La Tercera

Con el corazón en la mano

La calma era fundamental. Por sobre jugar bien. Era importante confiar en el planteamiento y en las capacidades; no perder la concentración y empujar por el control de la pelota. No volverse loco si las jugadas no salían, no desesperarse si costaba llegar o si el rival crecía inesperadamente.

Conseguir la victoria estaba por encima de cualquier consideración.

Después de semanas turbulentas, de la doble debacle frente a Paraguay y Bolivia, de la aparición de las dudas, de las recriminaciones, de la crisis, de los chivos expiatorios y los cuestionamientos al técnico, su sistema y formas, Chile estaba obligado a demostrar que mantenía intacto el enfoque requerido para la tamaña empresa de conseguir llegar a Rusia 2018.

Y lo tuvo. Cuando todo parecía perdido, incluso.

En esa pelota limpia que recibió Vargas de Valdivia, tras el robo de Sánchez a Valencia. Porque hasta ahí no le era sencillo generar peligro ante un Ecuador que se agrupaba atrás para apostar por el contragolpe rápido.

Y nuevamente en el epílogo, con el gol del tocopillano que sacó a la Roja de un knock out casi seguro.

En una jornada en la que la labor colectiva volvió a ser el principal motor de la Selección -algo que jamás debe cambiar-, Valdivia tuvo el encuentro que se esperaba de él.

Su firma estuvo en cada una de las situaciones de riesgo y profundidad que generó Chile mientras el volante estuvo en el campo, entre ellas un cabezazo suyo que bien pudo traer la tranquilidad mucho antes.

Respondió al clamor popular que pedía su inclusión desde el primer minuto.

Sin embargo, ni la adrenalina de un triunfo de suspenso ni todos los pases del Mago garantizan la clasificación.

No hay nada dicho. Cinco equipos separados por dos puntos, lo confirman.

El que pestañea, se queda abajo.

Toca ir nada menos que a Brasil, invicto en casa por Clasificatorias, y hacerlo sin ningún integrante del mediocampo ideal de esta generación (salvo el milagro de Aránguiz), obligando a repensar una zona clave en la esencia de este equipo. Es la oportunidad de Pizzi para lucir las alternativas que tiene pensadas ante la inexplicable ausencia de Marcelo Díaz.

Nombres más o menos, la clave está en mantener el foco recuperado; en no pensar para atrás, sino que para adelante.