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Actualizado el 03/01/2018

Blog de Óscar Guillermo Garretón. Es Economista

Óscar Guillermo Garretón

Óscar Guillermo Garretón

Economista
La disyuntiva del PS

La disyuntiva del PS

Solo las grandes derrotas permiten a la política sortear su tendencia al escapismo ante los fracasos. El mayor desafío político hoy, es el vacío de representación que tiene ese anhelo dominante de reformismo moderado, ajeno a retroexcavadoras y cambios de “modelo”, que apoyó largamente a la Concertación, muy fugazmente a la Nueva Mayoría y ahora cargó la balanza hacia Piñera. Si éste apunta con su gobierno al centro y da respuesta a lo que prima en él, entonces podremos tener más de un período de gobierno de una centroderecha que ocupe el vacío que deja una centroizquierda en naufragio al perder la brújula.

En la disputa de este espacio se dará la principal batalla política de los tiempos que vienen. Piñera tiene la ventaja del peso que un gobierno da. La derecha dura no tiene muchos espacios para la rebelión, pero incluso si se alzara, no sería un precio alto a cambio de hacerse de ese centro.

Desde la oposición, el actor decisivo será el Partido Socialista. En su nueva realidad, ni DC ni PPD pueden por ahora liderar.

Una de las opciones del PS es deslizarse hacia el Frente Amplio. La derrota dejó en evidencia que la obra de la Nueva Mayoría convoca poco. Se palpa como atrae y marea el “glamour” del Frente Amplio a muchos dirigentes y parlamentarios de izquierda. Pero ese fue el caldo, aparentemente apetitoso, en que se coció la derrota de Guillier en segunda vuelta.

Su otra opción es emprender la reconstitución de una centroizquierda para nuevos tiempos. No es fácil. Solo renacerá con lógicas distintas a las que la llevaron a la derrota. Con un bloque social y político por los cambios, mucho más amplio que la izquierda. Con prácticas en ruptura con partidocracias ensimismadas y ajenas a la ciudadanía. Asumiendo de verdad la economía de mercado, no hay otra, en una alianza público-privada que propicie el crecimiento y la inclusión social. Con una democracia de los acuerdos y  gradualidad ajena a mesianismos iluminados que el resguardo de las mayorías exige, para hacer sólidos y perdurables los cambios. Libertaria, con rechazo a la violencia y a toda dictadura, sea cual fuera el signo de ellas. Con obsesión rigurosa por la excelencia e impecabilidad en gestión pública y en ética. Poniéndose al día con lo que su pueblo es y con el siglo XXI al que no ha terminado de asomarse.

Deberá enterrar diatribas contra la “democracia de los acuerdos” y marcar diferencia con lo que fue la Nueva Mayoría y con el radicalismo del Frente Amplio. Si no lo hace, creará por omisión el espacio para que una nueva centroderecha reemplace a la centroizquierda como cultura dominante en la sociedad.

La tarea de renovación es monumental. Más desafiante que la de la derecha. Lo alentador es que el socialismo ya la vivió, tras una derrota aun peor. Así fue como, entonces, logró la hazaña de suceder en el gobierno a quien lo había expulsado a sangre y fuego.

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