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Actualizado el 13/03/2017

Blog de Juan Manuel Vial. Es Crítico literario

Juan Manuel Vial

Juan Manuel Vial

Crítico literario
La beatería de los progres

La beatería de los progres

SEMANAS ATRÁS, el dueño del restorán Baco dio una entrevista a La Segunda en donde defendió una convicción estética: no permite que al local entre gente mal vestida. A su entender, estas personas contaminan visualmente el lugar al lucir hawaianas, musculosas o yoquis. La entrevista vino a consecuencia de que Luis Larraín, en ese entonces presidente de la Fundación Iguales, informara a través de un tuit que, tras llegar al restorán, le ofrecieron un par de zapatos a cambio de las chalas que llevaba puestas, y que los zapatos, ay de él, resultaron ser dos números más pequeños que el suyo. Si bien es un poco grotesco eso de pagar por comer con los pies apretujados en calzado ajeno para luego quejarse, lo peor vino después: cientos de liberales biempensantes desataron su furia en las redes sociales contra Frederic Le Baux, el propietario de Baco, quien también es, por razones obvias, el que pone las reglas de la casa. Entre los insultos memorables que recibió el francés -memorables por lo cicateros, tontos o deschavetados- se cuentan los siguientes: “bruto”, “siútico”, “facho”, “aspiracional” y “machista” (las mujeres sí pueden sentarse a comer con chalas).

En rigor, el concepto de “liberal biempensante” viene a ser bastante contradictorio: biempensante, según la Real Academia, es aquel “que piensa de acuerdo con las ideas tradicionales de signo conservador”. Sin embargo, la incongruencia se da solamente en el papel, ya que en la cotidianidad existe una multitudinaria casta de severos juzgadores, que, jurando defender la igualdad, la libertad o el progresismo, actúan bajo el alero de lo que podría denominarse fascismo liberal. En Chile, al igual que en otros lados, abunda este tipo de personas: no hay más que darse una vueltecita por las redes sociales para identificarlas, vociferantes, incendiarias y rotundas, imponiendo a cada instante su beatería laica.
Dicha beatería, cabe agregar, es de las peores que existen, pues al no seguir otro dogma que el de la arbitrariedad del momento, ni otra escuela que la del espontaneísmo bobo, da pie a una religión que se perpetúa hasta el infinito a punta de pataletas avivadas por el progresismo hipócrita y por el cretinismo a secas. En general, estos beatos adhieren a ideas de izquierda, votaron por la Nueva Mayoría y se suman con fanatismo a todo tipo de causas que ensalzan la corrección política del sector. En algunos casos, además, se ubican en altas posiciones de poder.

Liberal Fascism se titula el libro que hace casi 10 años publicó Jonah Goldberg en Estados Unidos. Allí, el analista conservador se detiene en diferentes momentos de la historia del siglo XX en su país para demostrar que fueron los liberales, no los conservadores, quienes muchas veces sustentaron ideas de indudable corte fascista. En la era pre Trump, es decir, durante los últimos años de la administración de Barack Obama, ocurrieron famosos episodios en los que se hizo evidente la destemplada intolerancia liberal hacia individuos que no comulgaban con la beatería ya mencionada. Las redes sociales, convertidas en piras inquisitoriales, ardieron en incontables ocasiones para incinerar a tal o cual víctima del liberalismo biempensante. Poco se ha dicho al respecto cuando se analiza el fenómeno Trump. Lo que sí está claro es que no fue él quien inventó el fascismo con que hoy en día nadie titubea en definir su breve y lamentable mandato.

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