La Tercera

La nueva educación pública y un puñado de recuerdos de hace tres décadas

En los últimos días, el Senado aprobó en forma unánime el informe de la Comisión Mixta del proyecto de Nueva Educación Pública. De esta forma, y tras el respaldo que también le dio la Cámara de Diputados, la iniciativa quedó lista para ser promulgada por la Presidenta Michelle Bachelet. El Gobierno de Chile calificó como un hito histórico lograr la iniciativa que pone fin a la municipalización de la enseñanza.

La noticia trasladó mi memoria a los primeros meses del año escolar de 1986, cuando el entonces Ministro de Educación de la dictadura, Sergio Gaete, anunció que se procedería a completar el proceso de municipalización, procediendo al traspasar a la administración municipal a 838 establecimientos educacionales que aún permanecían en manos del Fisco, lo que se ejecutaría a partir del 1° de agosto de ese año, incluyendo a los establecimientos “emblemáticos”, tales como el Instituto Nacional; los Liceos 1, 4 y 7 de Niñas; el Barros Borgoño; el Darío Salas; el Internado Nacional Barros Arana (INBA); el Liceo de Aplicación y el Miguel Luis Amunátegui. Asimismo, los planteles técnico–profesionales (industriales, comerciales, técnicos y agrícolas), iban a ser traspasados al sector privado.

Ya en abril de 1986 aparecieron las primeras señales del temporal. Los estudiantes de los Liceos A 108 y A 109 de La Cisterna no ingresaron a clases en un rechazo explícito a la municipalización. Progresivamente, en forma espontánea, se comenzaron a multiplicar las acciones de resistencia. Los profesores, funcionarios y alumnos del Liceo Industrial A N° 20 de Santiago crearon un Comité de Defensa del establecimiento para impedir su paso a las manos de particulares o el municipio. La comunidad escolar del Liceo A N° 1 de Niñas de Santiago expresó su preocupación a través de un comunicado público, señalando que la municipalización ya había causado “profundo daño a la educación chilena”.

Finalmente, cuando la medida ya había sido anunciada oficialmente por el Ministro Gaete, el Comité Pro FESES convocó a un paro nacional para el 15 y 16 de mayo, que terminó extendiéndose en el tiempo y transformándose en indefinido, sumando además a todos los actores de las comunidades escolares: profesores, funcionarios paradocentes y padres y apoderados. Se paralizaron las actividades de prácticamente la totalidad de todos los liceos tradicionales por más de dos meses. Los estudiantes se tomaron masivamente las calles en múltiples marchas: columnas multitudinarias de estudiantes, con sus uniformes y mochilas, ocuparon las principales arterias de la capital. Por todas partes se multiplicaron las asambleas y las tomas prolongadas de los liceos. El 12 de junio decenas de miles de estudiantes, profesores, padres y apoderados marcharon por las Alamedas con la consigna “NO + Municipalización”. A su paso, lanzaban consignas tales como “¡Fiscal, Fiscal / Jamás Municipal!” o “Fiscal, Fiscal / Fiscal hasta el final”.

Por esos días, como dirigente del Comité Pro FESES fui consultado por el fundamento de la movilización. Nuestra respuesta: “Tenemos claro que este aceleramiento del traspaso de la enseñanza fiscal a las municipalidades, sólo profundizará la crisis y la descomposición integral del sistema educacional, transformando la educación en una mercancía” (Revista “Análisis”, 3 de junio de 1986).

En vista de la magnitud de la movilización de los estudiantes secundarios el ministro de Educación, Sergio Gaete, decidió reunirse durante unas tres horas con 36 presidentes de Centros de Alumnos de liceos de la Región Metropolitana y representantes del Comité Pro FESES. Lo primero que les aclaró a los jóvenes es que la invitación era solamente “un gesto de buena voluntad”, pues no los consideraba “interlocutores válidos” dado que no tenían “capacidad para discernir”. Y dijo: “Yo no los tomo en cuenta. De buena voluntad les estoy informando. Entendámonos bien (…) Siempre he estado diciendo que la opinión de los alumnos en esta materia es irrelevante”.

Durante el desarrollo del conflicto, Pinochet se pronunció sobre la materia. Aseveró que la “municipalización se cumple” y advirtió que “a mí no me van a doblar”. También dijo que la protesta contra la municipalización se había “utilizado políticamente” y que se había llamado a la agitación a los profesores y estudiantes.

Lucía Hiriart también se refirió a las movilizaciones de los estudiantes. Aseguró que se trataba de “niños incentivados por adultos para tirar piedras y para provocar desórdenes”. Señaló: “Sé que en Talca por 300 pesos y un cigarrillo de marihuana los jóvenes salen a las calles. ¿Qué saben los niños de la municipalización? ¿En qué les atañe a los niños de 13 o 14 años que una escuela sea municipal o dependa del Ministerio de Educación? Creo que los padres deberían tomar cartas en el asunto, porque si yo sé que un chiquillo mío salió del colegio y se fue a la calle a hacer desórdenes, lo castigo”.

La respuesta de la dictadura a los estudiantes secundarios fue la mano dura, e incluyo las detenciones indiscriminadas de miles de jóvenes, las golpizas en los arrestos callejeros y la aplicación de tormentos en los buses policiales y comisarías, como sumergir a los jóvenes en tambores con agua fría o aplicarles descargas de corriente eléctrica en los cuerpos. Hubo heridos por balines lanzados por la policía e incluso en más de una movilización callejera aparecieron civiles no identificados disparando con armas de fuego contra los adolescentes. La joven Guadalupe del Carmen Chamorro Leiva falleció luego de ser herida en el cráneo por un disparo en medio de las manifestaciones de estudiantes de un liceo industrial cerca de la Carretera Panamericana Norte.

No hay duda que la municipalización de la enseñanza fue impuesta por la fuerza y con el uso de la violencia. Ya no puede ser cuestionado el fracaso de un modelo que, inspirado en las concepciones ideológicas del neoliberalismo, terminó consolidando la segregación social en la educación y deteriorando drásticamente su calidad.

Han transcurrido 31 años y el proyecto de Nueva Educación Pública está a punto de ser ley de la República, poniendo fin a la municipalización. Mi aplauso entusiasta al Gobierno de la Presidenta Michelle por este logro. Mi reconocimiento emocionado a los estudiantes y las comunidades escolares que en 1986 opusieron resistencia al proyecto de la dictadura y lo enfrentaron en las calles y los establecimientos educacionales.