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Actualizado el 07/12/2017

Blog de Juan Pablo Pavissich. Es Académico Facultad de Ingeniería y Ciencias Universidad Adolfo Ibáñez

Juan Pablo Pavissich

Juan Pablo Pavissich

Académico Facultad de Ingeniería y Ciencias Universidad Adolfo Ibáñez
Desigualdad de género y educación

Desigualdad de género y educación

El 2017 será recordado como un año de reivindicación de los derechos de las mujeres. El momentum lo estableció Naciones Unidas durante la celebración del Día Internacional de la Mujer, con un potente exhorto por la igualdad de género. De ahí en más, el desafío de la equidad de género se tomó gran parte de la agenda de todo foro internacional. En paralelo, una multiplicidad de reportes globales y el despertar de nuevos movimientos sociales, hicieron eco del carácter pandémico que posee la discriminación y violencia hacia la mujer.

Sin embargo, estamos frente a una batalla cuesta arriba. Informes anuales de la OCDE y el Foro Económico Mundial nos presentan un panorama invariante. La igualdad de género no se ha logrado en ningún país del mundo y no ocurrirá en el corto plazo. Los modelos señalan que bajo el statu quo, tomará cerca de un siglo llegar a una equidad general en el mundo. Esto en oportunidades económicas, educación, salud y empoderamiento político. Las mayores desventajas para las mujeres se detectan a nivel laboral, y las menores en cuanto a acceso y logros educacionales. Esto indicaría que, en esta larga marcha por la igualdad, la educación puede ser el caballo de carrera para llegar a la meta.

A nivel educacional, se puede desarrollar una estrategia para cambiar el escenario de desigualdad desde una dimensión novedosa. Estudios recientes han identificado que las mujeres se sienten estimuladas a llevar a cabo proyectos con fines sociales. Así, en algunos países desarrollados, la tendencia en programas de ciencias e ingeniería es incorporar la solución de problemas que persigan el bien social, como el desarrollo sostenible y la inequidad económica. Cabe preguntarse si, en Chile, los objetivos formativos se enmarcan en estas áreas, o si debemos potenciarlos. El diagnóstico es preocupante. Según el último  informe de la OCDE, tenemos una de las mayores brechas en participación laboral y de salarios entre hombres y mujeres, y el mayor aumento en la diferencia de sueldos en los últimos años. Nuestro país tiene la representación más baja de mujeres en educación superior en el área STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Entonces, ¿Qué frena la participación femenina en las áreas de la ciencia y la tecnología? Destacan factores culturales contenidos en estereotipos profesionales y sociales para hombres y mujeres. Un 50% de los padres chilenos esperan que sus hijos de 15 años estudien en áreas STEM versus un 18% para sus hijas. Por lo demás, a nivel escolar, las pruebas PISA muestran una marcada diferencia en matemáticas con un mucho mejor desempeño masculino. La tendencia prácticamente no ha variado en los últimos años.

La desigualdad de género tiene un alto costo económico. Estimaciones indican que reducir la brecha laboral en un 25% de aquí a 2025, puede traducirse en un incremento en el PIB de hasta 1% anual para los países de la OCDE. Es prioritario abordar este problema con un diseño de largo plazo. Las reformas educacionales del próximo gobierno deben incluir políticas de inclusión femenina y modificaciones curriculares que reflejen las necesidades sociales más relevantes. Así el género femenino, altamente atraído por el altruismo, se verá representado de mejor manera y en áreas donde existen remuneraciones profesionales más altas.

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