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Actualizado el 29/05/2017

Blog de Marcelo Mella Polanco. Es Cientista político de la Facultad de Humanidades, Universidad de Santiago de Chile

Marcelo Mella Polanco

Marcelo Mella Polanco

Cientista político de la Facultad de Humanidades, Universidad de Santiago de Chile
La larga marcha de la reforma de la Educación Superior

La larga marcha de la reforma de la Educación Superior

Albert Hirschman señaló hace décadas que una amenaza para los procesos de reforma sería la predisposición al status quo que este autor llamó “narrativas de la reacción”, que constituye la tendencia predominante frente a la búsqueda de cambios en la orientación de las políticas sectoriales.

Para el caso de la reforma de la educación superior se observa la enorme paradoja que acompaña al gobierno de la Presidenta Bachelet frente a un asunto que constituye, inicialmente, una plataforma fundamental de su campaña, para transformarse posteriormente en uno de los principales factores de desgaste en el apoyo gubernamental y de  fragmentación de la coalición oficialista.

Para que esta paradoja fuese posible fue necesario una combinación compleja de factores: incapacidad gubernamental de procesar la demanda nacida de los años de protesta por la reforma al Sistema de Educación Superior, debilitamiento del movimiento estudiantil y fragmentación orgánica de la Confech, problemas de disciplina interna de la Nueva Mayoría, ausencia de una coalición promotora de la reforma (y presencia activa de coaliciones promotoras del status quo sectorial), entre otras condiciones.

Especialmente, la ausencia de una coalición promotora impidió la construcción de un sentido común favorable a la reforma pensada con realismo político, o, si se prefiere, de un conjunto de intereses ganadores que pudieran romper efectivamente la inmovilidad sin caer en las estridencias retóricas de la “retroexcavadora” o el “realismo sin renuncia”.

A seis meses de la elección presidencial y a nueve meses del fin del período del actual gobierno, la ausencia de una estrategia ganadora para la reforma de la educación superior genera un panorama incierto para el propósito de construir un sistema que garantice calidad, inclusión, prohibición del lucro y eficiencia en el uso de recursos.

En este sentido, el proyecto del ley de Educación Superior ingresado al Parlamento el 5 de julio de 2016 se encuentra aún en primer trámite constitucional, mientras la Ministra Adriana Delpiano ha anunciado que en los próximos días el gobierno enviará al Senado un proyecto de ley sobre universidades estatales, el cual después de 27 años intentaría recuperar el tiempo perdido con estas instituciones, que constituyen no solo uno de los pilares de la República, sino son también agentes fundamentales para el desarrollo del  país. Cuesta creer que, a estas alturas, la reforma de la educación superior pueda ser finalizada en este gobierno, quien asumió esta demanda como parte de su identidad fundacional. En cambio, parece más bien que ambas iniciativas constituyen una acción apurada de chequeo de compromisos pendientes o, peor aún, una estrategia altamente especulativa para instalar un nuevo clivaje electoral.

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