles. Si trabajaban fuera, no sorprendía que les pagaran menos.

Todo esto pasó hace poco y, en alguna medida, sigue pasando.

Recuerdo una vez, en televisión, cuando llegó la noticia en vivo de una persona baleada en la vía pública. Delincuencia desbocada, dijo alguien. Narcotráfico, propuso otro. Es un hombre atacando a una mujer, probablemente su pareja, sugerí, y así era. Porque los crímenes más feroces se cometen contra mujeres. No es gracia saber algo así, no es oficio: es costumbre.

El 2013, cuando gané una beca para ir a Harvard, entre otras cosas, formamos un grupo de lecturas feministas junto a dos académicas norteamericanas, una corajuda periodista alemana y una reportera del New York Times. Leímos desde J.S. Mill hasta Gloria Steinem. Que las mujeres hablan menos en las reuniones, está cronometrado; que sus ideas se atribuyen a los hombres, está probado; que las tratan de “mandonas” cuando tienen algún poder, está estudiado; que sólo las privilegiadas protestaban, es crítica común.

Hace unos días entrevisté en Cooperativa a Sonia Montecino, antropóloga, y me dijo algo en lo que quiero creer: que las mujeres en los medios habían sido un aporte, planteando nuevas preguntas y buscando nuevas voces sobre la discriminación, la violencia, los reclamos y los derechos de todas. ¿Por qué las trabajadoras pagan más en las isapres? ¿Por qué la pobreza tiene cara de mujer y de niña? ¿Por qué no hay más gerentas, ministras? ¿Por qué importa cuánto pesa una Presidenta?

Se perdió el miedo a la palabra feminismo. Se rompió el tabú del aborto. Se empezó a preguntar y contar cada asesinada y a exigir: ni una menos. Lo sé porque yo estaba allí. Lo sé porque he tenido el privilegio, y siento el deber, de seguir haciendo esas preguntas y muchas más.

* Periodista de Radio Cooperativa

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