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Actualizado el 04/11/2017

Blog de Alfredo Jocelyn-Holt. Es Historiador

Alfredo Jocelyn-Holt

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Historiador
El águila y la hormiga

El águila y la hormiga

A la defensa de las reformas del gobierno, pensada para contrarrestar el desplome producido, habría que ponerla en perspectiva. Su arremetida última (el “legado”), con Bachelet a la cabeza, debe remontarse a un año atrás, cuando directivos de la Nueva Mayoría admitían un “déficit comunicacional”, quejándose de la falta de un “relato” que hilara y diera sentido a las reformas; también llamaban a que La Moneda se pusiera las pilas al entrar en la recta final mostrando lo bien que lo han hecho. Todo dicho con suma urgencia, angustiados de que después de dos años y medio tres directores se turnaran en la Secretaría de Comunicaciones. Y eso que las platas no era problema: 4 millones de dólares mensuales el presupuesto de Secom, 4 adicionales por lo del “Proceso Constituyente”, y US$ 60 millones anuales destinado a publicidad del Estado, granjeándole una holgada ventaja al gobierno todos estos años.

Pero, como con toda publicidad, en que su impacto es tan potente como la calidad de lo que promueve, se ha debido recurrir a argucias y patrañas. Un columnista señalando los 20 nuevos hospitales (29 en construcción), las 18 mil becas de vocación de profesor, los 7 nuevos parques (22 en construcción), y así ad nauseam, parecido a los años 80 cuando el régimen militar hacía que sus adictos invocaran el número de relojes de pulsera, refrigeradores y lavadoras importados, para acallar al incrédulo. Otro de estos columnistas, publicista él mismo, también nos ha contado que lo ha dejado meditando un periodista extranjero (sin nombre) quien le intimara que ya no hay marchas como en 2011, un logro bacheletista por supuesto, y así sucesivamente. En fin, análogo a cuando Robert McNamara, jefe del Pentágono bajo Kennedy y Johnson, tras recabar todo tipo de datos que mandara a pedir sobre el curso de la guerra en Indochina, anunciaba que era una pura cuestión de tiempo, paciencia, y ésta estaría por terminarse.

Vale la pena ver la serie documental de Ken Burns y Lynn Novick (“The Vietnam War”) transmitida por PBS si no por otra razón porque vuelve evidente alguna de las falacias más sostenidas estos 60 o más años. Qué cuento lo de la posverdad si da lo mismo que nos hagan creer una falsedad cuando el lío es que quienes manejan la maquinaria del poder suelen creerse a sí mismos. Y esto porque se pasa por alto la visión de conjunto que arroja la llamémosla “mirada del águila” y se contentan con el hormigueo de microdatos compendiado que, a su vez, arrojaría la vivencia positiva, “en terreno”. Espejismo que data de la Guerra del 14 cuando todo comienza a medirse en minúsculos avances, trincheras empantanadas, enemigos a metros de distancia; más “empática” la vivencia, conforme, pero, a la larga, históricamente miope. “Una vez llegada la desgracia, de nada sirve quejarse”, decía Esopo.

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