Platón y Heidegger, consultores

Vicente Martí

En su nuevo libro 20 filósofos visitan su empresa, Carlos Sandoval imagina a diversos pensadores como si fueran asesores de una organización empresarial. El fin es aprovechar sus distintas ideas y visiones del mundo como herramientas para potenciar el liderazgo, el rendimiento personal y las relaciones interpersonales.

Según el estereotipo, el filósofo que cavila distraído parece estar en las antípodas del empresario alerta a los vaivenes del mercado. La tradición se remontaría al menos a seis siglos antes de nuestra era, con el pensador griego Tales de Mileto, quien habría caído en un pozo mientras contemplaba las estrellas. Ocupado en sus abstracciones, no pudo ver lo que tenía a sus pies.
Pero también se cuenta que cierta vez, gracias a sus conocimientos de astronomía, Tales previó un año de muy buena cosecha de aceitunas; arrendó a bajo precio los molinos de aceite de la zona y, llegado el momento oportuno, los rearrendó al precio que quiso. Al parecer, no estaba tan alejado de las cosas de este mundo.

La empresa de pensar

La noción del sabio despistado tampoco convence a Carlos Sandoval (52), quien ha frecuentado ámbitos filosóficos y empresariales con el propósito de servir de puente entre ambos. Para él, la imagen es una simplificación: “Si revisamos la vida de los filósofos, encontramos a Platón fundando la Academia, Aristóteles preocupado de la política, el arte, la lógica y la naturaleza; Sócrates fue condenado por subvertir a la juventud con nuevas ideas; Maquiavelo estaba ocupado de dar estabilidad política a la Italia de su época; Sartre jugado con los movimientos de los años 60 y Simonne de Beauvoir es un antecedente para la liberación femenina. Como vemos, los filósofos no estuvieron nada de distraídos y han estado muy comprometidos con los asuntos de su tiempo”.

Desde 1998 Sandoval se desempeña como asesor organizacional, es socio fundador de Sp Consultores y ha escrito varios libros sobre el tema (entre ellos: Crear valor con las personas, Me nombraron jefe: ¿qué hago? y Reyes, magos y guerreros). Pero su primera carrera, antes de sus estudios en gestión y en ciencia política, fue la filosofía (licenciado en la Universidad Católica) y probablemente eso sea más notorio en su nueva obra 20 filósofos visitan su empresa. Allí imagina una serie de pensadores de la tradición occidental del siglo IV a.C. al XX d.C. como si fueran asesores de una organización empresarial. Así, desfilan Heráclito, Parménides, Pitágoras, Sócrates, los sofistas, Platón, Aristóteles, el pensamiento medieval (uniendo a Santo Tomás, San Agustín y los monjes benedictinos), Maquiavelo, Hobbes, Descartes, Bacon, Hume, Kant; Hegel, Nietzsche, Heidegger, los filósofos del lenguaje (especialmente Wittgenstein) y la teoría de sistemas.

De los filósofos que menciona Sandoval, sólo Wittgenstein podría haber estado a cargo de una compañía familiar. Sus padres tenían una inmensa fortuna industrial y luego inmobiliaria, pero él rechazó tanto la riqueza como la empresa para dedicarse, entre otras cosas, a ser profesor rural y jardinero. Pero no es tan extraña la presencia de personas con formación filosófica en empresas: basta pensar en el estadounidense Peter Thiel, quien cofundó PayPal, fue uno de los primeros inversores de Facebook y hoy es presidente de un fondo de inversión libre global. O el español Santiago Eguidazu, presidente ejecutivo del grupo de asesoramiento e inversión financiera Alantra y que, además, está a cargo de la editorial especializada en filosofía Avarigani.

De hecho, se ha comentado que, hoy en día, mucha gente que ha estudiado filosofía se desempeña como investigadores de mercado, consultores de empresas o responsables de recursos humanos.

