La Tercera

Derecha cavernaria

Durante su visita a Chile esta semana, Mario Vargas Llosa calificó de “cavernaria” a la derecha que no admite el aborto bajo ninguna excepción. “Eso es una estupidez, una barbaridad y hay que decírselo claramente a esa derecha, porque no es liberal y no entiende lo que son los derechos humanos”, sentenció el escritor peruano.

Sus palabras sacaron chispas en el sector aludido, que ha recibido críticas por lo que algunos llaman su excesiva derechización en temas valóricos, descuidando no solo el votante de centro, sino también el de sus propias filas que, al menos en las encuestas, muestra un apoyo mayoritario al tema del aborto en alguna circunstancia de las que considera el proyecto recién aprobado en Chile.

Algunos dicen que aquello no es así. Que la derecha sigue siendo la misma y lo que sucede es un problema de contraste con una Nueva Mayoría que está cada día más a la izquierda. Pero, aunque sea así, el tema de fondo no cambia. La derecha chilena es y siempre ha sido más liberal que otras en términos económicos y más conservadora en términos valóricos. Vaya a sabor uno por qué es así.

Abordar esta cuestión es relevante. Quizás no para esta elección, pero es fundamental si quiere proyectarse a futuro. Para ello se necesita elaborar un set de ideas más sofisticadas en torno a los temas que van más allá de los económicos. Y en esto la elite de derecha está muy al debe. Y tampoco parece interesarle mucho.

Quedó de manifiesto con el mismo Vargas Llosa, quien cerró su visita a nuestro país con una concurrida charla en una galería de arte de la capital. El escritor aprovechó la ocasión para destacar el valor de la lectura, no solo como placer, sino como algo fundamental para combatir el totalitarismo y el subdesarrollo. “Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leemos. Más conformistas, menos inquietos e imaginativos. Soy un convencido de que la lectura es la mejor manera de crear ciudadanos responsables y con espíritu crítico, que es la base de la democracia y el desarrollo”, dijo.

Mientras aquello ocurría, una parte no menor de la audiencia estaba fuera de la sala, distraída y conversando, de quizás qué cosa. Para ellos, la presencia del Premio Nobel no fue más que otra excusa para juntarse, para ver y dejarse ver, en esa manía de convertir todo en un evento social. A lo mejor, porque han leído demasiado. Pero, lo más probable es que sea lo contrario: simplemente porque no les interesa. Bueno, eso sí es cavernario.

Tener una elite de derecha más culta, más preparada, aparece como fundamental para un sector que aspira a convertirse en un referente de ideas para el país. Por eso, cuando al final de su charla Vargas Llosa dice que espera haber convencido a la audiencia de ser mejores lectores, está apuntando no al mero capricho de un escritor, sino a algo fundamental: apuntalar con bases sólidas un proyecto político.