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Actualizado el 02/01/2018

Blog de Álvaro Pezoa. Es Ingeniero Comercial y Doctor en Filosofía

Álvaro Pezoa

Álvaro Pezoa

Ingeniero Comercial y Doctor en Filosofía
Francisco

Francisco

Francisco, Papa, marcará el inicio del 2018 en Chile. Es de esperar que el país sepa valorar su presencia. No se tratará solo de una visita ilustre más, será la del Vicario de Cristo en la tierra. Lo que diga y haga debería tener un profundo significado para un pueblo que, como éste, se declara mayoritariamente cristiano y, específicamente, católico. Y también para todas las personas de buena voluntad que lo componen, aun si no confiesan el cristianismo. El mensaje de Su Santidad posee un carácter eminentemente religioso-espiritual y así debería ser recibido. Ese es el ámbito propio de su autoridad. El contenido esencial de aquello que Francisco pueda expresar en las diversas ceremonias en que participará es de naturaleza inmutable, en cierta medida conocido, pues descansa en la enseñanza evangélica, la tradición y el magisterio de la Iglesia. Pero, al mismo tiempo, siempre nuevo, pues es palabra viva, que habla a todos los hombres de todos los tiempos y, por su condición insondable, siempre de forma renovada, portando luces a las particulares circunstancias de cada sociedad y de cada persona. En esta línea, el Santo Padre tendrá posibilidades de sorprender (nos), más todavía conociendo su inclinación a adoptar riesgos para hacer que la voz de Cristo llegue con fuerza y actualidad a las conciencias en un afán por removerlas y configurarlas con las del Hijo de Dios.

Es presumible que el Pontífice no dejará indiferentes a aquellos que tengan el corazón bien dispuesto y el oído atento. Aparte de su investidura, él conoce bien la realidad de la América hispana y, con seguridad, se encuentra muy bien informado sobre la sociedad y la Iglesia en Chile. Atendida su profunda vocación pastoral-misionera buscará con misericordia -pero conforme a la verdad- “meter el dedo en la llaga”, hasta los tuétanos. Enfrentados a tal escenario, parece prudente disponerse a callar, meditar y ponderar pausadamente antes de reaccionar. Como il dolce Cristo in Terra (Santa Catalina de Siena) que es, hay que tener en cuenta que sus alocuciones poseen el espíritu del amor paterno que busca sinceramente el bien de los hijos que le han sido encomendados. Probablemente Francisco, siempre desde una mirada sobrenatural, tratará de solidaridad, justicia, equidad, pobreza, marginación-inclusión, periferias, unidad, Iglesia en salida y otros grandes temas que han atravesado su pontificado en el cual el amor misericordioso, la necesidad de acercar a las personas a Dios y la labor apostólica necesaria para tal fin han sido su leitmotiv. E interpelará, de una forma u otra, a todos, en particular a quienes pueden influir más directamente en la vida política, en la marcha de la economía o en la conformación de la comunidad nacional. Hará énfasis en la exigencia cristiana y moral de procurar dar forma a una vida social más acorde con el querer divino que, en continuidad con la Doctrina Social de la Iglesia, ha de buscar el desarrollo humano integral: de todos los hombres y de todo el hombre. Espiritual y material.

En un momento relevante para el devenir nacional, parece recomendable atender con humildad y generosidad a lo que Francisco nos quiera comunicar. Haría mucho bien a la patria y todos sus miembros.

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