¿Es así?
-Es así y se debe a varios motivos. El primero es que las empresas están descubriendo que requieren la diversidad de perspectivas para lograr sus objetivos, no solo de la mirada económica, sino también de la artística, sociológica, antropológica y filosófica. Lo segundo es que las compañías han incorporado una perspectiva más humanista en su gestión: ¡Qué más humanista que contar con visión, misión y valores, preocuparse del clima laboral, la responsabilidad social, la identidad de marca o la experiencia de cliente! Lo tercero es que si uno revisa el último informe del Foro Económico Mundial se ve que la gran competencia que hoy suma para el mundo del trabajo es el pensamiento crítico. La infinidad de datos, la globalización, la diversidad y la saturación de las comunicaciones lo hacen urgente.

-¿Un filósofo puede ser buen consejero?
-Por supuesto. Competencias centrales de la filosofía son el pensamiento crítico, la búsqueda del sentido, la perspectiva ética y la capacidad de construir nuevos paradigmas de comprensión. Estas capacidades son un aporte a las empresas que buscan innovación y perspectiva estratégica, que están preocupadas de su identidad de marca y de adaptarse a los nuevos paradigmas como la diversidad o el mundo en red. Lo que sí es importante destacar es que para ser un buen consejero el filósofo debe entender las dinámicas y el sentido práctico de la empresa, de lo contrario se convierte en un juez, un investigador o un desubicado.

Pensar en la empresa

Cada disciplina tiene sus tecnolectos y así como los devaneos metafísicos giran en torno al “ser”, los de gestión lo hacen sobre el “liderazgo”, concepto que aparece reiteradamente en 20 filósofos visitan su empresa. Dice su autor que el libro está destinado a directores y gerentes, pero puede ser leído por cualquier persona, pues expone sucintamente algunas de las ideas centrales de cada filósofo.

A eso se agregan algunas lecciones que una empresa puede sacar de esas ideas, más una serie de preguntas que cada autor formularía a sus asesorados. Si Heráclito afirmó que “nadie se baña dos veces en el mismo río”, como consejero averiguaría: “¿Puede adaptarse con fluidez a los cambios constantes del entorno?”. Y Sócrates, quien dijo la famosa frase “sólo sé que nada sé”, preguntaría: “¿Es capaz de declarar públicamente su ignorancia y buscar ayuda para encontrar la verdad?”. Y Hegel, que propugnaría la dialéctica, plantearía: “¿Cuáles son las principales tensiones internas de su organización?”. Hay momentos, además, de cierto humor: Maquiavelo ofreciendo sus servicios como “experto en el arte de alcanzar, mantenerse y aumentar” la influencia, señalando que si se desean algunas referencias de su trabajo “puede preguntar a la familia Médici”.Carlos Sandoval Editorial Conecta / Penguin Random House, Santiago, 2018 Páginas: 200 Precio aproximado: $12 mil.

-¿Considera útil el diálogo filosofía-empresa?
-Absolutamente. Veo el libro como un intento de aportar en ese diálogo, que tiene una perspectiva: el liderazgo y la comprensión de las organizaciones. Además, la filosofía se ocupa de temas que son de valor y urgencia para las empresas de hoy. Pensemos en el tema ético, los fenómenos del poder, las relaciones interpersonales, la identidad personal y, por sobre todo, el sentido. Sinceramente creo que uno de los fenómenos que explica la crisis de Carabineros, el caso La Polar y el descrédito de la política es el déficit que presentamos como país en la reflexión ética y del sentido, y aquí la filosofía tiene mucho que aportar.

-¿No le suena raro que cualquier persona, también un filósofo, hable demasiado de “liderazgo”?
-El liderazgo es un fenómeno universal de la experiencia humana, allí donde haya personas, habrá relaciones, organización, conflictos y liderazgo. En este sentido la reflexión sobre qué es y cómo liderar puede ser revisado desde los orígenes del pensamiento, pasando por los mitos, la filosofía, la ciencia y la técnica. Por lo demás, desde muy temprano la filosofía entendió que la forma de liderar y de organizarnos modela el alma de las personas, por eso Platón escribió La República.

