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Actualizado el 27/02/2015

Blog de Alejandra Sepúlveda. Es Directora Ejecutiva de ComunidadMujer

Alejandra Sepúlveda

Alejandra Sepúlveda

Directora Ejecutiva de ComunidadMujer

Las mujeres en el poder y en la toma de decisiones

Hoy parte oficialmente la cumbre organizada por el gobierno y ONU Mujeres en Chile. Durante dos jornadas, destacadas invitadas internacionales y líderes de nuestro país reflexionarán sobre la que probablemente ha sido una de las metas más difíciles y esquivas de alcanzar para las mujeres en todo el mundo: superar su escasa representación en las esferas de poder.
En las últimas décadas es claro que ha habido avances. Hoy 50 mujeres son jefas de Estado o de gobierno en 189 países. Latinoamérica aporta una cifra récord de mandatarias y el segundo mayor número de legisladoras (26%). No obstante, estas cifras de representación política resultan insuficientes y lo son más cuando analizamos la presencia de mujeres en las esferas de poder económico y social. Chile es parte de esas magras estadísticas, que se contraponen con el hecho de que las mujeres seamos el 50% de la población en nuestro país y en el mundo.

Hasta ahora, lo que parece común a las mujeres que han alcanzado las máximas esferas de poder es tener biografías personales muy potentes, liderazgos que prenden extraordinariamente en la ciudadanía, historias de tremendo esfuerzo y mérito, acceso privilegiado a oportunidades y a educación, mentores/as muy eficaces, niveles de popularidad que no se pueden explicar sólo por los parámetros clásicos de la política, entre otros.

Pero en todo los casos se trata de mujeres extraordinarias, que logran romper el “techo de cristal”, mientras la gran mayoría se queda a la saga, enfrentando desigualdades inmerecidas a lo largo de su ciclo de vida. Ello, simplemente, porque el modelo de sociedad que hemos construido así lo ha establecido y mantenido a lo largo del tiempo. Las brechas de género son grandes y se perpetúan, a menos que se las aborde con decisión y convicción.

Es tiempo entonces de romper la inercia. Las sociedades más desarrolladas que han avanzado hacia la mayor igualdad, como es el caso de Noruega y Suecia, lo han hecho con voluntad política, aplicando la acción afirmativa para acelerar los procesos de transformación cultural necesarios para resignificar el rol y el aporte de las mujeres en todos los ámbitos. Pero también lo han hecho invirtiendo recursos y otorgándole a este objetivo un valor económico y estratégico.

Tener una acción decidida para cambiar las estructuras subyacentes que perpetúan la desigualdad de género es un llamado urgente y estratégico de esta cumbre. Y redoblar los esfuerzos para lograr una masa crítica de mujeres en las esferas de poder, que puedan ir allanando el camino al tan necesario salto al desarrollo con igualdad, es un objetivo táctico.

Hace 20 años, en la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, 189 gobiernos y más de 30 mil representantes de la sociedad civil asumieron acuerdos históricos para el avance de los derechos de las mujeres; se debatieron temas nunca antes tratados y se establecieron voluntades políticas y acciones específicas orientadas al empoderamiento de las mujeres y la igualdad de género.
La Plataforma de Acción también fue una invitación a imaginar y soñar sociedades que daban inicio a un proceso de transformación, ruta que llevaría a que niñas y mujeres gozaran de mayor bienestar y del pleno ejercicio de sus derechos. Y se adquirió el compromiso de avanzar en 12 áreas prioritarias. Ahora, dos décadas después, en el actual proceso de revisión de esos compromisos que tendrá una cita especial los próximos 9 y 10 de marzo en Nueva York, el balance es heterogéneo, de adelantos y retrocesos, pero aún insuficiente.

En Chile, en estos años recorridos, reconocemos importantes logros y múltiples desafíos para seguir avanzando. Destacamos el acceso a la educación de las mujeres, que hoy cuentan –en promedio- con un año más de estudio que los hombres, teniendo incluso mayores tasas de titulación en la educación superior. Pero a la vez alertamos sobre el hecho de que se concentren en áreas de estudio vinculadas a su rol tradicional, estando prácticamente ausentes en las ciencias, matemáticas, ingenierías y tecnologías, lo que determina peores oportunidades y acceso a recursos para ellas.

Sin duda, el ingreso masivo de las mujeres al mercado laboral remunerado ha contribuido a su mayor autonomía económica y a la reducción de la pobreza, pero nuestro país se distingue por contar con la menor participación laboral femenina (48%) en la región. Las mujeres siguen ganando en promedio un 33% menos que los hombres y están dramáticamente subrepresentadas en cargos de tomas de decisiones (15% parlamentarias, 5,4% en directorios Ipsa, 2,4% empresarias, etc), pese a la relevancia simbólica de tener Presidenta del gobierno, presidenta del Senado y presidenta de la CUT, entre otras altas autoridades.

Aquí el desafío claro es seguir avanzando en políticas que favorezcan la mayor presencia de mujeres en el espacio político y laboral y que sean diseñadas desde una perspectiva de género, considerando la corresponsabilidad social y familiar del cuidado, en toda su dimensión.

La aprobación legislativa de la creación del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género permitirá contar con una institucionalidad más fortalecida y capaz de diseñar, ejecutar y articular políticas para la igualdad entre mujeres y hombres, que contribuyan a continuar en la ruta esbozada en Beijing. Un ministerio que fortalezca y amplíe su alcance actual para la erradicación de la violencia contra las mujeres, entre otros grandes pendientes.

Por último, cabe celebrar la nueva ley que modificó el Sistema Electoral Binominal por uno Proporcional Inclusivo, que establece la obligatoriedad de conformar listas de candidaturas que no superen el 60% de integrantes de un mismo sexo. Esta cuota de género viene a garantizar la presencia de mujeres candidatas, ampliando el escenario de elección, aun cuando para corregir su baja representación en el Congreso sean necesarias también otras reformas a la ley de partidos políticos y financiamiento electoral.
Las evidencia internacional muestra que las cuotas actúan como un efectivo acelerador para una mayor igualdad de género y hoy parece necesario ampliar su acción a otras esferas del espacio político, como son las elecciones municipales y de consejeros/as regionales y también en el ámbito de los directorios de empresas.

Hace dos días, Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU Mujeres, planteó que “el camino hacia la igualdad de los hombres y las mujeres tiene que tener un final, no puede ser una vía que no tenga fin”. Es de esperar que esta cumbre permita, justamente, asumir de manera transversal que los límites impuestos en este ámbito ya se han agotado y que en adelante no queda más que implementar los objetivos necesarios para un alcance pleno de los derechos de las mujeres. No podemos ni debemos esperar 50 años más.

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