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Actualizado el 27/07/2017

Blog de Tomás Ariztía. Es Investigador Núcleo Milenio en Energía y Sociedad, NUMIES. Universidad Diego Portales

Tomás Ariztía

Tomás Ariztía

Investigador Núcleo Milenio en Energía y Sociedad, NUMIES. Universidad Diego Portales
Corte de luz: una oportunidad para pensar los aspectos sociales de las redes eléctricas

Corte de luz: una oportunidad para pensar los aspectos sociales de las redes eléctricas

Esta columna fue escrita junto a Carla Alvial, Investigadora  Núcleo Milenio en Energía y Sociedad, NUMIES. Universidad Diego Portales.

El reciente apagón colectivo que se vivió en Santiago como resultado de los nevazones, acompañado de la insuficiente respuesta de ENEL -y que ha dejado por días a clientes de la RM sin electricidad-, ha puesto en la esfera pública discusiones sobre la regulación, infraestructura y el mercado de distribución en Chile. Sin embargo, una dimensión menos abordada es la naturaleza social de las infraestructuras, que se manifiestan en estos eventos disruptivos,  y los profundos efectos que éstas tienen en la organización de la vida cotidiana. Tal como han planteado por largos años los estudios de la tecnología, las infraestructuras no son objetos puramente técnicos, sino que también efectúan acuerdos relativos a lo conveniente, lo posible y lo deseable. Por lo mismo, cuando las infraestructuras presentan problemas, tal como hemos visto en estos días, su falla hace visible no solo los múltiples elementos y actores que hacen que estas infraestructuras existan, funcionen y se mantengan, sino también los principios normativos que las informan. Algo que sociólogos llaman el principio de inversión infraestructural (la falla o el quiebre expone y hace visible los supuestos y complejidad de objetos socio-técnicos que de otra forma pasan normalmente desapercibidos).

Al respecto, y en base a nuestro trabajo entendiendo los aspectos sociales y culturales de la energía, nos gustaría plantear algunas reflexiones relativas a las infraestructuras eléctricas.

En primer lugar, parece evidente, a estas alturas, que no se ha reflexionado lo suficiente sobre las consecuencias de la creciente imbricación existente entre las infraestructuras eléctricas y la mantención de condiciones básicas de vida. Un corte de luz no implica solamente la ausencia de luz, sino suspender la operación regular de un conjunto de tecnologías que dependen de la electricidad y que son fundamentales para la vida cotidiana. Las tecnologías de calefacción, por ejemplo, están cada día mas amarradas al uso de la electricidad, algo que las vuelve vulnerables a este tipo de cambios. Durante estos días de frío, muchas de las urgencias, justamente, tuvieron que ver con problemas de calefacción en personas de tercera edad o movilidad reducida. ¿Cómo hacerse cargo de esta creciente interdependencia?

En la misma línea, si pensamos en un futuro “full electric” donde nuestros sistemas de calefacción, cocina y transporte dependerán de la red, esta vulnerabilidad se vuelve aún más relevante. Aquí es relevante pensar hasta qué punto queremos transar más “eficiencia” por sistemas altamente dependientes. ¿Qué elementos de diseño debemos considerar para evitar estos “accidentes normales”, accidentes embebidos en sistemas altamente complejos e interconectados?

Finalmente, con la creciente expansión de las ERNC y las tecnologías de autogeneración doméstica, se vuelve también pertinente pensar hasta qué punto es necesario y/o conveniente que la distribución esté centralizada en una sola o pocas empresas. Con los avances recientes en materias de autogeneración, y la experiencia de otros países en esta línea, dar prioridad al desarrollo de políticas de autogeneración a través de paneles solares y sistemas de respaldo –lo que se conoce como generación distribuida- se vuelve algo relevante y factible no solo en términos de potenciar una transición hacia una matriz descarbonizada, sino también como forma de complejizar la fuente de generación y uso, haciendo más resiliente la red.

Como es común en las infraestructuras, éstas y otras preguntas se vuelven visibles al debate público únicamente cuando nos enfrentamos a este tipo de accidentes, en los cuales se suspende la normalidad que damos por sentada.  El resto del tiempo están entregados generalmente a resortes y decisiones expertas a puerta cerrada, de cuya naturaleza y consecuencias no nos enteramos hasta que se corta la luz. 

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