-Las palabras tienen poder en los sofistas y en los filósofos del lenguaje. ¿Eso también ocurre en la empresa?, ¿es una ventaja de los filósofos estar atentos a ellas?
-La comunicación es un factor crucial para la vida de las empresas, pues hacemos que las cosas pasen a través de ella. Trabajar es ir a reuniones, hacer presentaciones, negociar, entregar un buen servicio y tomar decisiones. Por ello, cualquier mejora que se haga en este nivel impacta directamente en el desarrollo organizacional. Y sí, es una ventaja de la filosofía saber estar atenta a las palabras y comprender las funciones que juegan en la vida de las personas y las organizaciones.

-Usted plantea el coaching como un juego de lenguaje. ¿Qué es en rigor?, ¿no exagera al señalar a Sócrates como su padre?
-El coaching como lo conocemos hoy tiene su antecedente en el mundo deportivo de alto desempeño, donde los entrenadores se dan cuenta que hay aspectos no técnicos que inciden en el rendimiento de los atletas, como las emociones y la recuperación de la adversidad. Este mismo principio pasó al mundo organizacional, donde nos percatamos que hay aspectos no técnicos que influyen en el desempeño y el liderazgo, como las competencias comunicativas y la disposición al aprendizaje. Esos asuntos no pueden ser trabajados desde la lógica del entrenamiento clásico, pues se requiere que sea la propia persona la que identifique sus desafíos, se abra a nuevas posibilidades y tome compromisos de acción. Y aquí aparece el valor de Sócrates, porque él postuló que la verdad estaba dentro de cada persona y el rol del filósofo es ayudar, a través de preguntas, a que reconozcamos nuestras zonas de ignorancia, nos abramos a la reflexión, nos encontremos con la verdad y actuemos en consecuencia. El coaching toma casi al pie de la letra el método socrático. No exagero al decir que Sócrates es su padre.

-¿Se pueden manifestar en la gestión empresarial ideas tan distintas como el racionalismo (encarnado por Descartes) y el empirismo (por Hume)?
-Creo que sí, porque las empresas requieren de una riqueza de perspectivas y métodos para cumplir con sus objetivos. No dudo que la mirada de la calidad se sentirá cómoda con el empirismo de Hume, que los profesionales de recursos humanos encontrarán en Sócrates una guía para su trabajo y que las áreas de marketing verán en Wittgenstein una inspiración. También creo que un gerente general podrá ver su labor desde la perspectiva histórica de Hegel y que un coach o mentor interno podrá apoyarse en las desafiantes preguntas de Nietzche. Lo apasionante del trabajo y la vida organizacional es que nos obliga a desplegar todo el amplio abanico de facultades humanas, por eso es un lugar clave para el desarrollo personal.

– Su libro plantea que Heidegger está en la base de las más importantes perspectivas organizacionales de hoy.
-Sin duda Heidegger es uno de los pilares del paradigma sobre el cual estamos viviendo, para bien y para mal. Heidegger fue quien abrió al final de sus días la importancia de las emociones en la forma de experimentar el mundo. Él junto a Husserl y la filosofía analítica son los que advierten la importancia capital del lenguaje en la construcción del sentido, las visiones de mundo y la acción cotidiana. De otro lado, se da cuenta que el mundo actual será tomado por la lógica técnica en desmedro de la lógica del sentido y del encuentro y ello provocará un desarrollo insospechado, pero también dejará abierta la crisis de relación con el medioambiente, provocará estrés en las personas y una crisis de sinsentido. Cualquier mirada a un diario revela que eso es justamente algo que estamos viviendo como sociedad.

-¿Cómo usar las distintas y a veces contrapuestas perspectivas de los distintos filósofos?
-Se pueden tomar varios puntos de vista para mirar esta diversidad de la filosofía. Algunos la viven como una competencia intestina por saber cuál es la verdad y el dogma que debe prevalecer sobre otros. Particularmente yo me acerco a la filosofía desde dos perspectivas. Una es la de conocer los fundamentos desde los cuales las personas nos paramos para vivir, sentir, trabajar, relacionarnos y realizarnos. Y la segunda es ver a la diversidad de la filosofía como un esfuerzo conjunto por develar (esa es la traducción original de la palabra verdad) la riqueza de la experiencia humana.

20 filósofos visitan su empresa Carlos Sandoval Editorial Conecta / Penguin Random House, Santiago, 2018 Páginas: 200 Precio aproximado: $12 mil.

 

 

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