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Actualizado el 10/11/2017

Blog de Matías Bargsted. Es Investigador COES, académico PUC

Matías Bargsted

Matías Bargsted

Investigador COES, académico PUC
Desafección política en Chile: mirando más allá de lo superficial

Desafección política en Chile: mirando más allá de lo superficial

La inminente realización de las próximas elecciones presidenciales y legislativas ha puesto nuevamente en el tapete público el fantasma de la abstención electoral. El gobierno incluso ha lanzado recientemente una campaña comunicacional para incentivar que los chilenos acudamos a las urnas el 19 de noviembre. Esta preocupación constituye un interesante contrapunto para enfrentar una temática ampliamente abordada en el mundo académico y medios de comunicación, pero sobre la cual aún prevalece una compresión limitada. Me refiero a los altos niveles de desafección política que hay en Chile.

Comúnmente, cuando se habla sobre desafección política se traen a colación variados ejemplos como el declive en la tasa de participación electoral, los bajísimos niveles de confianza en los partidos políticos o Congreso, o los elevados niveles de desinterés que genera la política. Según la última encuesta CEP (septiembre-octubre 2017), el 47% de los encuestados mencionan estar “Nada” interesado en la política, mientras que sólo un 7% afirma estar “Muy interesado”. En forma similar, según la misma encuesta un 65% de los entrevistados respondieron que “nunca” conversan de política con sus amigos. Ejemplos de este tipo abundan.

No obstante, el fenómeno de la desafección política en Chile es más complejo e inquietante de lo que estos números agregados nos permiten intuir. Aquí resulta ilustrador traer a colación algunos resultados de investigaciones que he realizado con varios colegas durante los últimos años sobre la desafección política en Chile[1]. Un primer resultado refiere a como se configuran las actitudes de los chilenos hacia las instituciones y actividades políticas. En base a los datos de la encuesta nacional del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES; http://www.coes.cl/) del año 2014, realizamos un análisis de clases latentes que asigna a cada encuestado(a) a “clases” o perfiles de acuerdo a sus respuestas a cuatro variables: confianza en partidos y congreso, si votó o no en elección presidencial del 2013, si mencionó identificarse o no con alguna posición en la escala izquierda-derecha, y cuán importante considera que una persona discuta de política para ser un buen ciudadano. El análisis distingue tres perfiles o tipos de ciudadanos. En primer lugar, hay una minoría de encuestados (equivalentes al 16% de la muestra) con actitudes consistentemente favorables hacia la política y que registran niveles muy elevados de participación electoral (92%). En segundo lugar, hay un grupo mayoritario (correspondiente al 56% de la muestra) con actitudes más ambiguas hacia las instituciones y actividades políticas. Por una parte, en este grupo los niveles de confianza son levemente más bajos que los del primer grupo: 30% y 39% de los miembros de cada grupo, respectivamente, mencionan confiar “Algo” o más en los partidos y el Congreso. También registran niveles relativamente altos de identificación con posiciones políticas (75%), aunque ciertamente más bajos que los del primer grupo (92%). Pero, por otra parte, mencionaron haber votado bastante menos que los miembros del primer grupo (26 puntos porcentuales para ser exacto), y prevalece entre ellos una fuerte desvalorización de discusión política: sólo un 19% dice que es “Bastante” o muy “Importante” en contraste con el 50% que lo hace del primer grupo.

En el polo extremo de la desafección se ubica el tercer grupo, que alcanza un 28% de la población. Entre los miembros de este grupo hay un claro predominio de actitudes negativas hacia la política: responden niveles muy altos de desconfianza hacia los partidos y congreso (85% menciona confiar “Nada” en ambas instituciones), un 92% declara que es nada o poco importante discutir de política para ser un buen ciudadano, sólo un 35% declara identificarse con una posición de izquierda-derecha, y un 52% menciona haber votado – esto es, 40 puntos porcentuales menos que los miembros del primer grupo. Estos resultados sugieren que para una porción importante de la población chilena, la desafección política se manifiesta como un síndrome actitudinal solidificado, de modo que aquellos que desconfían en las instituciones políticas, también tienden a rechazar identificarse con posiciones políticas, y a aquellos que hacen esto último, tienden a votar menos, y así sucesivamente. En otras palabras, se trata de una actitud negativa generalizada que no distingue entre distintos grupos políticos o actividades políticas. La política para estas personas es simplemente algo negativo.

