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Actualizado el 10/01/2017

Blog de Rodrigo Castro. Es economista

Rodrigo Castro

Rodrigo Castro

economista
Crimen y castigo

Crimen y castigo

Una encuesta solicitada por el Ministerio de Justicia reveló que la mayoría de los chilenos cree que las sanciones débiles incentivan la delincuencia. De hecho, más de la mitad afirma que endurecer las penas es la mejor forma de reducir los delitos y solo un 17% les asigna ese rol a los planes de reinserción. Esto es consistente con los resultados de la Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana (ENUSC) y las últimas encuestas del CEP que señalan que la delincuencia sigue siendo el principal problema del país.

La intuición de la ciudadanía no está muy lejos de los resultados de la teoría económica del crimen, herramienta que ha permitido analizar cuáles deberían ser la sanciones penales óptimas, suponiendo que los delincuentes se comportan racionalmente. Esto implica que una persona cometerá un delito solo cuando el beneficio es mayor a su costo esperado. En efecto, la evidencia empírica muestra que los delincuentes responden a los cambios que ocurran en sus costos de oportunidad, en la probabilidad de ser aprehendido y condenado, en la severidad del castigo, entre otras variables relevantes.

En este contexto, cabe preguntarse cuál debería ser la combinación óptima de acciones que permitirían reducir la delincuencia. Lamentablemente, nuestra realidad enfrenta el peor escenario: una baja probabilidad de ser condenado y sentencias poco severas. El desafío implicará mantener los costos de encarcelamiento, pero con un aumento sustantivo en la probabilidad de aprehensión y condena.
El actual marco institucional adolece de ciertas debilidades que tienen un impacto directo en la conducta delictiva: aumenta la sensación de relajo y el incentivo a delinquir. Esto se agrava en el caso de los delincuentes reincidentes que son capaces de detectar al detalle las fallas del sistema. Todo lo anterior genera, y con razón, una sensación de impunidad y falta de cumplimiento de la ley, que contribuye a aumentar en forma progresiva la sensación de desconfianza de la sociedad en las instituciones encargadas de combatir la delincuencia.

Luego, parece necesario reevaluar y perfeccionar la actual institucionalidad de tal manera que reaccione de manera más eficiente frente a la conducta de los delincuentes. Así por ejemplo, se debe mejorar el sistema de ejecución de penas alternativas (reclusión nocturna, remisión condicional y libertad vigilada), ya que no está cumpliendo con sus objetivos. De la misma manera, se debe incorporar al sector privado en la administración de las cárceles y rehabilitación y posterior reinserción de los reclusos. En el actual modelo de intervención faltan prestaciones especializadas de acuerdo a las necesidades del infractor y la oferta no se focaliza en aquellos grupos que presentan los mayores riesgos de reincidir. No solo es necesario acelerar la construcción de estos recintos, sino definir cuál es el tipo de sistema carcelario óptimo para asegurar un trato a los reos que les permita, cumplida su pena, reinsertarse en la sociedad.

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