Rapa Nui all inclusive

Un año después de recorrer el Parque Nacional Torres del Paine en una silla de ruedas ayudado por sus amigos, Álvaro Silberstein, un ingeniero civil de 32 años que tras un accidente en auto quedó tetrapléjico, cumplió su segundo desafío: abrir rutas turísticas inclusivas en la Isla de Pascua a través de su empresa social Wheel the World.

 

Siempre soné con ir a Rapa Nui. Ir con este proyecto me generó desde el comienzo una sensación especial. En el avión tenía en la mente la exitosa experiencia en las Torres del Paine y estaba más nervioso que esa primera vez. En ese recorrido realizado a fines de diciembre de 2016 yo era el único del equipo con una discapacidad y todo giró en torno a mí. Ahora era distinto, porque en el grupo de 20 personas, cinco teníamos algún tipo de movilidad reducida: María Paz “Marita” Díaz, tenista paralímpica; Sebastián Zúñiga, un joven aventurero de Temuco que hace dos años quedó parapléjico por un accidente; Jake Heightcan, un estadounidense de San Francisco con una discapacidad física, y yo. Al llegar a la isla se nos sumaría Jorge Donoso, un rapanui que tiene parálisis cerebral y trabaja en el aeropuerto Mataveri recibiendo a los turistas para la agencia Maururu Travel.

Desde Santiago nos contactamos con la comunidad indígena Ma’u Henua, administradora desde hace un mes –cuando la Presidenta Bachelet les traspasó la concesión por 50 años- del Parque Nacional Rapa Nui y que precisamente buscaba maneras para mejorar los accesos de esa zona declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. También establecimos lazos con Ka Aha A Ira, la organización por la discapacidad de la isla, y con Sernatur. El objetivo común era ayudar a los operadores turísticos locales a incorporar los conceptos de la discapacidad y encontrar experiencias de aventura inclusivas y las conversaciones generaron expectativas en la comunidad local. Por lo mismo, sentía más responsabilidad y no quería fracasar ni decepcionar a quienes iban conmigo.

En general, una persona de visita en la isla recorre los parques arqueológicos, anda en bicicleta, va a la playa de Anakena y practica buceo. Para eso, esta vez no bastaba con la Joëlette, una silla terreno con una sola rueda que permite a las personas con movilidad reducida practicar trekking con ayuda, y que usé en el viaje a Torres del Paine. Esta vez incluimos una silla GRIT, que da más autonomía y también llevamos dos bicicletas adaptadas y dos sillas de playa para desplazarse en la arena y flotar en el agua.

Al aterrizar, la comunidad Ma’u Henua nos recibió con música y bailes típicos y tras eso nos fuimos a la casa donde nos quedamos durante la semana, cercana al centro, y trabajamos armando las sillas y las bicicletas. Nuestra primera meta era recorrer al día siguiente los cerca de 20 kilómetros que hay desde el centro de Hanga Roa hasta el parque del volcán Rano Raraku, donde está la cantera de los moáis.

Una meta (casi) imposible

“Oye, es super largo el camino y tiene hartas subidas”, nos dijeron esa mañana, pero como éramos un grupo de porfiados no lograron disuadirnos. Partimos a las 11 de la mañana y sólo tres completamos el trayecto. Llegamos a Rano Raraku alrededor de las cinco de la tarde. Los otros dos siguieron en el auto de apoyo. De eso justamente se trataba, de probar qué se puede y qué no. Ahora sabemos que el recorrido completo es apto para los más deportistas y que, pese al cansancio, vale la pena. Marita Díaz estaba muy emocionada ese día. En 2007 la alcanzó una bala loca y la hirió gravemente y no pudo volver a caminar. Hoy además de tenista profesional, es modelo y en 2017 participó en el concurso Miss Mundo Silla de Ruedas representando a Chile.

Pese al cansancio, después recorrimos el parque en las sillas de trekking. Nos pilló el atardecer y con esa luz vimos el Ahu Tongariki, la plataforma ceremonial formada por 15 moáis de espaldas al mar. Lo más emocionante fue ver a Jorge, que pese a haber vivido siempre en la isla, nunca había podido subir al cráter del Rano Raraku. Tenía una sonrisa de oreja a oreja y no paraba de darnos las gracias. Esa experiencia le dio todavía más sentido al viaje.