Ahora un segundo resultado. En la misma encuesta COES 2014 hay un conjunto de preguntas que buscan medir las características de las redes de discusión intima de las personas. A cada encuestado se le consultó: “Ocasionalmente la gente conversa de asuntos que le importan con otras personas. Pensando en los últimos seis meses, ¿quiénes son las personas con que usted ha conversado?”. Después de mencionar los nombres de pila de las personas cercanas, se les preguntó a cada encuestado acerca de varios atributos de estas personas cercanas como el género, la edad, nivel educacional, y la posición política. Esta pregunta se emplea comúnmente para medir el nivel de homofilia en las relaciones sociales, es decir, la propensión de las personas a relacionarse de sobremanera con otras personas socialmente parecidas.

Los resultados que obtuvimos son particularmente reveladores para las personas que mencionan no identificarse con “Ninguna” posición política: el 82% del total de personas cercanas mencionadas por los encuestados que dijeron no identificarse con “Ninguna”posición política también son personas no tienen “Ninguna” posición política. En contraste, el 47% de las personas cercanas mencionadas por los encuestados de izquierda también son de izquierda, y el 38% de las personas cercanas mencionados por los encuestados de derecha también son de derecha. Esto implica que las redes de discusión cercanas de los chilenos que no se identifican con posiciones políticas son mucho más homogéneas que las redes de los chilenos que si se identifican con posiciones políticas.

Si juntamos ambos resultados empíricos tenemos que una porción importante de los chilenos tiene actitudes sistemáticamente negativas hacia la política, y aquellos con actitudes más negativas también tienden a relacionarse de sobremanera con otras personas que comparten sus mismas actitudes negativas, y lo hacen a tasas más altas que las personas que si manifiestan posiciones políticas, sean estas de derecha, centro o izquierda. Una configuración social de este tipo, presumiblemente, no hace sino reforzar las actitudes de rechazo y escepticismo hacia la política y sus actores. Dado cuán enraizada se encuentra la desafección entre estas personas, tanto a nivel actitudinal como en sus relaciones sociales, es realmente poco probable que una campaña comunicacional, como la recientemente lanzada por el gobierno para fomentar la participación electoral, altere la vasta distancia que existe entre ellos y la política. Es más, dado el fuerte rechazo que genera la política en este grupo lo más probable es que nunca si quiera se enteren de la campaña del gobierno.

¿Cómo podemos abordar esta temática? Resultaría bastante ingenuo sugerir en una columna alguna política pública que busque incentivar actitudes más favorables hacia la política en Chile. No obstante, hay una cosa relativamente sensata. Más que aspirar a revertir, por medio de campañas educativas o cosas similares, las actitudes negativas profundamente arraigadas entre casi un tercio de los chilenos (que presumiblemente no cambiarían en nada), es más realista contener su eventual incremento. Ciertamente fenómenos como los escándalos de corrupción, financiamiento irregular de la política, escaza renovación de liderazgos políticos o denostaciones personales apuntan en la dirección inversa. Por el contrario, la irrupción de nuevos actores políticos, posibilitado en teoría por el nuevo sistema electoral proporcional, incentivos institucionales de largo aliento que potencien la dimensión programática de la política, y una estampa de respeto y amistad cívica son quizás el mejor instrumento para contener el avance de este síndrome actitudinal.

 

[1] Estas investigaciones se enmarcan en la ejecución del proyecto Fondecyt Inicio 11140746.

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