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Algo inesperado

El tercer día tuvimos una experiencia no contemplada en nuestro itinerario. Los rapanuis celebraron la recuperación de la administración del Parque Nacional Rapa Nui en una ceremonia que encabezó la Presidenta Bachelet. Yo parecía muñeco porque sin proponérmelo terminé en primera fila. Fue un poco cómico, pero a la vez emocionante por su significado para los locales. Fue una linda casualidad estar ahí.

Un trekking ideal

El cuarto día partimos desde el pueblo de Hanga Roa por el sendero Te Ara o Te Ao, que termina en el cráter del volcán Rano Kau, donde está la aldea ceremonial de Orongo. Es un trayecto muy bonito que comienza en un bosque y pasa por varios miradores desde donde se ve el mar. La subida nos tomó cerca de dos horas con varias paradas para comer y conversar. Lo vivimos como un equipo de personas unidas por la idea de que las barreras muchas veces son sólo mentales y llegamos todos sin problemas.

Tan emocionado como la Marita estaba el Seba, un temucano de 22 años. El accidente que lo dejó parapléjico no le quitó las ganas de conocer el mundo y hoy tiene una página en Facebook llamada Las aventuras de un loco en silla de ruedas, donde cuenta sus experiencias. Aún así cuando llegamos a la cima del Rano Kau nos explicó que no pensó que llegaría hasta ese lugar.

Después recorrimos la aldea de Orongo y terminamos el día con un descenso desde el volcán hacia Hanga Roa en bicicleta. Quisimos hacer downhill, pero no fue buena idea y estuve muy cerca de darme un porrazo. No pasó nada, pero no era una aventura ni para repetir ni para recomendar.

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Arena y sol

Al día siguiente por fin inauguramos las sillas anfibias, que con sus grandes ruedas ayudan a moverse por terrenos difíciles, como arena, nieve o pasto, y pueden flotar en el agua. Funcionaron super bien y causaron sensación en la isla.

No contentos con eso, quisimos bucear. En la isla hay una guía certificada para asistir a personas con movilidad reducida cuando están bajo el agua y nosotros ayudamos a capacitar a tres centros dedicados a esta actividad. Ese momento fue especialmente importante para nuestro compañero estadounidense, Jake, quien vive con una discapacidad física desde los 16 años y que trabaja como consultor en inclusión y accesibilidad para empresas de Sillicon Valley. Si bien su mamá y su padrastro son buzos aficionados a la fotografía submarina, él nunca había practicado este deporte y debió viajar hasta el otro lado del planeta para descubrir ese mundo submarino tan cotidiano para su familia. La magia de Rapa Nui.

La isla desde arriba

Dejamos para el último día del recorrido el principal desafío: subir al punto más alto de la isla, el volcán Terevaka. Partimos en sillas de trekking. Si bien se necesita apoyo de dos o tres personas para empujarlas, el trekking es totalmente factible de realizar y llegamos a la cima del volcán Terevaka.

Disfrutamos del paseo, las vistas de la isla, las manadas de caballos que se nos cruzaron en el camino y nos quedamos un rato arriba contemplando todo. Otra vez nos emocionamos de poder estar ahí.

Todos los implementos utilizados en los recorridos quedaron en la isla tras el fin de la expedición para que otras personas con discapacidad, locales o de visita, puedan usarlos. Pero nuestro legado aspira a ser más profundo que dejar implementos o protagonizar aventuras; queremos impulsar un cambio de mentalidad. La inclusión no tiene límites, y la creatividad y el esfuerzo nos ayudan a dar con nuevas soluciones. Si pudimos recorrer Rapa Nui, uno de los lugares más remotos del mundo, se puede hacer también en otras partes, y por eso creo que todavía hay mucho pendiente: quiero trabajar para que haya más lugares accesibles y para derribar las limitaciones en la cabeza de la gente.

UN TRABAJO COMO CUALQUIERA

Wheel the World es el emprendimiento social de Álvaro Silberstein, ingeniero civil de la UC, que a los 18 años sufrió un accidente en auto y quedó tetrapléjico, y de su amigo Camilo Navarro, auspiciado por Columbia y Banco de Chile. El propósito de la empresa es explorar y habilitar espacios para las personas con discapacidad, a través de experiencias inclusivas en lugares turísticos del mundo. La primera vez fue un trekking en silla de ruedas en Torres del Paine. Rapa Nui es la segunda. La tercera será en el Valle de Cochamó, en la Región de los Lagos.

El documental con la expedición Wheel the World Rapa Nui será lanzado el miércoles 10 de enero a las 19.30 en el Teatro IF (Avenida Italia 850).

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